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Eduardo “Colo” Gianarelli cierra los ojos, lleva sus dedos a las sienes y se proyecta al primer día de Gran Hermano Uruguay, el reality show que por primera vez se hará en estas tierras y del que será el conductor.

Ese ejercicio lo hace seguido. Piensa todo el tiempo en el programa, y como suele pasar cuando la ansiedad es grande —como un niño esperando las doce en Nochebuena o como el estudiante que anticipa el recreo posterior a la materia que menos le gusta— la espera se le hace eterna.

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La espera la mata estudiando, leyendo la voluminosa biblia del programa. Asiste a los castings, que están en una segunda etapa, previa a los estudios psicotécnicos para los aspirantes a ser uno de los 18 concursantes que en unos meses, después del Mundial, entraran a la casa en Buenos Aires (la misma que hoy usa la edición argentina del programa) con la expectativa de después de tres meses, ser el primer triunfador uruguayo del reality.

Un casting que atrajo a 6000 personas y que ha convocado, adelanta Gianarelli, además de a locatarios, a uruguayos residentes en el exterior, y a extranjeros que incluso sin vivir aquí, se han postulado. Incluso hay un aspirante que vino expresamente al casting desde un punto muy lejano del planeta, cuenta.

En una oficina de Canal 10, el comunicador y profesor de matemáticas señala una televisión y cuenta que fue ahí, hace algunos días, donde vio por primera vez fotos de la escenografía del estudio donde serán las galas del programa.

“Asusta”, dice. “No se ha hecho nada parecido en Uruguay”. Gianarelli explica que se está trabajando en el reglamento, en la programación que derivará del reality a lo largo del día, y en cuestiones logísticas, como el traslado de los concursantes elegidos a Argentina, teniendo en cuenta factores como que no se pueden cruzar antes de entrar a la casa, o que van a necesitar permisos para quedarse más de los 90 días que la ley habilita pero que tienen que ser tramitados en relativo secreto.

Pero detrás de todo ese trabajo está la imagen de ese primer día de programa. Gianarelli conversó con El Observador sobre cómo será el Gran Hermano uruguayo, su camino en la televisión y hasta sobre su rol como docente. Y por supuesto, sobre lo que imagina que pasará una vez que el reality debute en pantalla.

“Estoy pensando qué voy a hacer ese día. Me voy a levantar y ¿qué? ¿Me quedo con mis hijos? ¿Me encierro? Es la final del Mundial. Para los que trabajamos en un medio, es la final del mundo”.

¿Cómo fue esa reunión donde te dicen “queremos que conduzcas Gran Hermano”?

Fue una locura. Creo que me di cuenta de lo que estaba pasando después, cuando me fui a casa. Soy un amante del formato, me gusta la televisión, me gusta la televisión abierta, en vivo, y cuando apareció la posibilidad de hacer este formato acá mi idea era “yo lo quiero hacer, quiero conocer esto desde adentro”. Pero cuando la gerencia me lo propone era como medio impensado, porque yo tenía muchas cosas acá dentro del canal, y decía “pah, difícil que pueda compatibilizar todo esto” y también era una apuesta sacarme de los otros programas.

Pero en cuanto me lo propusieron fue “esto que yo quería hacer se está cumpliendo”. Automáticamente me puse a pensar qué iba a pasar en cada una de las galas. Me puse a leer el reglamento. Porque lo quiero hacer bien. Este es un formato que tiene vida por sí sola, y el conductor tiene que acompañar.

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Es una figura clave, pero no es el centro.

Es el único contacto que tienen los participantes con el afuera. Entonces, es clave. Pero lo que tiene que explotar es el formato. No mi conversación con ellos o lo que yo les pueda decir. Tengo muchas ganas de que pasen estos meses que faltan, que son eternos. A mí generalmente los años se me pasan muy rápido porque trabajo mucho, ando de arriba para abajo. Pero ahora no se pasan más.

¿Qué representa este desafío para vos?

A aquellos que están en el rubro de conducción, no sé si les puede pasar algo mejor a este formato, yo creo que no hay nada mejor inventado. Con su gente a favor y con su gente en contra, no sé si hay algo parecido a esto. Es ser la voz de un formato que tiene muchas reglas, que la gente no las sabe, no las conoce. Se conoce que están aislados, que si entra alguien de afuera no les puede dar información, ahora está la cuestión de los gritos de afuera, pero hay un montón de decisiones que se toman atrás que la gente no conoce, por ejemplo, cuántos cigarros entran a la casa o si el baño está habilitado a toda hora o solo durante un tiempo específico, porque como es un juego de convivencia, eso repercute. Y son reglas que hay que definirlas antes. Hay un montón de reglas que el formato habilita a tomar, que hace que la gente muchas veces se enfrente con un Gran Hermano distinto, por eso cada año es diferente.

Hay otros formatos en el mundo donde el rol de conductor está bueno, pero Gran Hermano tiene otra particularidad: todo pasa en vivo. Entonces, no sé si hay otra cosa igual. En mi carrera es lo más lindo que me ha tocado. Voy a vivirlo como lo que es, y después en enero me voy a acampar con mis amigos y con mi familia. Porque ya está, la vida sigue, pero lo vivo como lo que es, que es un locura.

¿Qué características va a tener Gran Hermano Uruguay en cuanto a estructura del juego?

Son aproximadamente tres meses de convivencia. En Argentina entran y no saben cuando salen, acá ya van sabiendo que es ese tiempo, las reglas son claras. Entran 18 participantes, pero estará la posibilidad de que luego ingresen más y ya está planificado que habrá repechaje. También está la posibilidad de que la gente vote a alguno de los 18 que ingresan desde el arranque. Después estarán habilitadas las nominaciones espontánea y fulminante a partir de cierto punto del juego. Hay otras que se están definiendo, como de cuantos serán las placas, si de seis o de ocho.

Estos meses de relativo descanso, fuera de la pantalla tras tu despedida de La mañana en casa y Polémica en el bar, ¿cómo los vas llevando?

No hay descanso (risas). Estoy todos los días acá. Estoy en todos los castings que puedo, como oyente. Es raro igual, porque entran a la sala de casting, me ven a mí y piensan “ya quedé”, entonces les tengo que explicar que es una etapa más y que estoy acá porque me interesa. Estoy leyendo las reglas, la biblia del programa que es inmensa, estamos armando el programa, porque la idea es armar y comunicar una estructura clara para que no haya sorpresas, sino que las sorpresas sean ellos jugando adentro de la casa. Así que estamos tomando muchas decisiones en cuanto al reglamento, a cómo van a ser las pruebas de líderes, las galas de nominación, que vuelva el confesionario donde se decía mucho, que tengan su tiempo para expresar su juego y conocer las historias y la versatilidad de los participantes, porque no solo alcanza una buena historia para entrar. La historia se agota en una semana, por más dura que sea. El participante tiene que tener otra cosa, ser confrontativo o ser pasivo, pero explotar en algún momento. En el casting tiene que mostrar algo que te haga decir “es indescifrable” y que después la casa lo explote o lo achique, y la gente votará si se queda o no. Con las placas queremos que la mayoría sean negativas, pero alguna positiva puede aparecer.

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Así que hay descanso del aire, pero hay mucho trabajo de producción y coaching. Hay muchas reuniones, miramos videos de otras versiones a ver que funciona y que no. Hay Gran Hermanos que son muy diferentes, y el rol de los conductores es muy diferente. Pero acá queremos que sea el personaje, el “Big” el que se enoje, los rezongue, los celebre. Yo soy un comunicador que hace de intermediario, que articula las partes.

Gran Hermano es un programa muy grande, con muchas expectativas y presupuesto encima, ¿sentís la presión?

Viste que hay gente que te quiere alentar y te dice “no choques la Ferrari, ¿eh?”. Es tal cual. Hay una presión muy grande para todos los que estamos haciendo el programa. Pero estamos convencidos, vamos a dejar todo, y obvio que pueden pasar cosas, pero van a ser mínimas. Hay muchas ganas de hacerlo, y creo que eso va a superar todos los detalles que pueda y seguramente va a tener, porque es el primero que se hace acá. A mí me cuesta entender la dimensión que tiene esto, creo que hay como una inconsciencia, o también este perfil uruguayo de pararse desde ese lugar. Una productora me dijo “vos sos el mismo, solo que antes estabas arriba de un auto bueno y ahora en un Ferrari. Ibas a 200 kilómetros por ahora y ahora podés ir a 400. Pero vos no cambies”. Sí, va a ser diferente, y tengo que estar preparado para eso. Por eso me ocupo mucho, y entiendo que el conocimiento es poder, es como las planificaciones de mis clases de matemática. Yo puedo pifiar en algo, pero sé de esto, y sé más que vos, entonces podemos tener una relación horizontal, porque yo con el conocimiento que tengo estoy tranquilo.

¿Está eso de ganarle al prejuicio de que en Uruguay no se puede hacer un programa así por nuestro carácter?

La realidad nos va a mostrar que seguramente eso era equivocado. Yo creo que a Gran Hermano lo hacemos todos, los que aman Gran Hermano, los que lo odian, los que tienen los prejuicios que algunos nos confirman y otros no. Gran Hermano hace la discusión en la verdulería, en las redes sociales, en todos lados. Yo creo que va a haber tres meses donde todo va a ser Gran Hermano. Y hay que acostumbrarse a eso, a lo bueno y lo malo.

En MasterChef fuiste participante (y ganador), y luego conductor. ¿Fue un programa que lo tomás como un punto de quiebre para vos, y como un paso previo para Gran Hermano?

Masterchef llega cuando yo me voy de me voy de Canal 4, sumamente agradecido porque se terminó un ciclo. Llega la oportunidad de traer Dale que va acá a canal 10, y a las semanas me escriben para participar en el programa. A mí me encantaba cocinar. Pero estaba muy complicado porque yo estaba con clases y tenía que hacer coincidir todo, que en el liceo consiguieran un suplente, me habilitaran unos días, toda una logística complicada. Pero se hizo. De ahí pasé a la conducción, después vino La mañana en casa y todo lo demás. Agitando una más fue mi primer amor, dice años en Canal 4 y después 3 acá. Pero MasterChef fue muy lindo. Todo lo que hice tiene un lugar muy importante en mi corazón, pero MasterChef incluso me ayudó mucho a correrme del conductor de Agitando, que estaba todo el tiempo gritando, en otra intensidad. Me hicieron bajar un tono, y a mí me gusta mucho que me marquen, me siento fuerte en la adversidad. Si me decís que algo está mal, más me gusta, y lo voy a hacer bien.

Cuando me dicen que la idea es que esté en Gran Hermano, les dije que tenían que llamar a Noelia Etcheverry para MasterChef, y justo era la opción que tenían aunque todavía no le habían propuesto. Salí de la reunión, la llamé y le dije “hacelo”. Y ahora hablamos y ella está enamorada del programa. Y si hacen un MasterChef con ganadores vuelvo a cocinar, encantado.

Estuviste al frente de Polémica en el bar, donde tenías el rol de moderador, de distribuir el juego. Me da la impresión de que la confrontación no es tu mundo, que preferís evitarla.

Es verdad, no me gusta para nada confrontar. Aprendí que tenía que pasar y aprendí mucho también de imponer el rol del conductor. No porque se haga lo que yo quiera, sino porque hay algo que respetar. Decir “eso no lo vamos a hablar ahora”. Los debates no me gustan, no me siento cómodo, pero aprendí que algunas se tenían que dar. Y en Gran Hermano va a pasar, en los debates. Vamos a confrontar. Lo que no me gusta es desmerecer a la otra persona, pero sí que haya opiniones distintas. Para mí, cuando todos piensan igual es porque nadie está pensando.

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Más allá de que no te guste confrontar, me imagino que hay temas que te hacen calentar.

La política me involucra mucho. El fútbol también. He aprendido que no es lo que interesa a la gente que yo haga. No soy una persona tibia, no soy un tipo tibio en la interna. Sí capaz que en los roles que he ocupado en televisión he tenido que ser más tibio de lo que me gustaría, pero me parece que es lo que tengo que hacer.

Te ha tocado estar en programas donde entran y se cruzan muchas voces distintas, desde Agitando para acá.

Es verdad, porque ahora yo le digo a mi hijo, “cállate”, pero claro, somos todos iguales en casa. Está la tele prendida, algún streaming en un celular, mis hijos gritando entre ellos o jugando, yo con mi esposa. Convivimos en un caos tremendo, de verdad. Me pone incómodo el silencio. Y tuve que aprender, con consejos de productores, que el silencio es bueno en televisión, el silencio incomoda. El silencio hace que sientas que tenés que llenar, entonces ahí salen las cosas interesantes.

En una entrevista con La diaria de 2024 decías que “en televisión todo es mentira y todo es verdad”. Ahora vas a conducir un programa que ilustra eso como pocos.

Para mí esa es la definición de Gran Hermano. Es verdad, porque están conviviendo, y es muy difícil mantener una mentira durante tanto tiempo. Pero a su vez no es la realidad lo que ellos están viviendo. O sea, termina siendo una mentira. Generás una realidad que para ellos es la verdad, pero no es. He aprendido que en la tele no hay sorpresas, por lo menos para los que trabajamos en ella. Yo quiero saber todo. Después me sorprendo, me emociono, grito, me enojo con la producción porque no me contaron algo, pero no hay sorpresa. Hablamos previamente, hacemos la rutina, y me dicen “mira que viene tu hijo a darte un saludito”. Y después ahí me concentro tanto que me emociono porque me mata mi hijo. Yo me siento cómodo con esto de que vos mirabas a Tinelli, decían de jugar al ping pong, iban a la tanda y te ponían siete mesas de ping pong. Nuestro rol es hacer creer que eso es verdad, que pasó porque se ocurrió y no porque estaba pensado. La tele no es verdad, salvo un noticiero. O por lo menos no es “la” verdad, sino una que estás planteando ahí y que seguramente está pensada.

Actuabas en publicidades de niño y ya de adolescente estabas en Jugo de colores en Canal 4. ¿En algún momento ¿te cansó o te abrumó la cámara?

No, lo disfruto muchísimo. La tele fue un hobby durante mucho tiempo, que yo lo hacía con la responsabilidad de un trabajo y además me pagaban, o sea, era un trabajo. Un trabajo que aparte disfruto. Ahora que no estoy al aire, el equipo de producción no me pide que venga, yo vengo porque me gusta lo que hago. En el mundo que vivimos, trabajar de lo que te gusta es un montón. Así como me gusta ir de 7.40 a las 9.40 al colegio a dar clase. Así que nunca me pesa. Y mi familia está recontra metida, mi hijo grande se puso a llorar cuando le conté que iba a conducir Gran Hermano, emocionado, porque conoce, le gusta mirarlo (aunque lo moderamos un poco en algunos momentos). De todas formas, si te fijás, el nivel de discusiones adentro de la casa no es nada con respecto a lo que se ve en el día a día en la calle. Porque no puede haber contacto físico, sino te echan, entonces no se van a las manos; y pocas veces alguno putea mucho a otro porque saben que afuera te cancelan. Entonces, como pocas veces pasa eso, termina siendo realmente un recorte de la realidad y de la idiosincrasia del país. He visto muchas Gran Hermanos del mundo, y son un recorte de la sociedad. A veces es duro, no nos gusta lo que vemos, pero es lo que pasa. Hay países donde la idiosincrasia es más física, entonces hay seguridad por las dudas que se agarren a trompadas, y se permite que pase. Pero no, nunca me cansó, al contrario, soy privilegiado en lo que hago, me encanta salir a la calle y que me grite, me divierte que me digan cosas malas o cosas buenas, para mí está buenísimo.

¿Tus alumnos tienen en cuenta tu rol televisivo?

Sí, claro, y ahora mucho más con Gran Hermano. En el pizarrón de la clase de sexto de Economía tenemos las fotos de todos los alumnos, mi foto en el medio, y semana a semana, con un formulario de Google, van votando para “sacarse de la casa”. Y yo los viernes les grabo un video diciendo quién es el eliminado. Están como locos y tienen mucha curiosidad sobre como se hace, quieren venir a la primera gala. Pero pasa al principio, a los cuatro días de clase ya soy un profe más.

¿Cómo te percibís como profesor?

Macanudo, un profe cercano. De eso me doy cuenta porque soy uno de los profes a los que acuden cuando pasa algo malo, no tienen problema en acercarse y contarme. Pero tengo mi grado de exigencia, no me achico con eso. Me parece que las frustraciones que muchas veces pasan para la facultad, las vivan. No frustralos a propósito, sino marcar un grado de dificultad donde ellos sufran un poquito y tengan que esforzarse, entendiendo que tampoco se te va la vida si un día tenés la materia baja. Y grito mucho, los profes que están en la clase al lado me lo hacen saber (risas).

¿Cuáles son los desafíos para un profesor que tiene que manejar a un grupo de adolescentes de esta época?

El primer desafío es la inteligencia artificial. Es un desafío importante porque cambia la modalidad. Y eso que en matemática todavía falla. No es que no pueda responder una ecuación, eso hace años que ya había formas de hacerlo con una foto de la ecuación. Sino que cuando vos le planteás un problema que tiene un cierto desafío, que no es un procedimiento directo de aplicar una fórmula, todavía falla. Cuando vos le planteas el problema y en el prompt no le ponés como querés que lo resuelva, le erra. Ahora, si vos le ponés en el prompt con qué herramienta querés resolver el problema, no necesitas utilizar IA. Ya sabés como resolverlo.

Después el tiempo pedagógico, el tiempo de clase contra el universo de estímulos que tienen los estudiantes, principalmente en los grados más chicos. Están sumergidos en estímulos constantes, entonces es muy difícil tenerlos ahí 40 minutos, atentos. Y después el tema de los celulares. Yo no soy pro sacarlos, pero es un tema de distracción si vos no estableces reglas claras de que solo se usa cuando se pida o sea necesario. Y está bueno que las reglas se hagan con ellos, porque muchas veces son los chiquilines los que quieren que les saquen el celular.

¿Estás alejado del Carnaval ahora, no?

El año pasado di un paso al costado. Yo amo a Los Muchachos, pero necesité cortar de raíz porque el Carnaval te consume la cabeza. Como Gran Hermano ahora. Estás todo el tiempo pensando en eso. Y no podía. En verano estábamos acampando y yo me iba por el camping con el celular, respondiendo mensajes, o me iba y venía. Nunca terminaba de parar. El año pasado, que no hice nada, me fui a acampar 20 días y fue “uf, que lindo esto”. Es hermoso el carnaval, lo amo con toda mi alma, pero ahora no se puede. Y salir nunca más. Aparte lo que más hacía era bailar, y ahora bailan a 70 kilómetros por hora, no sé como hacen. Así que por ahora no más Carnaval.

Pero volverías en algún momento.

Sí, sí volvería porque lo amo, amo el carnaval, me parece maravilloso. Decime un país en el mundo en el que se hagan 45 espectáculos de ese nivel, te gusten más o menos, durante 40 días. Y después muere. Se hace una inversión enorme por 40 días. No hay comparación.

¿Ya estás pensando en la acampada familiar post Gran Hermano?

El 23 de diciembre, que ya no vamos a estar más al aire (ahí se pueden sacar cuentas de cuando arrancamos más o menos), me voy al camping, armo la carpa, dejo todo, vuelvo, y el 1° de enero me voy a acampar. No lo pierdo nunca más eso, porque es maravilloso. Mis hijos son chicos, hay que disfrutarlos ahora que después no quieren más nada con los padres (risas). Y va a ser disfrutar después de estos tres meses que van a ser intensos. Pero se viene algo lindo. Yo me pongo del otro lado: ¿quién no va a querer ver el primer día de Gran Hermano? Aunque sea para ver si conoce a alguien. Si no conoce va a decir “ah, trajeron extras”, y si conoce a alguno va a decir “¿viste que nos conocemos todos?”.

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