GABRIELA HEARST & AUF (7)
Toma de medidas para los trajes de la selección
Clara Cullen
Hearst quería encarar este proyecto como una forma de conectar su trabajo con uno de los elementos más reconocibles y reconocidos del país, como es el fútbol y su selección, y como una forma de combinar los valores uruguayos que se llevó con ella y aplica día a día en la dirección de su empresa, los que representa el equipo, y además mostrar materiales de alta calidad hechos en Uruguay, como es la lana merino usada para estas piezas.
Hearst sabe que los trajes son un mensaje, uno que quería compartir con el mundo.
Desde Nueva York, la diseñadora conversó con El Observador sobre este proyecto, su vínculo con Uruguay y cómo se traduce en sus diseños, sobre su nueva colección inspirada en el tarot, y hasta contó a qué celebridades uruguayas le gustaría vestir. Este es un resumen de la charla.
GABRIELA HEARST & AUF (2)
¿Cómo aparece la posibilidad de trabajar junto a la AUF en este vestuario para la selección?
Es algo que queríamos y deseábamos hacer. En mayo del 2025 le pregunté al expresidente Luis Lacalle Pou si tenía un contacto de la AUF porque quería muchísimo trabajar con ellos, y ahí empezamos las charlas. A ellos les gustó la idea, y me pareció una oportunidad muy importante, poder mostrar la materia prima que tiene Uruguay, que es buenísima. El merino uruguayo es increíble, es uno de los mejores materiales que hay en el mundo, sobre todo en el lujo.
Además, no solo es la oportunidad de hablar de la lana uruguaya, sino también de los valores que tiene Uruguay, que estando afuera me doy cuenta de lo importantes que son y que se tienen que exportar. Por cómo estamos en el colectivo global, se necesitan esos valores uruguayos ahora más que nunca: autenticidad, integridad, calidad. Me parece que era una oportunidad importante para reflejar no sólo el talento increíble de nuestros jugadores y la calidad que tenemos con una población de tres millones y medio, sino quiénes somos como país.
Pasa mucho que cuando estamos en Uruguay no lo podemos reconocer, pero viendo de afuera, ahora que este año cumplo 50, y por haber viajado por muchas partes del mundo en mi vida, lo notás. Yo tengo honestidad intelectual. Cuando veo algo que no me gusta, por más que lo ame, lo digo. Si un hijo se está mandando una, no importa, se lo digo. Y amo a mi país, quiero a Uruguay, me esforcé porque mis tres hijos tengan pasaporte uruguayo, y realmente lo que nosotros tenemos y brindamos a la humanidad hoy por hoy se necesita muchísimo.
¿Cómo llevás esos valores, esa uruguayidad, diariamente a tu trabajo?
En la escala. Siempre voy a calidad sobre cantidad. Yo prefiero hacer poco, pero muy bien, y poderme ir a dormir tranquila que las cosas se hicieron bien. Un par de veces tuve la oportunidad de expandirme o crecer de maneras que no me parecían correctas. El mirar a largo plazo, y tomar esas decisiones vienen de la forma que me eduqué en Uruguay. Y valorar lo humano. Cuando surgió la posibilidad de diseñar los trajes, llevé a mi team, en el que hay gente de Francia, Corea, España, de todas partes del mundo, para que sintieran lo mismo que yo por el equipo uruguayo, y que entendieran esa cuestión de la mentalidad, de la nobleza, de la educación de los jugadores, pero también de los dirigentes y de todos los involucrados. Les dije que iban a conocer a superestrellas, desde las que están en la cancha hasta las que están atrás.
¿Qué ideas, referencias y particularidades aparecieron al momento de diseñar estos trajes?
La estrella es el material: la lana merino. Trabajamos con lana que ya existía, con telas que ya estaban hechas. Es un trabajo sustentable, porque todo lo que se exporta de Uruguay es con cero neto en emisiones de carbono, porque por ejemplo se usa energía hidráulica. Es muy especial lo que pasa en Uruguay, tenemos un producto sustentable desde la materia prima. Entonces la lana es la estrella, e hicimos algo que fue elegido por los jugadores. Les llevamos propuestas y eligieron un estilo para ellos, hay otro para los dirigentes. Es formal, pero para los jugadores también es un poco más cómodo. A mí me encanta el diseño cuando es funcional y se une con la estética. Sabemos también que el Mundial se va a jugar en una época de mucho calor, entonces es una oportunidad de educar al público en que la lana es un material que se puede usar tanto en calor como en frío. Es más, antes de que apareciera el poliéster y el algodón, la lana era lo más usado en los deportes de competencia. Ahora es un 2% de toda la fibra mundial. Siempre que me preguntan “¿cuál es el material más sustentable?” y mi respuesta es la lana. La usamos hace 8000 años, y se puede hacer algo súper finito, de lujo, de calidad con ella. Además de que adentro el traje tiene muchos secretos elegidos por los jugadores, detalles personales.
¿Qué recuerdos tenés vinculados a la selección uruguaya o al fútbol?
En Uruguay el fútbol es central y muy unificante. Una compañera mía, francesa, me decía que cuando gana Francia todos se unen, la violencia baja, todas esas cosas. Y en Uruguay también genera esas cosas. Es un deporte muy pasional. Yo me mudé a Estados Unidos hace 26 años, y nadie sabía donde era Uruguay. Decía “Uruguay” y la gente me miraba, me decían ¿”Norway”? (Noruega). Les decía “South America” y me decían “ah, sos de Texas”. No había forma, no sabían nada. Pero gracias al fútbol, la presencia de Uruguay en el mundo ha ido creciendo en los últimos años. El fútbol, la figura de Mujica, han pasado cosas que hicieron que el nombre sea más conocido. Pero sobre todo el fútbol. La gente me dice que les encanta Uruguay, que quieren ir. Eso hace 26 años no pasaba. Ahora la gente lo tiene en el radar, es un lugar que quieren conocer, saben de cómo es la gente, de la comida. Está buenísimo eso. Y para mí el fútbol nos puso en el mapa.
Publicaste algunas fotos con la camiseta que Uruguay va a usar en el Mundial, un diseño que, igual que la camiseta alternativa negra, generaron polémica acá. ¿A vos qué te parecieron?
Desde mi punto de vista profesional, o sea que puedo tener una opinión formada sobre esto, me encanta. Me encanta la versión del escudo que usaron, la tipografía que usaron para los nombres y los números. A nuestro director de arte, Peter Miles, que fue el que hizo el logo de Celine, de Marc Jacobs, hace todos los títulos de películas de Sofía Coppola, que tiene mucho gusto con las letras, le encantó. Y no es alguien que dice que algo le gusta así nomás. Es más, el 95% de las veces te va a decir que no le gusta. Pero están buenas las dos camisetas. Y la negra es un poco flashy. Al uruguayo capaz le cuesta un poco porque es más tradicional, pero la gente se pinta para ir a la guerra, y esto es medio así, muy entretenido. Me gustó que tenga eso de armadura también.
¿Cómo fue la relación con los jugadores uruguayos?
Yo ya estaba acostumbrada a vestir celebrities, o al San Francisco Ballet, pero esto era una dimensión diferente. Veníamos de hacer nuestro show en la Semana de la Moda de París, de hacer a Chloé Zhao para los Oscars, y teníamos que enseguidita encarar esto. Teníamos dos días para hacer el fitting, o sea, sacar las medidas y poner los trajes prototipos. Teníamos dos días para hacer 40 personas. Un montón. Lo teníamos que hacer en la mañana antes que se fueran a entrenar en Inglaterra, antes del amistoso que jugaron en Londres en marzo, porque era la oportunidad que había de agarrar a todo el equipo junto. Entonces teníamos que ser como una mosquita que no molesta, porque el fútbol es lo primero, y nosotros teníamos que estar ahí como los pajaritos de Cenicienta (risas). Teníamos esas horas antes de la práctica y un rato después del entrenamiento, fue entre el desayuno y el almuerzo primero, y después entre la práctica y la cena. Fuimos y al toque, en un momento, hicimos todo, mientras los jugadores tomaban mate con nosotros. Fue increíble porque tuvimos la oportunidad de hablar con cada uno, de mirarlo a los ojos, de conocerlos, de charlar. Estuvo buenísima la experiencia y salió todo muy bien. Trajimos a los dueños del taller en Italia donde se van a confeccionar, hacen todos los trajes a mano, el padre que tiene como 89 años y su hijo, vinieron ellos mismos a tomar las medidas con nosotros.
¿Esa cercanía es algo que aplicás siempre cuando trabajas con lo que nosotros llamaríamos celebridades o caras conocidas que han vestido tus diseños en distintas oportunidades? ¿Es importante tener esa cercanía con ellos antes de vestirlos?
Sí, pero no siempre conectás con todos. Yo soy la costurera, yo estoy haciendo la ropa (risas). Hay gente con la que sí conectás, te volvés amiga, y hay muchas personas de alto perfil de las que me he hecho amiga por intermedio de lo que hago. Más allá de eso, para nosotros hay un parámetro. Nosotros elegimos a quiénes vestir, porque es importante para mí vestir a personas que cuando tienen un perfil alto lo usan para ayudar a otros. Me interesa muchísimo más qué es lo que hace la gente cuando tiene poder y fama. Cómo lo utilizan y si ayudan a otros con eso. Y esas son las personas que me emociona vestir. Y los jugadores de la selección tienen mucho de eso, tienen mucha nobleza.
En algunas entrevistas has hablado de la conexión que tenés, por ejemplo, con un suéter hecho acá, con la participación de Manos del Uruguay y como eso también es un lugar de confort y una conexión con Uruguay. ¿Eso también puede suceder con estos trajes que estás haciendo para la selección, cómo a partir de esa fibra y de esa vestimenta pueden sentirse como respaldados por el resto del país?
Parte de lo que tengo presente cuando hago mis diseños es cómo se siente en el cuerpo. Es muy importante, porque la piel es nuestro órgano más sensible. A veces cuando la gente se pone nerviosa o está agitada, hay que tocarlos para que se calmen. Entonces ese siempre fue mi modo de diseñar, todo lo que está cerca del cuerpo tiene que ser muy suave, muy finito para que se sienta agradable, como si te estuvieran abrazando. Por eso los materiales que uso son todas fibras naturales, y son las mejores. En los últimos 10 años la calidad de la ropa bajó un montón, no importa que hablemos de vestidos de US$ 5000, los hacen de poliéster y viscosa y te venden la marca. Y eso es la antítesis de lo que nosotros hacemos. Nosotros seguimos invirtiendo en la calidad de nuestras fibras. Cuando empecé era facilísimo encontrar terciopelo de seda que no fuera de poliéster o de viscosa. Ahora es difícil, es difícil encontrar materiales, cosas que no son tan exóticas o tan difíciles, como doble georgette. La gente usa mucho poliéster y esas cosas, y eso es lo que marca la diferencia, cómo se siente algo. No solo el cuidado del medio ambiente, sino también ese punto. En inglés hay una frase que siempre la uso, looks good and feels good. La ropa tiene que verse bien y sentirse bien. Hoy en el mundo digital quizás importa más que todo sea bien, pero yo vivo en el mundo material.
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Gabriela Hearst y Ronald Araujo
Clara Cullen
Y este material, la lana merino, es además parte de tu vida, tiene una conexión con tu propia historia y tu hogar familiar.
(Se da vuelta y muestra una foto en blanco y negro de una mujer a caballo). Esa es mi mamá. Competía en jineteadas. Crecí entre bolsas de lana, rodeada de todas las cosas vinculadas al campo. No me podía escapar. Bueno, en realidad me terminé escapando, y cuando lo hice me di cuenta de que lo amaba. Pero sí, es parte de lo que somos, de lo que hacemos y lo que nos gusta.
Al momento de hablar de sustentabilidad, ¿sigue siendo complejo encontrar interlocutores receptivos dentro de la industria de la moda o ahora está un poco más abierto en comparación a cuando empezaste?
No está tan de moda la sustentabilidad, no es una tendencia, pero la catástrofe climática sigue pasando. Nosotros nunca lo hicimos por tendencia, lo hicimos por cosas de las que yo me di cuenta en el campo, en Uruguay. Estas cosas son cíclicas, pero uno tiene que mantener su integridad y sus valores que son esos valores uruguayos de autenticidad, de calidad. Y eso es lo que me parece importante. Ves todo lo que está pasando climáticamente y geopolíticamente, cada vez faltan más recursos naturales, y eso genera conflicto. No hay que nunca bajar los brazos en esto. Yo quiero que mis hijos sepan de qué lado estuve.
Eso está también muy vinculado a tu defensa del trabajo artesanal, de los hombres y sobre todo de las mujeres, que ponen su mano y su conocimiento para que podamos después verlo en una alfombra roja, por ejemplo.
Yo trabajo con Manos del Uruguay desde mi marca anterior, Candela. Olga Pardo Santayana, que fue fundadora de Manos, fue una visionaria, porque vio algo que hoy se sabe porque hay estadísticas, reportes, que yo he estudiado para colecciones, que cuando uno apoya y ayuda a una mujer, la mujer levanta comunidades. O sea, la solución está en apoyar a las mujeres, se sabe que en los países que apoyan a mujeres, las economías funcionan mejor. Eso es un buen ejemplo de algo que se armó con calidad, con integridad, con visión a largo plazo y que sigue estando hoy por hoy. Y yo trabajo con ellos porque hacen un buen producto y lo entregan a tiempo.
También esa mirada de lo femenino está muy presente en tus colecciones y en tu trabajo, ¿no? Poner a la mujer desde una mirada feminista debajo de tu trabajo. Poner a mujeres importantes en el primer plano.
He estudiado para mis colecciones, a figuras como la arqueóloga Marija Gimbutas, artistas como Artemisia Gentileschi o Leonora Carrington, y siempre llego a ese punto de que las mujeres somos seres divinos. Tenemos un potencial de creatividad enorme, después el sistema cambia y la historia cambia, pero en la prehistoria éramos veneradas, y se veneraban diosas madres. Civilizaciones enteras. Y Marija Gimbutas tiene una teoría que plantea que una vez que se domina a la naturaleza y al caballo, empieza el dominio sobre las mujeres.
Tu nueva colección tiene una inspiración del tarot. ¿Te consideras una persona espiritual?
Sí, sí, definitivamente. Porque hay mucho más de lo que el ojo ve.
GABRIELA HEARST & AUF (3)
Ignacio Alonso y Gabriela Hearst
Clara Cullen
¿Cómo es tu relación con el tarot?
El tarot es algo fascinante porque nadie sabe de dónde viene. El tarot más antiguo es el de Visconti, del Renacimiento, pero nadie sabe de dónde viene el primer tarot. Estudié con una tarotista para hacer la colección, inspirada en los arcanos mayores. Se llama Marianne Costa, e hizo un libro de tarot con (el cineasta) Alejandro Jodorowsky. En el mundo del tarot el que siempre está presente es el tarot marsellés. A mí me gusta uno que se llama el tarot de Thoth, que lo dibujó una mujer que se llama Frieda Harris en 1930. Me gusta porque tiene muchos símbolos, el tarot es un elemento visual, y sabemos que nuestros ojos están conectados a nuestro cerebro, y si hay algo que es muy fácil de cambiar es nuestro cerebro, y con la parte visual del tarot se puede cambiar. Voy al mismo tarotista hace 14 años, pero lleva muchísimos años aprender todas las sutilezas para saber leer, yo lo puedo hacer en una fiesta (risas) pero no soy una experta. Es algo super inspirador.
¿Acudís a él, por ejemplo, cuando tenés que tomar alguna decisión?
Sí. Mi trabajo es tomar decisiones. Todo el tiempo. Y rápidas. Y resolver problemas. Es todo el día, si no te gustan los problemas no podés hacer este trabajo.
En este tiempo también te has asociado a artistas, a estrellas, y también a muchas mujeres vinculadas a la política en Estados Unidos, sin ir más lejos, a la ex primera dama Jill Biden. ¿Esa también es tu forma de dar un mensaje político a través de quienes decidís vestir en ese campo?
Es que están expuestas. Como decía antes, que el que tenga una plataforma la use para ayudar a los demás, y sobre todo que si son mujeres, quiero estar ahí. Darles la armadura que necesitan. Porque estar en la política es estar en una situación violenta, y siendo mujer aún más. Entonces poder desde la parte chiquitita que uno hace, que es vestirla, que se sienta que están cómodas y están fuertes, cuando podemos lograr eso con mi equipo, es una satisfacción muy grande.
¿Cuál es tu armadura favorita? ¿Cuál es esa pieza?
Si hay una pieza que uno tiene que tener siempre es un traje. Porque nunca vas a estar ni mal vestido, ni sobre vestido, si estás de traje. Tenés que tener uno, y si sos mujer, tenés que tener uno negro o uno azul, y ya estás.
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Toma de medidas para los trajes de la selección
Clara Cullen
Se cumplen diez años de la salida de tu primera colección con tu marca. ¿Una de las piezas que usaste era un traje de tu mamá?
Usé una referencia de una foto de mi madre cuando era chica. Era un traje, porque mi mamá se hacía la ropa con una costurera, Tota, que era la costurera de la familia, vestía a toda la familia. Hacían todos los vestidos de novia, la ropa para todas las cosas importantes. Y uno no se compraba ropa todo el tiempo, se hacían los ajuares, si te casabas, o si tenías hijos, o en momentos importantes. Y este traje era de cuando se casó con mi padre, era un traje de lana color oliva y tenía las iniciales de mi padre bordadas. Entonces usamos la misma silueta, el mismo patrón, y lo hicimos para Gabriela Hearst y se sigue usando, se sigue vendiendo, diez años después.
En este viaje de estos 10 años desde que creaste la marca con tu propio nombre, más allá de que uno va cambiando y todo va creciendo, ¿qué puntos en común encontrás entre cómo eras vos en aquel momento con lo que has generado hoy?
Justo estaba pensando en eso esta mañana. Estaba pensando que a veces uno no se da cuenta cuando empiezan esos momentos que son tan lindos, cuando el equipo es bien chiquito, que se pueden sentar todos en una mesa. Me acuerdo de poder ir a comer todos a un restaurante y que eran momentos muy felices. Después vas creciendo, y por suerte hay muchísimas personas que siguen conmigo desde que empezamos y te hacen sentir muy segura. Y aunque todo va creciendo, lo que no cambia son los valores. Pero a veces me habría gustado tener un poco más de sabiduría para saber que aquellos momentos eran muy preciosos. Igual ahora tenemos muy buenas fiestas (risas).
¿Cómo eras vos en aquel momento de buscar tu estilo en el medio rural uruguayo? ¿Cómo fue tu camino en ese sentido?
Mi experiencia de vida me demostró que hay cosas que te eligen. Porque había cero chance de que se me cruzara por la cabeza que iba a ser diseñadora. Pero siempre estuve fascinada con todo lo que era la ropa. Yo dibujaba, tengo cuadernos acá, de cuando tenía 17 años, con colecciones de zapatos dibujadas, enteras. (Toma un portarretratos de su biblioteca) Esta es mi abuela, con un vestido hecho por Tota. Es esto de que había pocas cosas pero eran de calidad, entonces de alguna manera no tiene sentido, pero a la vez tiene todo el sentido, porque crecés con la estética del folclore, de los gauchos, de eso de que la ropa es como un uniforme, hay una estética muy formada, y hecha con productos de muy buena calidad. Entonces es realmente como una alquimia que se formó en mi vida: esta chica que nace acá, que le gusta dibujar, que no hay nadie en la familia vinculado a eso, pero que tuvo una exposición a ciertas cuestiones, y que después tenía mucha hambre de conocer el mundo, viajar, me interesaba saber de todo.
Las cosas perduraban, la ropa, los muebles, pasaban de generación en generación. Las cosas vivían y convivían con nosotros.
La ropa se heredaba, era tradición. Heredabas la ropa de tu familia, y eran pocas cosas, pero tenían un valor. Y de repente vivimos en este mundo de “abundancia”, podemos tener 35.000 remeras de poliester, o cosas que tenés solo porque están de moda. Yo no diseño para hoy, diseño para siempre. Te hago un look que lo podés usar en diez años porque estoy usando buenos materiales. Para mí sería un honor que lo usen tus hijos.
Venís bastante seguido a Uruguay. Además de visitar a la familia y a los amigos, ¿qué cosas no podés dejar de hacer cada vez que venís?
Voy muy focalizada en la comida (risas). Cuando llego a Paysandú me como un chivito primero, y segundo un asado. Somos muy afortunados por la calidad de comida que tenemos en Uruguay y por cómo comemos. Yo veo ahora como comen mis hijos y si bien trato de que coman saludable, no es lo mismo en comparación a los productos con los que crecimos en Uruguay y su calidad. Para mí Uruguay es comida y amigos.
¿Hay alguna uruguaya que te gustaría vestir?
Natalia Oreiro. O una presidenta uruguaya, ¿por qué no? Sería bueno.