A principios de 2024, el mundo volvió a mirar con fascinación la historia de la tragedia —o milagro— de los Andes. La película La sociedad de la nieve, del director español J. A. Bayona, fue un fenómeno internacional que generó un nuevo entusiasmo en torno al accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya ocurrido el 13 de octubre de 1972, así como también una especie de fandom particularmente obsesivo con el elenco de actores jóvenes —entre ellos el uruguayo Enzo Vogrincic— que inmortalizaron a los sobrevivientes en la producción. Así, La sociedad de la nieve tocó la plataforma de Netflix y fue un bombazo que terminó hasta ilusionando a los uruguayos con un Oscar que, al final, se quedó solo en la nominación.
Dos años después de aquel estreno y fenómeno, el relato encontró un nuevo pliegue en la serie Más allá de la sociedad de la nieve, que se estrena en Netflix en diciembre y que pasó por el último festival de San Sebastián.
Parte del "universo" de la película de Bayona, esta producción de tres episodios se estrenará se exhibió de forma privada para los medios en Uruguay hace algunas semanas, en una presentación que estuvo a cargo del propio director español. Porque Bayona es quien entendió que había más tela para cortar detrás de este relato y por eso se puso detrás de esta serie, pero en el camino sumó al documentalista Carlos Torres.
La serie tiene varios aciertos y entre ellos está el de ofrecer algo "nuevo" dentro de una historia que a los uruguayos acompaña ya hace décadas. Esto es, por ejemplo, que haya un episodio dedicado enteramente a darle voz a las familias de quienes murieron en el accidente y la montaña, un duelo profundo e intenso que durante mucho tiempo generó una brecha con aquellos que sí habían vuelto de la cordillera y que, de un día para el otro, se convirtieron en estrellas.
Por otro lado, se destaca en Más allá de la sociedad de la nieve el profuso material de archivo que acompaña las entrevistas, con imágenes inéditas y restauradas de cómo se vivió el rescate de los miembros del equipo de rugby del Old Christians, así como de su recibimiento en Chile y Uruguay, y el devenir de los días que siguieron.
Sobre esos aspectos y el lugar que todavía tiene la historia, así como el espacio que había para ahondar en ciertos recovecos todavía poco explorados, Torres habló con El Observador durante su visita al país. Este es un resumen de esa conversación.
¿Cómo se integra esta serie al universo de La sociedad de la nieve?
La idea surge del director Juan Antonio Bayona, y de allí arrancó un camino que acabamos descubriendo que nos llevaba a otros lugares. Cuando Bayona hizo la película sintió que había muchas partes que quedaban fuera, descubrió que esta es una historia de historias. Cada familia tiene su propia historia, el antes, el después, y se le quedaron muchas cosas por contar, así que empezamos a trabajar en eso.
¿Cómo fue sumar tu mirada a este relato que integra muchísimos puntos de vista y sensibilidades?
Cuando empezamos mucha gente hizo la pregunta de por qué volver a contar esta historia. En nuestro caso, esa pregunta más que algo en contra era algo a favor. ¿Qué tiene esta historia para que se haya contado tanto y por qué volver a contarla? De hecho, eso es el centro de un capítulo entero. Es muy importante ver que cuando has vivido una historia así, contarla te puede ayudar a cambiar cómo la sientes. Cómo esta comunidad no la contaba igual cuando empezó que con las reflexiones de ahora. Por eso establecer mi mirada me parece demasiado grandilocuente. Sí es verdad que poder verlo con la distancia de alguien de otra generación, que ha podido acceder a toda esa gente que lo ha contado antes, me ha ayudado a mí y a Bayona a poder darle otra visión, a nutrirnos de las otras historias y miradas. De hecho, Bayona dice que es como un camino que se empieza a empedrar con todo lo que se ha construido hasta este momento. A mí me gustaba mucho una frase que me repetía Pablo Vierci, que es que esta historia de los Andes es una antorcha que va pasando de mano en mano desde 1972. Empieza con los sobrevivientes, los familiares de los fallecidos, y va pasando de mano en mano y todo el mundo le va encontrando algo diferente. Piers Paul Read encontró algo, Frank Marshall encontró algo, los propios sobrevivientes y los familiares cuando van contándola encuentran sus propias visiones, y creo que nosotros somos uno más en esa carrera de postas.
Es interesante que algunas personas recién entienden su dimensión cuando se meten en la historia. Por ejemplo, Piers Paul Read no quería saber nada con la idea de escribir sobre la tragedia y luego quedó absorbido por ella.
Esta historia es como un espejo, pero no siempre te devuelve la imagen que tú pensabas al principio. Yo había visto la película, había leído algún libro, tenía una idea de lo que podía ser esta historia, pero de repente dices "esta parte no la conocía y estoy entrando en un mundo nuevo". No sé cómo explicarlo bien, pero llegas con una idea y esta historia te transforma todo, te va aportando otras visiones. Porque es muy difícil llegar tabla rasa a esta historia. De alguna forma, algún tipo de contacto hubo. Creo que más o menos todos sabemos los tres datos fundamentales de la historia: hubo un accidente de avión, hubo sobrevivientes, tuvieron que alimentarse de cuerpos para poder sobrevivir. Si uno piensa en Uruguay, hay una serie de historias que le vienen a la mente y esta es una de ellas, desde luego.
¿Cómo fue el trabajo con el material de archivo? Porque hay mucho material inédito que nunca se había visto.
Hemos tenido la gran suerte de contar con la ayuda de las familias de los fallecidos y de los propios sobrevivientes, que nos han cedido muchísimo material. Además, es una historia de la cultura popular que está desde el primer día grabada, rodada. Y hay material sonoro, no solo gráfico, no solo las películas. Trabajar con todo este material ha sido un disfrute. Es lo que nos aporta toda la visión del momento. Uno puede pensar cómo era, pero si lo oyes, lo ves, es muy fuerte. Uno de los momentos que más me impactó fue ver cómo habían vivido los familiares de los muertos la lista de quienes habían sobrevivido. Porque uno siempre supo que hubo sobrevivientes, pero nunca se piensa en la otra parte. Y que de repente que ese otro lado cobre forma y ellos mismos te cuenten cómo lo vivieron, como documentalista es un regalo.
De alguna forma, además, el arco argumental de la serie es que la película La sociedad de la nieve cerró una grieta de décadas entre los familiares de los sobrevivientes y quienes volvieron de la montaña.
Cuando uno lo observa desde fuera es casi como un laboratorio de emociones. No sé si es una brecha o es un rompeolas donde chocan dos historias. Una es la pública y todos los años recordando que hubo sobrevivientes, y por el lado están los otros que quieren hacer un duelo y se tienen que enfrentar al relato íntimo y al relato global. Porque todo el tiempo están saliendo a ellos mismos a contarlo. Creo que toda la obra es un diálogo entre la ficción y la no ficción. Creo que la no ficción, el documental, tiene una fuerza que a lo mejor no siempre va a tener la ficción. Pero la ficción te permite imaginar de una manera o dar cierre a cosas que no te la permite tampoco la verdad, porque la verdad a veces es demasiado dura. Hay una frase que a mí me encanta del documental que la dice Gustavo Zerbino, y es que no es que la historia cambie, es que el que cambias eres tú. Y creo que eso tiene mucho que ver con esta historia.
¿Qué rol cumplió la película de La sociedad de la nieve en la conversación sobre la historia?
Siempre ha habido una base de gente interesada por la historia, sobre todo en los países latinoamericanos y en España por la cercanía del idioma. Pero creo que la película ha rejuvenecido a toda esta gente que no se había acercado tanto, porque los fenómenos tienen fecha: el libro es del año 74, la película es del 93, y cada 20 años llega algo que aporta nuevas visiones. Hay mucha gente que ha llegado por La sociedad de la nieve y ha acabado leyendo Viven o viendo la película, con lo cual creo que es muy interesante todo ese juego que se genera también entre los diferentes narradores.