El 10 de octubre de 2002, en el Teatro Alianza, se encendían por primera vez las luces de Murga Madre. Lo que comenzó como un proyecto cargado de incertidumbre en un año marcado por la crisis económica en Uruguay, se transformó con el paso de las décadas en una pieza fundamental de la escena nacional.
Durante su participación en el programa La Playlist del canal de streaming de El Observador, sus protagonistas, Eduardo "Pitufo" Lombardo y Pablo "Pinocho" Routin, reflexionaron sobre el camino recorrido, el vínculo artístico que los une desde hace casi 40 años y la vigencia de un espectáculo que ya supera las 700 funciones.
Un comienzo complejo y la "rebeldía" de la persistencia
El proceso creativo de Murga Madre no estuvo exento de dificultades. Escrita en el año 2000, la obra enfrentó un estreno marcado por los nervios de sus creadores, quienes admiten que, en aquel entonces, no se sentían plenamente preparados para el salto del Carnaval a la actuación teatral e incluso buscaron postergar el estreno. "Nosotros no veníamos de una escuela teatrera, sino de una escuela carnavalera. Tuvimos la guía del maestro Fernando Toja, pero el estreno fue una gran fiesta rodeada de muchos nervios", recordó Lombardo.
El contexto del 2002, con una situación económica crítica, complicó aún más el despegue. Los artistas rememoran con humor y honestidad que, en los primeros tiempos, la obra caminaba por una "tierra de nadie": el público carnavalero no la sentía propia por su formato teatral, y el público de teatro la asociaba exclusivamente al Carnaval.
"Hubo momentos en que íbamos a sala y había tres personas. Pero teníamos un pacto artístico: si había un espectador, la función se hacía igual. Te aparece una especie de rebeldía, esa 'garra charrúa' de jugar con lluvia. A esa persona había que ofrecerle la mejor función posible", señaló Routin. Esa convicción, sumada al apoyo técnico de figuras como Luis Restuccia, quien facilitó la grabación del disco inicial, permitió que la obra sobreviviera hasta encontrar su lugar en la cartelera cultural.
La universalidad del género: de Montevideo a los países nórdicos
Uno de los aspectos más destacados de la trayectoria de Murga Madre es su capacidad de emocionar a audiencias que desconocen por completo el código murguero. Routin y Lombardo compartieron una anécdota reveladora sobre una presentación en el norte de Europa, donde jóvenes estudiantes de teatro de Noruega, sin comprender el idioma, se acercaron al camarín al finalizar la función visiblemente conmovidos.
"Hay una cuestión en Murga Madre que es la emoción y el amor profundo que sentimos por la murga como género musical y escénico. Esa es la única certeza. Hay algo que traspasa el lenguaje y llega al espectador", explicó Lombardo. Para los protagonistas, la obra funciona como un espejo de la experiencia humana, donde el Carnaval es apenas el vehículo para explorar conductas y vínculos en pequeñas comunidades.
Un vínculo forjado en el escenario
La relación entre Pitufo Lombardo y Pinocho Routin es, en sí misma, un capítulo de la historia de la música popular uruguaya. Su primer encuentro ocurrió en el invierno de 1985, en los ensayos de la murga Falta y Resto. Desde entonces, han compartido escenarios, grabaciones y el histórico momento de la grabación de Brindis por Pierrot junto a Jaime Roos y el "Canario" Luna.
"A mí me maravilla que, cuando la obra empieza, dejo de ver a Pitufo, el músico y mi amigo, para ver una entidad distinta. Es una oportunidad de conectar desde otro lugar", confesó Routin. Esta conexión es la que permite que, tras casi 25 años, la obra mantenga su estructura original intacta: "No se modificó ni una coma, ni un punto, ni una nota musical desde su creación", subrayó Lombardo.
El desafío de la vigencia
Hoy, el desafío para ambos artistas es físico y mental. La obra exige una alta concentración y una puesta en escena dinámica, donde los objetos y la voz son los protagonistas. "La obra tiene dos partituras paralelas: la musical y la de movimiento. Requiere una disciplina constante, ejercitar el cuerpo y la memoria", explicaron.
Más allá de la nostalgia, ambos coinciden en que Murga Madre les ha enseñado a "estar presentes". En un mundo fragmentado por la inmediatez, el escenario se convierte en un espacio sagrado donde la existencia de los personajes depende exclusivamente de la mirada del público.
El reestreno de Murga Madre tendrá lugar los días 12 y 13 de noviembre en la Sala Campodónico del Teatro El Galpón, a las 21:00 horas. Una oportunidad para reencontrarse con una pieza que se mantiene como un ejercicio vivo de oficio, disciplina y amor por la cultura uruguaya.