16 de mayo 2024
22 de abril 2024 - 5:40hs

Por Hernán Dobry para El Observador España

La exposición “Chagall: Un grito de libertad”, que ha montado la Fundación Mapfre en Madrid, está cargada de todo un simbolismo: no sólo por las 160 obras que la componen sino también por el significado que implica su presencia en España en medio de la guerra en Gaza, que ha desatado en algunos sectores de la sociedad española una ola de anti judía desde el 7 de octubre del año pasado.

Lo curioso es que las agrupaciones de la izquierda española y pro-palestinas hayan pasado de ella y no se hayan manifestado en su contra, tratándose (Marc Chagall) de un artista francés y de origen judío tan identificado con Israel, como sí lo han hecho cuando atacaron sinagogas en las ciudades de Barcelona, Madrid y Melilla.

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Este clima de tensión, favorecido por las políticas anti israel de Pedro Sánchez y de sus aliados de ultra izquierda tras la masacre perpetrada por los terroristas de Hamás el 7 de octubre, lleva a preguntarse si esta exposición se hubiera realizado si los organizadores hubieran tenido que tomar la decisión de montarla en los últimos meses y no con la anticipación que suelen hacerse estos eventos. 

Por eso, luce meritoria la valentía que tenido la Fundación Mapfre de haberla llevado a cabo a pesar de la hostilidad que algunos grupos políticos sostienen en España contra todo lo que tenga que ver con judaísmo e Israel.

Incluso, su presencia en Madrid hasta el 5 de mayo en la sala Recoletos es aún más trascendente por lo que representó Chagall como activista político y artista frente al exterminio de judíos que estaban llevando a cabo los nazis durante la Segunda Guerra Mundial en gran parte de Europa y, especialmente, en Vítebsk, su pueblo natal en Bielorrusia.

Su “grito de libertad” (como llamaron atinadamente a esta muestra) frente a la masacre se vio plasmado a través de muchas de las obras expuestas en la Fundación Mapfre, en particular, las que pintó a lo largo de su prolongado exilio neoyorquino. 

Tal es el caso de “La guerra”, un cuadro donde el rojo prevalece en la tela por sobre el resto de los colores. 

Con esto, Chagall buscó marcar el camino teñido de sangre que debían atravesar los pobladores de una localidad del este europeo, que podría haber sido la suya, mientras huían en busca de una salvación que nunca llegó.

Un sentimiento similar intentó representar con el “Fuego sobre la nieve”, donde plasmó el sufrimiento de una mujer huyendo de las llamas que habían consumido su casa y las de sus vecinos, en medio del invierno con su bebé en brazos. Su rostro desencajado refleja el horror ante la muerte que se le avecinaba. 

Otra simbología casi obsesiva que utilizó Chagall en esos tiempos, para denunciar las atrocidades que estaban llevando a cabo los nazis y sus cómplices, fueron los Cristos crucificados que pintó con el cuerpo desnudo y cubierto solo por un talit (manto de oración judío) alrededor de sus caderas, en obras como “La crucifixión amarilla”, “Resistencia” y “Resurrección”.

Estas dos últimas, incluso, surgieron a partir de un cuadro anterior, “Revolución”, donde escenificó la llegada del comunismo a Rusia.

Si bien en los bocetos iniciales había pensado en poner un Jesús en la cruz cabeza abajo, luego dejó de lado esa idea. En su lugar, colocó, como figura central, a un rabino sentado en una silla abrazando los rollos de la Torá, pensando en el sufrimiento que padecería su pueblo a partir de ese momento.

La idea de los Cristos judíos había comenzado a implementarla en 1912, cuando pintó por primera vez un calvario que lo tenía como protagonista, tapado sólo con un talit. Con esto, quería expresar que su sufrimiento era el de toda su comunidad, que atravesaba, en ese entonces,matanzas y persecuciones en manos de las fuerzas del zar.

Sus cuadros se han tornado más actuales que nunca en estos momentos frente a las reacciones anti judías (en muchas ocasiones con expresiones de antisemitismo) que se han desatado en todo el mundo tras una nueva masacre que ha tenido que atravesar el pueblo judío, esta vez en manos del grupo terrorista Hamas. 

Muchos de ellos parecerían haber sido pintados para reflejar la tragedia del 7 de octubre en Israel.

El mensaje que había querido transmitir Chagall en esos años oscuros perdura en el tiempo y, además, sirve como un llamado de atención para todos aquellos que pretenden mirar hacia otro lado frente a lo que está ocurriendo en la actualidad.

 

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