30 de julio 2025 - 18:53hs

Bajo un cielo gris que parecía guardar duelo, miles de personas se congregaron este miércoles en las calles de Birmingham para acompañar el cortejo fúnebre de Ozzy Osbourne, la leyenda del heavy metal que, incluso en su adiós, volvió a unir a generaciones enteras bajo el rugido silencioso del respeto.

Al frente de la procesión, un coche fúnebre negro avanzaba lentamente, transportando el ataúd del exlíder de Black Sabbath, cubierto por un arreglo floral con su nombre: "Ozzy", en delicadas rosas color pastel.

El silencio del momento contrastaba con las miles de camisetas negras, parches desgastados y miradas enrojecidas que inundaban Broad Street, esa avenida que el cantante ayudó a poner en el mapa musical del mundo.

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DESPEDIDA OZZY

Emotiva parada frente al Black Sabbath Bridge

La caravana hizo una emotiva parada frente al “Black Sabbath Bridge”, donde Sharon Osbourne, la inseparable esposa y figura central en su vida, dejó flores junto a sus hijos Aimee, Jack y Kelly.

Con lágrimas contenidas y la cabeza gacha, Sharon abrazó al alcalde de la ciudad, Zafar Iqbal, antes de levantar brevemente la mano en un saludo que decía más que mil palabras.

Ese puente —que desde días antes luce cubierto por flores, velas, globos y mensajes de admiradores— lleva grabados los rostros de los cuatro miembros originales de la banda. En ese sitio simbólico, el alma colectiva del heavy metal encontró consuelo.

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Una estrella en homenaje al hijo rebelde de Birmingham

“Era importante estar aquí porque hizo mucho por esta ciudad”, dijo Reece Sargeant, de 16 años, que había llegado con un grupo de amigos desde las afueras. “Mi padre me hablaba de él desde niño. Hoy, de alguna forma, estamos todos conectados”. “Era importante estar aquí porque hizo mucho por esta ciudad”, dijo Reece Sargeant, de 16 años, que había llegado con un grupo de amigos desde las afueras. “Mi padre me hablaba de él desde niño. Hoy, de alguna forma, estamos todos conectados”.

La procesión continuó su marcha por una Broad Street engalanada con estrellas en el suelo, al estilo del Paseo de la Fama de Hollywood.

Una de ellas lleva el nombre de Osbourne, el hijo rebelde de Birmingham que conquistó el mundo con su voz rasgada, su oscuridad teatral y sus excesos.

Mhairi Larner, de 31 años, viajó desde Nottingham para despedirse del ídolo. “Me costó mirar la procesión, pero no podía no venir”, confesó conmovida. “Formar parte de esta comunidad metalera es algo único. Es amor, es memoria, es lealtad”. Mhairi Larner, de 31 años, viajó desde Nottingham para despedirse del ídolo. “Me costó mirar la procesión, pero no podía no venir”, confesó conmovida. “Formar parte de esta comunidad metalera es algo único. Es amor, es memoria, es lealtad”.

Quienes no pudieron estar presentes siguieron el homenaje en directo a través de internet. La ciudad entera se detuvo para despedir a uno de los suyos.

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El concierto del adiós

Ozzy Osbourne luchaba desde 2009 contra la enfermedad de Parkinson y su salud se fue debilitando con los años, pero aún tuvo fuerza para ofrecer un último concierto el pasado 5 de julio, en Birmingham, junto a sus compañeros de banda.

Fue su forma de decir adiós, frente a decenas de miles de fans llegados de todo el mundo.

Ozzy fue más que una leyenda de la música. Fue un hijo de Birmingham”, dijo el alcalde Iqbal. “La ciudad le debía un homenaje digno. Y esto es solo el principio del legado que cuidaremos”.

La historia de Osbourne es también la historia del heavy metal. Desde su primer álbum con Black Sabbath en 1970, que se coló en el top 10 del Reino Unido, hasta sus años como solista, el “Príncipe de las Tinieblas” marcó a fuego generaciones.

Más de 75 millones de discos vendidos, dos ingresos al Salón de la Fama del Rock and Roll —uno con la banda, otro como solista— y una vida que fue tanto genio como caos.

Su trayectoria estuvo plagada de episodios polémicos: desde su arresto en 1989 por intentar estrangular a Sharon, hasta el ya mítico concierto en Des Moines, Iowa, donde arrancó la cabeza de un murciélago de un mordisco creyendo que era de goma. Siempre al borde, siempre sin filtros. Y sin embargo, siempre amado.

FUENTE: AFP

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