23 de julio 2023 - 8:50hs

El día después del 23-J. Quién pudiera contar con una Casandra que prodigue profecías sobre el mañana. Pero sin sacerdotisas griegas a la vista, en la vida como en los mercados, es tierra incierta.

La historia ayuda a ver patrones y sin prometer repetición, sirve de guía.

Con las convulsionadas elecciones presidenciales en España a pocas horas, el pasado reciente nos muestra una bolsa extrañamente metódica: el Ibex tiene la costumbre estadística de caer el día después.

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El rojo, no obstante, se modera en el caso de que un presidente sea reelecto pero el retroceso se profundiza si hay un cambio de signo partidario en el poder (llegó a superar el 5%).

Es el escenario que se daría si, como anticipan algunas encuestas, Alberto Nuñez Feijóo (PP) termina logrando mayoría y sucediendo a Pedro Sánchez (PSOE).

Conviene saberlo aunque muchos ya hayan vendido.

No sólo porque la bolsa española acaba de cerrar su mejor semestre en 25 años, con una suba del 16,57%, sino también por el famoso dicho “sell in May and go away” (vendé en mayo y andate), que recoge la experiencia general de que los terceros trimestres son flojos y es mejor tomar ganancias y salir del mercado. 

Según datos del broker XBT, que parten desde la creación del índice en 1992, uno de los ejemplos más claros de caída amplificada por alternancia de partido fue el castigo que sufrió José María Aznar (PP) tras su primera victoria, con una caída del 5,22%, que marcó un máximo en la historia bursátil de las elecciones generales españolas.

Aún cuando se había votado por el cambio, la cuestión partidaria generaba enorme vértigo. Sobre todo cuando se trataba de suceder a Felipe González (PSOE), con sus tres victorias consecutivas y sus 14 años en el poder. Se inauguraba una nueva era política. 

Ahora, cuando Aznar fue reelegido para un segundo período, la bolsa bajó apenas 1,2%, fiel a esta suerte de regla estadística.

En cambio, el desembarco de José Rodríguez Zapatero (PSOE) -una vez más un vuelco partidario-  supuso un rojo de 4,15% el día después de los comicios. Pero, una vez más, su reelección fue tranquila: apenas se tradujo en una corrección bursátil de 0,29%. 

Para un rioplatense, en especial un argentino, todos estos movimientos resultan muy recatados pero sobre todo, increíblemente previsibles.

Sólo por recordar un par de casos recientes, hubo pocos “días después” como el del triunfo de Mauricio Macri, que ponía fin a más de una década de kirchnerismo, para graficar la ciclotimia de la que es capaz el mercado porteño. La bolsa llegó a subir más de 5% envuelta en la euforia y cerró 5% abajo contaminada por las dudas. Costumbres argentinas.

Pero si de casos extremos se trata, nada como el lunes negro que siguió a la victoria de Alberto Fernández, el peronista que sucedería a Macri, en las primarias. La bolsa derrapó un fatídico 37%. Al día siguiente del comicio que finalmente lo consagró, subió 6%.

En España sólo hubo un par de ocasiones en que el Ibex se desvió de su hábito.

Al sucesor de Rodríguez Zapatero (PSOE), Mariano Rajoy (PP), le tocó la misma suerte que a todos aunque en versión más moderada, con un descenso de 3,5% al día siguiente de su victoria. Hasta ahí, nada nuevo.

Pero cuando se trata de su reelección, las estadísticas no dan pistas sobre matices y desconciertan: a contramano de lo se venía cumpliendo, la bolsa perdió también 3,5% cuando se impuso como el más votado. 

Lo que ocurrió es que el gobernante del PP quedó lejos de la mayoría absoluta, lo que se sabía iba a complicar la formación del Gobierno.

Desde los comicios de 1982 los dos grandes partidos (PP y PSOE) siempre habían sumado al menos dos tercios de los votos y un mínimo de 282 de los 350 escaños del Congreso. Casi diez meses después, y con la abstención del PSOE, Rajoy fue reelecto. Pese a la enorme tensión del proceso, ahora sí, como si de cualquier otro comicio se tratase, la bolsa se atiene a la regla y reacciona con un recorte moderado del 1,7%.

La excepción, que nunca falta, es el primer resultado electoral en el que el actual presidente Pedro Sánchez (PSOE) consiguió ser la lista más votada. Pese a que Rajoy era del PP, el mercado celebró la continuidad en el gobierno sin mayores sobresaltos, especula la gente de XBT. Así, el índice, en lugar de caer, subió un 0,53%. 

A veces es mejor no saber. Sorprenderse. Puede que no en el mercado. Pero por algo Casandra en griego antiguo significa “la que enreda a los hombres”.

El calendario de la Bolsa: ¿pegados a Bloomberg en la playa?

Por empezar, nadie tenía agendadas las elecciones para el verano. El inesperado adelantamiento decidido por Sánchez depositó al mercado en una “zona de siesta”: los meses de verano se hacen pocos negocios, aumenta la volatilidad y son poco rentables.

Esto no anula, desde ya, la expectativa latente de un gobierno más proclive al mercado. Pero es una época del año peculiar. Pocas operaciones (iliquidez) pueden amplificar la reacción de pocos.

Los analistas de eToro se tomaron el trabajo de hacer una extensa recopilación de datos para verificar este ritmo cansino de verano. Estudiaron el comportamiento de 15 de los principales índices bursátiles globales durante los últimos 45 años.

El balance final arroja en los meses de junio, julio y agosto un ligero saldo positivo, de media, de +0,14%, frente al +0,64% acumulado durante el resto del año.

El índice mundial más rentable en verano es el Nasdaq, con un rendimiento medio mensual del +0,77%. Tampoco ninguna maravilla. En el extremo opuesto, sobresale el índice Mib italiano, al registrar un rendimiento medio mensual del -0,75%.

En España, el efecto “modorra” se hace sentir. Entre los 15 índices, el Ibex aparece, de hecho, como el tercero más débil, al perder una media de 0,12% mensual (el resto del año mejora a +0,51% mensual). 

Sin irnos tan lejos en la serie histórica, un análisis de lo ocurrido entre 2014 y 2022 revela que la bolsa española terminó en terreno negativo durante todos los años sin excepción entre junio y agosto.

Pero normalmente el verano es una época con pocas noticias y por ende, sin una dirección clara en el mercado.

No será así esta vez. Aunque más allá de los comicios, y un resultado en buena medida “descontado”, el mercado tiene por estos mismos días sus propios disparadores. 

El 17-J arrancó la nueva temporada de resultados, una catarata de información vital para los inversores que permitirá además validar -en la medida en que sean igual de sólidos- las subas de muchos sectores, como el tecnológico.

De lo contrario, será señal de que la racha alcista está probablemente agotada para el resto del año. Los balances también reflejarán cuánto se extendió y hasta dónde llega el daño causado por el constante aumento del costo de financiación.   

Poco después de la elección, los banqueros centrales robarán por completo la escena. El 26-J será la reunión de la Fed y el 27-J la del Banco Central Europeo. Ahí estarán los inversores buscando indicios sobre qué tan lejos puede llegar la escalada de tasas, incluso con una recesión profunda como amenaza. 

En principio se espera que Jerome Powell, en EE.UU., vuelva a subir la tasa tras la pausa de junio.

La inflación anual se desaceleró a 3% en junio, su tasa anual más baja en más de dos años, desde 4% en mayo. Pero si bien el IPC subyacente, la referencia que utilizan los bancos centrales y que excluye los costos volátiles de los alimentos y la energía, cayó al 4,8% anual desde el 5,3%, aún sigue lejos del target del 2%.

En Europa, Christine Lagarde tampoco tiene opción, sobre todo después del último dato.

La inflación general se moderó a 5,5% anual en junio desde 6,1% en mayo por el repliegue de los costos de la energía, hasta su nivel más bajo desde antes del inicio de la guerra en Ucrania. Pero la subyacente se aceleró levemente de 5,3% anual en mayo a 5,4% en junio, dejando casi servido otro incremento de 25 puntos básicos. 


La rentabilidad de los presidentes 

 

Hablando de tasas, aún cuando los bancos quedaron sujetos a un impuesto extraordinario fijado por Sánchez, lideran las ganancias durante su mandato con una revalorización del 26% (beneficiados por el impacto de financiación más cara, morosidad controlada y poco traslado a la remuneración de depósitos, algo que empieza a corregirse). 

El sector financiero es el de mayor ponderación en el índice español (cercano al 30%).

Para los dos gigantes españoles, BBVA y Santander, las perspectivas son muy sólidas.

Según UBS, el BBVA, que sube en el año un 32,35%, hay un recorrido alcista potencial del 31%. En el caso de Banco Santander, con un avance del 26% en el año, es del 51%. Las otras entidades que cotizan en el Ibex son Unicaja Banco, Bankinter, Banco Sabadell y Caixabank. 

Pero en general, estos últimos años fueron de ganancias magras para los inversores.

Si tomamos el IBEX 35 con dividendos, también conocido como "IBEX35 Total Return" (asumiendo que se invierte en todas las empresas durante un año), el índice sumó sólo 18,35%, el resultado más pobre desde que fue creado. 

A Sánchez le tocó lidiar con la pandemia del Coronavirus y quedará en la historia el hito de la peor sesión que vivió la bolsa española el 12 de marzo de 2020 con un desplome cercano al 14%. 

En estos cinco años casi no hubo sector que se salvara. Las empresas de servicios inmobiliarios se hundieron (-38,6%) y las firmas de servicio de bienes de consumo perdieron promedio 29,7%.

Según XBT, si reparamos en la rentabilidad media anualizada, Pedro Sánchez clasifica último con 3,35%. José María Aznar, quien gobernó durante el tiempo más largo de vida del índice (1992), lidera con 11,85%. En el caso de Felipe González, la rentabilidad es superior (13,82%) pero el período de evaluación es de solo 4 años de lo que fue todo su gobierno.

José Luis Rodríguez Zapatero (4,44%) y Mariano Rajoy (7,07%), quedaron a bastante distancia. Al primero le tocaría la quiebra de Lehman Brothers, con caídas de más del 60% en constructoras e inmobiliarias en 2008. Al segundo, la peor caída diaria de la bolsa en 2016 por el Brexit con un derrumbe de 12%.

 

Si le ponemos una ficha a Núñez Feijóo

 

Algunas propuestas pueden ser catalizadores positivos en bolsa para ciertas empresas.

El Partido Popular hace del turismo uno de los ejes de su programa, con la vocación de rehabilitar y modernizar los destinos estratégicos. Acá sugieren a la aerolínea IAG (cubre la ruta latinoamericana) y a empresas como Meliá Hoteles o NH Hoteles.

En materia de obra pública, considera que el agua es una cuestión de Estado y tiene la intención de promover un Pacto Nacional del Agua. Su intención es duplicar la inversión anual en infraestructuras donde participarían las cotizadas FCC, Sacyr y Acciona.

Núñez Feijóo finalmente mantendría el actual impuesto a la banca con alguna modificación, mientras que el impuesto al sector energético se reformularía para fijarse en los beneficios y no en la facturación como ocurre actualmente. 

En lo que hace a las energías renovables, más allá de la decisión del PP de extender la vida útil de las plantas nucleares, la nueva “tasa por hito” ha generado algunas dudas. Se trata de un cargo a los promotores renovables para financiar el sobrecoste administrativo que exige la transición energética, esto es la tramitación de permisos del aluvión de proyectos verdes para evitar un colapso burocrático. 

"Podría agilizar la tramitación. No será determinante para la rentabilidad de los proyectos, aunque dependerá de la cuantía”, decían en el mercado. En principio, firmas como Solaria, Grenergy o Acciona Energía tienen algunos interrogantes por delante si se produce un cambio a favor del Partido Popular.

Lo que puede suceder en caso de reelección de Sánchez, hace cinco años que se conoce de sobra.

 

 

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