19 de marzo de 2026 14:06 hs

Ocurrió. Pero no fue Donald Trump.

Por primera vez en la guerra que EE.UU. e Israel iniciaron contra Irán, instalaciones energéticas vitales de Teherán fueron bombardeadas.

Lo hizo Tel Aviv.

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La guerra entró en una fase mucho más crítica y explosiva. Irán advirtió sobre las “consecuencias incontrolables” de haber cruzado este límite. Ahora está en juego su economía.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, actuó solo. El presidente de EE.UU. lo reconoció (aunque aseguran que estaba al tanto de la operación).

Pero Trump tuvo que respaldar a su aliado aún cuando complica la estrategia que venía ensayando -torpemente- de apaciguar el precio del petróleo (y el de la gasolina en casa).

También ayudó a calmar a los mercados con un petróleo que estaba en una trayectoria empinada.

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Es que la represalia de Irán no demoró y golpeó con fuerza. Un nuevo ataque a la ciudad industrial de Ras Laffan, en Qatar, el complejo que alberga la planta de exportación de gas natural licuado más grande del mundo.

La planta, que representaba una quinta parte del suministro mundial, ya había detenido la producción a principios de este mes, al ser alcanzada por un misil.

Horas más tarde, Abu Dabi también cerró sus instalaciones de gas de Habshan.

Trump aseguró que no habría más ataques de Israel a objetivos energéticos (Netanyahu necesita calmarse).

Pero le advirtió a Irán que si las instalaciones de GNL de Qatar vuelven a ser atacadas “volaría en forma masiva el yacimiento entero”.

A diferencia del petróleo, no existe una reserva estratégica para el GNL.

Un yacimiento vital para la generación de electricidad

En la apertura del jueves, el crudo en Europa, el Brent llegó a dispararse 10% a u$s 118, acumulando una suba de 63% desde el inicio del conflicto, mientras que el gas trepaba 35%.

El mercado intentaba digerir una nueva escalada en la guerra. Los precios luego fueron cediendo.

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Israel, que venía concentrándose en eliminar figuras claves de la cúpula de mando iraní, atacó el gigante yacimiento de gas de South Pars.

Teherán se vio obligado a interrumpir el suministro lo que provocó cortes de energía en Irak, según reporta Bloomberg. Esto pone de manifiesto cómo los ataques pueden tener reverberaciones regionales.

El blanco elegido por los israelíes marca un giro en la guerra, que ahora se centra en deteriorar la infraestructura económica de Irán y limitar su capacidad para seguir combatiendo.

South Pars es fundamental para el suministro de gas de Irán y, por extensión, para la generación de electricidad y la actividad industrial.

Incluso las interrupciones temporales pueden traducirse en escasez de energía, ralentización de la actividad y una mayor presión económica.

Por otro lado, en la isla de Jark, el pequeño territorio que funciona como hub petrolero iraní, hasta el momento la actividad no registró alteraciones pese a los recientes ataques a bases militares.

Las exportaciones de crudo se mantienen en niveles similares a los de la pre-guerra.

Todo indica que Trump, más allá de su reciente amenaza, no tiene intención de desestabilizar aún más el suministro global.

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