2 de diciembre 2024 - 16:12hs

La ola de antisemitismo que viene asolando a Europa de manera creciente y constante desde el 7 de octubre de 2023 ha puesto en alerta máxima a las instituciones de la comunidad judía sobre la posibilidad de que la violencia contra sus establecimientos y ciudadanos israelíes continúe incrementándose en el corto plazo.

El pogromo de Ámsterdam del 7 de noviembre marcó un antes y un después en la degradación que han estado padeciendo casi un millón de sus miembros en los diferentes países del Viejo Continente fruto del odio que se ha desatado en sus calles. También, ha dejado a las claras que los gobiernos no están preparados para protegerlos ante la peor ola de agresiones sufridas desde la Segunda Guerra Mundial.

RÉCORD DE MUDANZAS A ISRAEL

Esto ha llevado a que la Agencia Judía haya registrado un récord en las solicitudes de europeos que procuran dejar sus lugares de origen para mudarse a Israel, incluso en medio de la guerra que está llevando adelante contra Irán y los grupos terroristas Hamás y Hezbollah.

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La creencia de que “nunca más” volverían a sentirse perseguidos y temerosos de sus vidas tras lo ocurrido en la Shoá, se ha tornado una quimera ante la inacción de los gobiernos frente a la violencia verbal y física que han estado sufriendo desde hace más de un año.

Incluso, en algunos casos como el de España, estas agresiones antisemitas han sido fogoneadas por ministros de la administración de Pedro Sánchez como Sira Rego, Irene Montero, Ione Belarra y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, quienes, incluso, han participado en primera línea en manifestaciones pro Hamás y llamado a la destrucción de Israel.

El desinterés, el wokismo imperante en la elite política, la incapacidad, el temor a la reacción de las minorías musulmanas, entre otras razones han llevado a los gobiernos del Viejo Continente a la inacción y dejado en una situación prácticamente de indefensión a sus poblaciones judías.

PEDIDO A LA UNIÓN EUROPEA

Esta situación motivó a la Asociación Judía Europea (AJE) a solicitarle públicamente a los estados miembros de la Unión Europea que declaren “inmediatamente un período de emergencia de seis meses contra el antisemitismo” para obtener un “mayor nivel de protección” y salvaguardar a estas comunidades y, al mismo tiempo, “defender los valores europeos fundamentales” de “tolerancia, respeto mutuo, libertad para identificarse, ser y vivir”.

Su plan de resguardo de la seguridad se basa en tres puntos. Por un lado, busca que se garantice “una regulación adecuada y significativa de los eventos públicos” que incluya “la prohibición y penalización de expresiones, insignias y pancartas que sean de naturaleza antisemita y que inciten a la violencia”.

A su vez, exige que las manifestaciones cuenten con autorización previa y se rijan por un código de “conducta y lenguaje” que sea controlado por la Justicia, siguiendo los marcos legales europeos.

“Es evidente para todos que el derecho absoluto y fundamental de la libertad de expresión se abusa diariamente para incitar al asesinato, el odio y la división. La tolerancia de este odio, bajo nuestro reflejo natural de proteger este derecho fundamental, está alimentando directamente el fuego del antisemitismo”, sostienen.

Finalmente, la AJE propone incrementar la presencia policial en las zonas donde se encuentra la mayor concentración de instituciones judías y donde residen sus miembros, para permitirles vivir y desarrollar sus actividades con una mayor “normalidad”.

Esto ya se ha implementado en algunos países como España donde cada uno de estos establecimientos cuenta con la presencia constante de la Policía nacional y local para protegerlas de posibles ataques antisemitas.

Este plan de la AJE se focalizó sólo en las medidas que deben implementar los gobiernos europeos, pero dejó de lado las tareas que pueden hacer las propias comunidades para contrarrestar esta ola de odio y violencia.

LLAMADO A LA MOVILIZACIÓN

En ese sentido, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sostuvo el 27 de octubre que los miembros de la diáspora debían despertar del letargo y el temor en el que están sumidos y empezar a movilizarse para enfrentar a sus agresores.

“¡Levántense, no tengan miedo. Muéstrense orgullosos y hagan retroceder a los antisemitas. No dejen que les ganen. No se oculten. Sean fuertes!”, afirmó el mandatario durante una entrevista televisiva.

No sería la primera vez que los judíos de la diáspora deban recurrir a sus propios recursos para combatir a sus agresores tras ser abandonados por las fuerzas de seguridad de los países donde viven.

Un ejemplo de esto fueron los grupos de autodefensa judíos creados en Sudamérica (Argentina, Uruguay, Chile, Venezuela y México) entre 1960 y 1975 para enfrentar los ataques que padecían de asiduamente.

El más importante de ellos se creó en Buenos Aires para responder a las hordas antisemitas nucleadas bajo el nombre “Tacuara”, que agredía a las instituciones comunitarias y que llegó a asesinar a uno de sus miembros.

Así, varios miles de hombres y mujeres judíos se sumaron a estas propuestas, se entrenaron para la lucha cuerpo a cuerpo y hasta en el uso de armas y comenzaron a ayudar en la seguridad de las diferentes entidades.

No solo colaboraron en resguardar a la comunidad de nuevos ataques, sino que, además, enfrentaron con violencia a sus agresores y terminaron para siempre con sus actividades, tal como lo destaca el historiador Raanan Rein en su libro “Cachiporras contra Tacuara: Grupos de autodefensa judíos en América del Sur, 1960-1975”.

Algunas de estas tareas, como la de seguridad, ya la realizan estos grupos en la mayoría de los países europeos. Quizás sea hora de que las instituciones judías del continente aprendan de estas y otras lecciones y pasen a la acción antes de que sea demasiado tarde. “Y si no es ahora, ¿cuándo?” Ahora es el momento de actuar”, concluyen desde la AJE.

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