17 de junio 2024 - 10:00hs

Mbappe 1 Messi 0. La frase, escrita a las apuradas y sin talento en un posteo de twitter, podría haber sido redactada por un fan del Real Madrid, frustrado quizá como otros tantos de sus simpatizantes, por la estadística victoriosa que el crack argentino conserva sobre el club de fútbol más exitoso del planeta. Una medalla más sobre su pecho.

O podría haber sido escrita por un fanático del astro del fútbol francés, que marcó tres goles en la final del Mundial de Qatar que Francia perdió ante la Argentina, para dejar en los nuevos campeones el rastro del respeto y hasta el de la admiración por su desempeño asombroso.

Pero no. El resultado favorable a Mbappe aventajando a Messi fue escrita por varios tuiteros argentinos, simpatizantes del peronismo y sobre todo de ese estadio inferior del peronismo que es el kirchnerismo.

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Acomplejados, enojados con la realidad y henchidos de rencor contra el jugador amado por la Argentina porque siempre les dio la espalda.

Porque no pudieron soportar que el mejor futbolista de la historia esquivara al ministro Wado de Pedro y rechazara el balcón de la Casa Rosada administrado por el kirchnerismo para darle la tonalidad política que tanto deseaban a la celebración apoteósica del campeonato mundial.

En su ceguera histórica y proverbial, los kirchneristas como los de esos tuits penosos, condenan a Messi por no rendirle culto al relato mentiroso. Por no aceptar la ofrenda el abrigo político y entregarse a la neutralidad de la fiesta del pueblo.

La que no tiene amos ideológicos y solo obedece a la independencia del sentimiento. El fútbol es tal vez la única religión en la que sus feligreses se abrazan con el que tienen a su lado sin detenerse a comprobar el color, la raza o los dogmas políticos que llevan en sus entrañas.

¿Porqué entonces la inquina del kirchnerismo, y la de sus seudópodos de la izquierda argentina, contra el jugador que va a iniciar otra cruzada futbolística con la Copa América para sumarle tal vez una alegría más a los ciudadanos frágiles que habitan la Argentina?

Simplemente, porque el francés Mbappe hizo unas declaraciones llamando a votar contra la derecha de su país.

Apenas por eso, que no puede sorprender a nadie. Porque Mbappe forma parte de los hijos de los inmigrantes africanos que poblaron la Francia desde 1960 y que constituyen una minoría cada vez más intensa y determinante en la vida del país más invadido de Europa. El país al que sometieron los romanos de Julio César, los alemanes de Bismarck y los nazis de Adolfo Hitler.

La derecha más extrema, la ultraderecha como le gusta simplificar al español Pedro Sánchez, culpa a la inmigración africana y sobre todo a la más fundamentalista y radical, de ser la responsable de los grandes males de Europa. Y más allá de las razones que tenga o no ese razonamiento, Mbappe se defiende llamando a no votar a ese sector que acaba de lograr hace una semana un triunfo impresionante en las elecciones para la Unión Europea.

Por eso, es lógico que Mbappe y otros jugadores de la Selección de Francia, también hijos de inmigrantes, llamen a votar por opciones políticas diferentes a la que encarnan Marine Le Pen y el joven Jordan Bardella, la revelación de la derecha extrema en las elecciones del domingo 9 de junio.

Derrotado y humillado, Emmanuel Macron ha llamado a otros comicios para antes de fin de mes e intenta sumar a la mayor cantidad de soldados posibles en la guerra contra sus enemigos. En medio del furor deportivo de la Copa de Europa, Mbappe acaba de alistarse a ese ejército.

Entonces los kirchneristas argentinos, en la confusión ideológica en la que han vivido hasta caer en la decadencia actual, confunden a Mbappe y a Messi dentro de esa batalla imaginaria que creen estar dando contra los poderosos del mundo.

Levantan a la estrella de los franceses, cuyo salario (el más alto entre los futbolistas de todo el planeta) viene pagando la monarquía absoluta que gobierna Qatar desde ha más de medio siglo, contra el muchacho argentino nacido en Rosario cuyo mayor pecado parece haber sido no definirse por ninguna bandería política.

Perdonalos Messi. No saben lo que hacen y sostienen su desconcierto sobre los hilos del culto a la intolerancia.

Durante el domingo posterior a las declaraciones del hábil Mbappe, los kirchneristas atascaron las redes sociales y los medios tradicionales atacando a Messi, el futbolista que superó la incomprensión de los argentinos hasta quedarse con el corazón de las mayorías, incluso con el de muchos kirchneristas vencidos por la vacuna popular que representa el fútbol.

- Dijeron que Messi es millonario y no comprende el sentimiento de los pobres (como si Mbappe fuera todavía un joven desamparado entre los inmigrantes llegados de Africa).

- Dijeron que Messi fue partidario de Mauricio Macri y ahora lo es de Javier Milei (Messi compartió una foto con el ex presidente, como las miles de imágenes que compartió con tantos personajes alrededor del mundo, y todavía no se le conoce relación personal o fotográfica con el presidente Milei).

- Dijeron que Messi no tiene la sensibilidad popular que si tuvo su antecesor Diego Maradona (quien fue un grandioso futbolista, campeón mundial también e idolatrado con la Selección Argentina pero que perdió parte de su embrujo social cuando se supo que tenía relaciones sexuales con menores de edad amparadas por la dictadura de Fidel Castro).

La de ensalzar a Mbappe para degradar a Lionel Messi es apenas otro capítulo de la obsesión que el kirchnerismo tiene con un ser que solo los ignora. Que le ha regalado a toda una sociedad empobrecida por aquellos que lo crucifican el momento sublime de felicidad que estalló con la obtención del Mundial de 2022.

Messi ha ejercido su filantropía en el mayor de los silencios. Enviando una decena de respiradores a su Santa Fe natal en el peor momento de la pandemia, generosidad que el kirchnerismo rechazó enceguecido por la mala praxis de su gobierno, pòr sus negocios con líderes antidemocráticos como Vladimir Putin y por sus vacunatorios Vips.

Así como Messi es casi todo lo que está bien en un país golpeado como la Argentina, el kirchnerismo es casi todo lo que está mal.

La acusación al crack argentino es un kilómetro más en la brecha que los va separando de las mayorías de la sociedad argentina.

Algo queda bien claro. El castigo merecido para el kirchnerismo es que a Messi no le importa. Y lo que es peor. Es probable que, siendo tan patético, el asunto tampoco le importe al mismísimo Mbappe.

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