La investigación sobre el crimen de Mateo ha derivado en un debate sobre la salud mental de Juan, el joven de 20 años que asesinó al niño de 10 puñaladas mientras jugaba con sus amigos en un polideportivo.
Su padre, Fernando, vecino del pueblo de toda la vida, dijo que desde hace tiempo su hijo había dejado de hacerle caso, que tiene una discapacidad de más del 70% pero que “no toma medicación”.
Dijo que su hijo “es un chico sano” y que los vecinos “no lo han tratado con amor” sino como un “tonto loco”, que más de una vez “apedrearon” su casa por la noche.
Los vecinos del pueblo de Mocejón afirman conocer a la familia “de toda la vida”, que los abuelos son un encanto pero que el padre de Juan es una persona agresiva que siempre maltrataba a sus hijos. Rosa, que realizaba tareas de limpieza en la casa de los abuelos, asegura más de una vez escuchó los gritos de Fernando a su exmujer y a sus hijos, y que también llegó golpear a los jóvenes.
Los padres de Mateo están separados y él vive junto a su madre en Madrid, estaba pasando unos días con su padre cuando cometió el brutal asesinato.
Rebeca, otra vecina de esta familia, cuenta que Fernando nunca tuvo un trabajo fijo sino que se gana la vida como puede. Durante un año trabajó en el ayuntamiento en labores de limpieza que, sin embargo, no cumplía nunca. Y actuaba de manera rebelde ante todas las reglamentaciones del trabajo.
Según los comentarios, el padre del autor del crimen, durante la pandemia de COVID, sostenía que junto con las vacunas implantaban un chip a las personas que las recibían.
EN TERCERA PERSONA
Según fuentes del caso, Juan confesó el crimen hablando en tercera persona "lo ha hecho mi otro yo" aseguró en su declaración. En tanto, algunos especialistas sostienen la hipótesis de que su cuadro podría tratarse de un trastorno de identidad disociativo.