21 de agosto 2025 - 11:08hs

La reciente ola de incendios en España hizo estragos en la Cordillera Cantábrica, devastando extensas áreas de reservas naturales, afectando gravemente a dos de las especies más emblemáticas de la región: el oso pardo y el urogallo cantábrico. Estos incendios han destruido hábitats esenciales para su supervivencia, poniendo en riesgo su estabilidad poblacional.

Preocupación por el Oso Pardo

En la provincia de León, se estima que habitan alrededor de 370 osos pardos, distribuidos en dos núcleos: uno occidental con unos 250 ejemplares y otro oriental con aproximadamente 120. La desaparición de grandes áreas de robles, encinas y cerezos ha reducido las posibilidades de alimento y refugio para estos animales. Sin frutos ni árboles para refugiarse, su supervivencia depende de la capacidad de desplazarse hacia territorios más estables, lo que podría alterar sus patrones de movimiento y aumentar los conflictos con la actividad humana.

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El urogallo cantábrico, en peligro crítico

Otra de las especies en grave peligro es el urogallo. El urogallo cantábrico, una de las aves más amenazadas de Europa, también se ve gravemente afectado. De los aproximadamente 209 ejemplares que sobreviven en la cordillera, dos tercios se concentran en las comarcas leonesas de Alto Sil, Laciana y Omaña, precisamente en las áreas más afectadas por el fuego. La desaparición de sotobosques y claros adecuados para su reproducción compromete seriamente la viabilidad de esta especie, que ya arrastra décadas de declive poblacional.

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Una recuperación que llevará años

Más allá de la superficie quemada, el daño alcanza al propio suelo, donde los incendios de combustión profunda destruyen microorganismos y fauna esencial para la cadena trófica. Micromamíferos, reptiles e invertebrados, base del alimento de especies como las musarañas o aves insectívoras, tardarán años en recolonizar el terreno, lo que agrava aún más el panorama para la biodiversidad.

Piden refuerzos para protegerlos

Organizaciones como SEO/BirdLife y FAPAS coinciden en la necesidad de disponer con urgencia una estrategia estatal que refuerce la prevención, la restauración de bosques autóctonos y la protección de hábitats incluidos en la Red Natura 2000. También subrayan la urgencia de garantizar la conectividad ecológica, sin la cual especies como el oso y el urogallo quedan expuestas al aislamiento genético y a la falta de recursos.

Aunque la población de oso pardo aún cuenta con cierta capacidad de adaptación, el futuro del urogallo sí se vislumbra crítico si no se revierten las dinámicas actuales. Los incendios han demostrado su poder destructivo: en cuestión de días pueden borrar un paisaje que la naturaleza tardó siglos en construir, comprometiendo la supervivencia de dos de los símbolos más reconocibles de la montaña leonesa.

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