Durante la próxima visita de León XIV a España, los fieles volverán a ver a un pontífice recorriendo las calles y saludando a la multitud desde el clásico papamóvil. Sin embargo, en esta ocasión, la tradicional estampa compartirá protagonismo con una novedad logística: el uso de tres vehículos eléctricos tipo buggies de golf, incorporados expresamente para favorecer la cercanía con las personas en los diferentes actos programados.
El objetivo prioritario del comité organizador es que Robert Francis Prevost utilice el papamóvil el mayor tiempo posible durante sus traslados por las distintas ciudades españolas. Según ha explicado Yago de la Cierva, uno de los coordinadores nacionales del viaje del pontífice, esta decisión responde a que "la gente quiere dar a León XIV una calurosa acogida", lo que exige maximizar la visibilidad del obispo de Roma en sus desplazamientos públicos.
Vehículos eléctricos en Madrid, Barcelona y Tenerife: la apuesta por la proximidad
Para los actos previstos en espacios cerrados o de dimensiones más reducidas, la organización ha buscado una fórmula que conjugue las máximas garantías de seguridad con una mayor proximidad física con los asistentes. Con este fin, se han adaptado a modo de pequeños papamóviles abiertos dos vehículos eléctricos similares a los buggies que se emplean habitualmente en los campos de golf.
La preparación de estos particulares vehículos se está llevando a cabo de forma descentralizada. En Madrid y en Tenerife se están acondicionando dos unidades de golf cart gracias a las aportaciones de benefactores privados. Por su parte, el tercer vehículo que utilizará León XIV en la etapa de Barcelona será enviado directamente por la Santa Sede desde Roma.
Operativo militar para el traslado de los papamóviles desde Roma
La gestión del transporte de la flota papal desde el Vaticano varía en función de las necesidades logísticas y de las características del destino, pudiendo realizarse por vía marítima o aérea. Para la visita a territorio español se ha optado por la vía aérea, en un despliegue donde el Ministerio de Defensa de España se encargará directamente del transporte, según han confirmado a EFE fuentes de la organización.
Un avión de la Fuerza Aérea española viajará a Roma para transportar los dos papamóviles y uno de los buggies vaticanos. La aeronave militar realizará una primera escala en Barcelona para descargar el coche de golf y uno de los papamóviles, concretamente un modelo de la marca Isuzu. Una vez concluya la agenda en la capital catalana, este vehículo Isuzu será trasladado a Tenerife para cubrir la etapa insular.
Tras su parada en Barcelona, el avión militar continuará su ruta hacia Madrid. Allí se descargará el segundo papamóvil, un Mercedes 500. Tras cumplir sus funciones en la capital de España, este automóvil será llevado hasta Las Palmas de Gran Canaria. Una vez finalizados los actos previstos en dicha isla, el Mercedes 500 se trasladará también a Tenerife para unirse al modelo Isuzu. Desde el archipiélago canario, ambos vehículos emprenderán el viaje de regreso definitivo a Roma.
Evolución histórica: del atentado de Juan Pablo II al blindaje moderno
El concepto actual de papamóvil define a un automóvil abierto o provisto de una cabina de cristal blindado, por lo general de color blanco, diseñado específicamente para que los fieles observen al pontífice desde múltiples ángulos. Los Museos Vaticanos sitúan el origen de esta tipología en un vehículo todo terreno Toyota Land Cruiser blanco, utilizado de forma esporádica por Pablo VI tras el Jubileo de 1976 para trayectos breves ante multitudes, aunque en aquella época no se empleaba el término actual.
A ese primer diseño le sucedió un Fiat Campagnola, el cual ocupaba Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981 cuando sufrió el atentado a manos de Mehmet Ali Aca. Este suceso histórico marcó un punto de inflexión radical: a partir de ese momento, los vehículos papales incorporaron de forma obligatoria blindaje y una cúpula de cristal antibalas. El primer modelo que integró el concepto moderno fue utilizado por el propio Juan Pablo II en 1982 durante su viaje oficial a Gran Bretaña.
A partir de ese momento, diversas marcas automovilísticas han fabricado unidades para el Vaticano. Mercedes-Benz mantiene una tradición iniciada en 1930 con un regalo al papa Pío XI; durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI se construyeron cerca de una treintena de vehículos repartidos por todo el mundo, muchos de los cuales hoy se exponen en museos. Dentro de este historial destaca el Seat Panda adaptado de urgencia para la visita de Juan Pablo II a España en 1982, considerado el único papamóvil made in Spain.
La tecnología ha seguido avanzando hasta que en 2024 Francisco recibió el primer papamóvil cien por cien eléctrico, fabricado por Mercedes, que mantiene el color blanco tradicional y el techo de cristal. En paralelo a la versión blindada, coexiste el formato tipo buggy o jeep abierto, que recupera el espíritu de cercanía del antiguo Campagnola para permitir que el pontífice circule de pie entre la multitud. En la plaza de San Pedro, esta función la desempeña un jeep blanco desprovisto de blindaje, equipado con parabrisas plegable y pasamanos. Este vehículo fue estrenado por Benedicto XVI en 2007 y heredado por Francisco, quien rechazó voluntariamente la protección blindada al considerar que el cristal ejercía una separación excesiva entre él y la gente.
Modelos y estilos de conducción de Juan Pablo II y Benedicto XVI en España
Las anteriores visitas de los pontífices a España han dejado constancia de diferentes estilos de uso y de prioridades logísticas. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI emplearon en suelo español el modelo Mercedes-Benz ML430 de color blanco. Este vehículo se caracterizaba por un habitáculo trasero elevado con cristales antibalas en tonos verdosos y un sillón central dotado de un sistema para alzarse y girar, facilitando la visibilidad pública.
Durante el viaje de Benedicto XVI a Santiago de Compostela y Barcelona en noviembre de 2010, el Vaticano llegó a enviar dos papamóviles: uno que ya había sido utilizado previamente por Juan Pablo II y otro obsequiado directamente a Joseph Ratzinger por la firma automotriz alemana. Con Benedicto XVI, el automóvil papal se empleó bajo estrictas directrices protocolarias, limitándose a trayectos visibles y bien acotados entre aeropuertos, la Nunciatura Apostólica, catedrales y grandes concentraciones, rodeado siempre de un fuerte despliegue policial.
Por el contrario, la trayectoria de Juan Pablo II quedó unida a una imagen mucho más dinámica y urbana, caracterizada por una constante búsqueda de cercanía física con los fieles, saludando de pie durante recorridos multitudinarios de larga duración. La próxima estancia de León XIV en España determinará el criterio y el estilo personal con el que decidirá emplear la flota de papamóviles y buggies, definiendo la nueva memoria visual que dejará su pontificado en las calles españolas.