Por Katharine Pichardo, en colaboración con Ingrid Durán y Catherine Pino, Co-Fundadoras de PODER PAC.
Donald Trump y sus aliados están avanzando rápidamente hacia una agenda que busca restringir el acceso a anticonceptivos, criminalizar a los médicos que recetan medicamentos de prevención, y negar servicios médicos básicos a las mujeres. La administración de Trump abandonó una demanda para bloquear la prohibición total del aborto en Idaho y ha prometido revisar la aprobación de la mifepristona, una píldora abortiva aprobada por la FDA que ha sido segura y efectiva por décadas.
Pero el ataque de Trump no se detiene ahí. Quiere controlar todos los aspectos de nuestras vidas. Está impulsando la eliminación del Departamento de Educación, lo que pondría en peligro las protecciones de Title IX que han garantizado la igualdad de género en la educación y el acceso de las mujeres a la educación superior. Sin acceso a la educación, las mujeres perderemos nuestra independencia económica y nuestras oportunidades de progreso.
El plan es claro: si Trump y sus aliados logran salirse con la suya, las mujeres seremos más vulnerables, tendremos menos recursos y menos poder para tomar decisiones sobre nuestras vidas.
Esta estrategia está siendo diseñada y ejecutada a través de Proyecto 2025, un manifiesto para imponer una agenda ultraconservadora que incluye la prohibición nacional del aborto que afectará a 75 millones de mujeres, eliminación de protecciones contra la discriminación por género y sexualidad, recortes en el acceso a programas de asistencia social y al crédito tributario por hijos, afectando directamente a las madres trabajadoras; la restricción del acceso a métodos anticonceptivos, la reducción de las licencias familiares y médicas pagadas, y una guerra abierta contra los programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) en el sector público y privado.
Un retroceso de décadas
Trump quiere que las mujeres retrocedamos décadas. Quiere que regresemos a un tiempo en el que las mujeres no teníamos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, en el que éramos dependientes de los hombres para sobrevivir, en el que la igualdad de género era una ilusión. Pero no lo vamos a permitir.
Las mujeres son una fuerza económica y política poderosa en Estados Unidos. Contribuimos con más de 7,6 billones de dólares a la economía cada año. Somos líderes, empresarias, trabajadoras y madres. Las mujeres no solo movemos la economía; también decidimos el rumbo político de este país. En las últimas elecciones, las mujeres marcaron la diferencia en estados clave. Y lo volveremos a hacer.
Si Trump y su administración creen que las mujeres vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras destruyen nuestros derechos y nuestras oportunidades, están muy equivocados. Ya hemos demostrado que cuando nos movilizamos, ganamos. Y ahora es el momento de volver a levantarnos.
Tenemos que organizarnos y movilizarnos. Tenemos que apoyar y elegir a mujeres que estén dispuestas a defender nuestros derechos. Tenemos que salir a votar en masa para dejar claro que no aceptaremos un gobierno que nos trate como ciudadanas de segunda clase, debemos buscar mayor representación de mujeres en todos los cargos públicos.
Trump quiere arrebatar nuestros derechos, pero las mujeres tenemos el poder de frenarlo. Ha llegado el momento de actuar. Nuestro cuerpo, nuestro futuro y nuestra dignidad están en juego. Si nos unimos, si levantamos nuestras voces y hacemos que nuestras decisiones cuenten en las urnas, podemos asegurar un futuro donde las mujeres sean tratadas con igualdad y respeto.
Esto no es una opción, es una batalla obligatoria por nuestra libertad. Y las mujeres estamos listas para ganarla.