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Nacional se acostumbró a vivir así, a los saltos, en medio de campañas tortuosas y cierres de temporada exitosos. Cambios de entrenadores. Sufrimiento por el juego, por rendimientos individuales inexplicablemente bajos y actuaciones colectivas desconcertantes, pero que incluyen festejos al final de temporada.

Nacional ganó tres de las últimos seis Ligas Uruguayas con la misma inestabilidad que recorre en estos días, y a fin de año va por el bicampeonato.

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¿Acaso en 2020, la temporada de la pandemia de covid-19, no atravesó situaciones tan incómodas o peores (el escándalo en la concentración que costó la salida de una decena de jugadores)?

¿Y qué ocurrió el año pasado? Nacional vivió el éxito de la gestión de Pablo Peirano, quien alcanzó el mejor porcentaje de puntos ganados en años, pero una fragilidad deportiva frente a Peñarol y una desconfianza sobre la capacidad del DT para llevar al equipo a ganar la Liga, que generó un tsunami en el final de la temporada y acabó con su salida a dos partidos de la culminación del Clausura, para que Jadson Viera se llevara los grandes méritos.

En 2026, Nacional sigue utilizando el mismo atuendo y vestido con los problemas que se hicieron una gimnasia institucional, incómoda y peligrosa, pero con títulos que esconden costumbres tóxicas y maquillan debilidades.

El único caso extraño en las últimas siete temporadas, cuando el club ingresó definitivamente en esta vida moderna y en su montaña rusa, se planteó en 2022, bajo la gestión de Pablo Repetto (el único entrenador que completó una temporada) pero con el plus de la llegada de Luis Suárez en el segundo semestre, en su preparación para el Mundial Qatar 2022, quien aportó el plus para colocar a los tricolores en camino expreso al título.

La vida moderna de Nacional: siete años en tensión permanente e inestabilidad insostenible

Nacional vive en una crisis que hace del día a día, y de cada partido, una final.

La campaña de Jorge Bava es peor que la de Jadson Viera.

La de Jadson fue peor que la de Peirano.

La de Peirano fue mejor que la de Martín Lasarte, pero no fue suficiente por la fragilidad que expresó el entrenador frente a Peñarol.

Y así fueron pasando las últimas siete temporadas, en las que el club vivió al límite.

En 2020, año en que ganó el Uruguayo, pasaron tres entrenadores: Gustavo Munúa (22 partidos dirigidos), Jorge Giordano (26) y Martín Ligüera (4).

En 2021, la temporada sin Intermedio porque se alargó el año anterior por el receso por la pandemia de covid-19, Alejandro Cappuccio (24) y Ligüera (15).

En 2022, Repetto rompió el molde: abrió el año y lo cerró como entrenador, fue campeón, dirigió 50 partidos, pero en el estilo de vida que eligió transitar el club, queda planteada la duda acerca de si el entrenador se hubiera sostenido hasta el final sin Luis Suárez.

En 2023, pasaron el argentino Zielinski (8), Álvaro Guitérrez (29), que llegó con la aureola de salvador y de campeón, y antes de cerrar el año se fue por la puerta de atrás para dejar su lugar al DT de Tercera división, un crack como futbolista pero debutante como entrenador, Álvaro Recoba.

En 2024, empezó Recoba (dirigió 37 partidos en los dos años), pero se fue tras quedar eliminado de la Libertadores, entonces pasó Rafael García (1) en forma interina, y el presidente Alejandro Balbi eligió a Lasarte, quien con su espalda ancha, su pasado ganador y una estrategia espejo a la de Peñarol (con Diego Aguirre desde noviembre 2023 comenzó a edificar con estabilidad), para encauzar el rumbo.

Lasarte hizo una campaña para campeón, pero Aguirre, en un 2024 memorable para los aurinegros, lo superó apenas para quitarle el título del Uruguayo y la paz que necesitaba el entrenador tricolor.

En 2025, Nacional volvió a ganar el Uruguayo (el tercero en seis años) en una temporada traumática, con tres entrenadores, Lasarte (dirigió 38 entre mayo 2024 y marzo 2025), Peirano (33) y Jadson Viera, quien dirigió dos partidos del Clausura y las finales.

En 2026, más de lo mismo. Jadson dejó el club al octavo partido (dirigió 12 partidos entre noviembre 2025 y marzo 2026) y llegó Bava (quien lleva 21 partidos, de los cuales perdió nueve).

Este nuevo Nacional, ahora bajo la gestión de Vairo-Perchman, tampoco consigue la estabilidad institucional.

Entonces, tres preguntas buscan respuestas:

¿Tiene una explicación lógica el momento de Nacional? No. Tiene uno de los mejores planteles, pero no da la talla. En julio quitó a siete futbolistas que no se ajustan al plan del entrenador. Se reforzó para este semestre con tres jugadores experientes (Martín Arias, Calvo y Zuculini), lo que se recomienda para afrontar un período límite como el Clausura 2026 en el que el club busca el bicampeonato, pero resulta que dos de ellos (Martín Arias ante Wandereres y Zuculini con Tigre) fueron expulsados en los tres primeros partidos, y Zuculini debió ver la roja también ante Wanderers.

¿Le falta energía a este plantel? Sí. Aunque los futbolistas expresan que los entrenamientos con Jadson Viera y con Bava son de alta calidad, no consiguen trasladar el funcionamiento y la energía a los partidos. Los futbolistas son los principales responsables de lo que ocurre en la cancha. Mirá estos números que no son propios de Nacional, pero que definen a este equipo: 54 amarillas en 21 partidos y ocho expulsados. Además, perdió nueve de 21 partidos jugados con el actual DT.

¿Bava va a seguir siendo el entrenador de Nacional? Sí, pero los dirigentes miran de reojo lo que pueda ocurrir la próxima semana en Buenos Aires, en la revancha ante Tigre por Copa Sudamericana. Otra goleada hará insostenible la continuidad del entrenador. Bava entró en los días en donde cada mensaje en el celular viene con la incertidumbre de saber si llegó el final. No es sano para el entrenador, no es sano para los futbolistas y mucho menos para el club.

Así, esta vida futbolística tóxica, incómoda, y alejada de cualquier aspiración de terminar el año campeón, increíblemente Nacional aún va por su bicampeonato y su cuarto título Uruguayo en siete años.

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