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La historia vuelve a repetirse en el peor escenario posible. La victoria de Inglaterra sobre México en el Mundial 2026 quedó en un segundo plano tras la reaparición del polémico grito homofóbico por parte de la afición mexicana cada vez que sacaba el arquero inglés Jordan Pickford desde su arco.

El protocolo de la FIFA se activó en pleno partido, encendiendo las alarmas sobre las graves consecuencias reglamentarias que podría afrontar la Federación Mexicana de Fútbol (FMF).

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Aunque para muchos se trata de una mala costumbre difícil de erradicar, el máximo organismo del fútbol mundial cuenta con un largo historial de severidad frente a conductas discriminatorias.

Uruguay y Chile, entre otros, fueron multados por FIFA debido al grito homofóbico

Para dimensionar el peligro que corre México, basta con mirar una década hacia atrás. En 2016, la FIFA aplicó mano dura en las Eliminatorias rumbo a al Mundial Rusia 2018. Uno de los casos más resonantes fue el de Chile, donde el Estadio Nacional de Santiago fue suspendido para partidos oficiales debido a los cánticos de tinte xenófobo y discriminatorio de su hinchada.

En esa misma ventana clasificatoria, la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) también sufrió el rigor de la Comisión Disciplinaria, recibiendo duras multas económicas por cantos homofóbicos en un encuentro casualmente disputado ante el propio seleccionado chileno.

La gran diferencia radica en que aquellos antecedentes ocurrieron en procesos clasificatorios, mientras que el episodio de este domingo a la noche se dio en la máxima vitrina del fútbol global, el Mundial 2026, y bajo una política de tolerancia cero que se ha endurecido con los años.

Esta costumbre existió en México durante muchos años y últimamente se había arreglado, de alguna manera, cuando se suspendieron distintos partidos de la Liga MX local, durante algunos minutos, mientras las hinchadas gritaban el grito homofóbico cada vez que sacaba un arquero rival. Sin embargo, contra Inglaterra, volvió el mismo.

La FIFA ya no solo impone sanciones financieras directas; el abanico actual de castigos contempla la reducción de puntos, la obligación de jugar a puertas cerradas o, en el peor de los escenarios, la pérdida del partido.

Con los antecedentes de Chile y Uruguay como espejo de la inflexibilidad regulatoria, el comité disciplinario enfrenta el desafío de sentar un precedente definitivo en plena Copa del Mundo.

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