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La ginecóloga Fernanda Nozar aceptó ocupar la dirección general de la Salud de este gobierno sabiendo que no iba a terminar el quinquenio. Estaba cerca de ascender a profesora titular (grado 5) en la Facultad de Medicina de la Udelar.

Esa fue la razón esgrimida públicamente sobre su renuncia, pero la salida –antes de que termine el proceso de selección para convertirse en la primera catedrática mujer de su especialidad en el Hospital de Clínicas– simboliza la gota de un vaso que está desbordándose por las diferencias de gestión (y del manejo del poder) en la cúpula del Ministerio de Salud Pública.

Según reconstruyó El Observador a partir de fuentes del MSP, de la salud y del Frente Amplio, las tensiones van más allá de este caso puntual y tienen enojados a otros funcionarios. El tema también tiene atentos y alertas a legisladores del oficialismo que están vinculados a la salud y a asesores de la izquierda con llegada a la Torre Ejecutiva.

Uno de los desencadenantes de la salida responde a que Nozar disentía con la forma en que la ministra estaba ejerciendo la conducción del ministerio. Cristina Lustemberg trabaja con gente de su confianza y tiene un círculo que a veces se describe como “cerrado”: Alicia Ferreira, Martín Rebella, Rodrigo Márquez y Zaida Arteta –quien en un momento se manejó que podría ser la directora general de la Salud– son sus principales integrantes. También lo ocupa Álvaro Danza, que lidera ASSE.

Las fuentes señalaron que el subsecretario Leonel Briozzo (MPP) tuvo y tiene poca injerencia. Pero en el armado del organigrama, él había propuesto a Nozar para el cargo y dada la expertise de la ginecóloga (que no es orgánica del MPP) y que Lustemberg la conocía, terminó ocupando el rol.

A diferencia de otros ministerios, en la gestión de los asuntos sanitarios buena parte de las decisiones (sobre todo las más técnicas) pasan por el director general de Salud. Tal es así que, sin importar los gobiernos, suele ser la segunda cara más visible después del ministro.

El núcleo más íntimo de la ministra, por su manera de trabajar, fue dejando fuera a técnicos del MSP o a la propia dirección general de Salud en aspectos que, en realidad, eran de su competencia. Incluso respaldaron la continuidad del director del Hospital Pereira Rossell, Gustavo Giachetto, cuando renunció la directora del área pediátrica y la mayoría de profesores titulares amenazaron con poner sus cargos a disposición.

Dentro del MSP el trato entre Nozar y Lustemberg era (y es) bueno. No es una cuestión personal. Mucho menos de idoneidad. Las diferencias son por la manera de trabajar.

Los informantes relataron que buena parte de la regulación de la eutanasia la hizo ese círculo íntimo de la ministra, con una mínima participación (en el sentido de ser escuchados y de manera activa) de la Digesa e incluso de legisladores que trabajaron para la ley.

A su vez, Nozar estaba involucrada en el plan de salud mental como una de las prioridades. Cuando en la ley de Presupuesto se introdujeron cambios que luego fueron cuestionados por la Institución Nacional de Derechos Humanos dado que iban contra el espíritu de la ley de tender a la desaparición de los hospitales monovalentes y habilitaban nuevas internaciones, los dedos apuntaron a Nozar. Pero, desde el entorno de la exjerarca, devolvieron que la responsabilidad estaba en personas cercanas a la ministra.

El tema genera opiniones cruzadas incluso en El Abrazo, ya que el líder de la Federación de Funcionarios de Salud Pública, Martín Pereira, está en contra de que los hospitales dejen de tener nuevas internaciones. La resolución del asunto está en manos del Parlamento, dado que coordinadores de los tres partidos en el Senado presentaron un proyecto para volver a prohibir las nuevas internaciones.

Más allá de este caso, la difusión en Subrayado, el primer día de abril, de que el MSP empezaría a exigir receta para comprar paracetamol de más de 500 mg. fue parte del desgaste visible.

La información salió luego que El Observador informó que en 2025 casi el 67% de los casos de intoxicaciones que atendía el centro de toxicología del Hospital de Clínicas se origina en drogas que se venden en farmacias.

Canal 10 dio cuenta, a partir de “fuentes del MSP”, que en los próximos días Lustemberg firmaría una ordenanza que obligaría a presentar receta para comprar el medicamento.

Según reconstruyó El Observador, la difusión de la noticia tomó por sorpresa y molestó a la ministra, que no estaba al tanto ni avaló la decisión. En la interna del ministerio, Nozar quedó señalada como la responsable.

La negativa de Lustemberg fue tal que varios días después, en una rueda de prensa, negó que el MSP fuera a tomar esta medida: “Le quiero aclarar a la ciudadanía. Cuando sorpresivamente me enteré de lo que circulaba, quiero decir que nadie del MSP hasta donde yo tengo conocimiento y menos en mi persona como ministra, dijimos que el MSP iba a comenzar a exigir receta para que se dispense este analgésico”, expresó.

Previo a esto, Nozar había participado de una actividad del Frente de Salud del MPP, algo que fue cuestionado desde el entorno de la ministra, ya que según aseguraron, la jerarca les solicitó al asumir a los directores que evitaran los asuntos sectoriales. Si bien no es orgánica, el MPP tiene a Nozar muy bien valorada y Lucía Topolansky ha dicho en algunas reuniones que están conformes con su gestión aunque sabe que es fugaz por venir de la academia.

Quién queda

Tras la salida de Nozar, el subdirector Gilberto Ríos está ocupando el cargo aunque transmitió internamente que no está dispuesto a asumir de forma definitiva (de hecho no se descarta su renuncia si el liderazgo queda en ese círculo íntimo). Una posibilidad es que la tarea recaiga en Arteta aunque en el ambiente de la salud también mencionan como posible a la internista Laura Llambí, que coordina el programa nacional de Control de Tabaco y proviene de la academia.

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