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En el Uruguay de los 3,5 millones de entrenadores de fútbol, bien podría decirse que los nacidos durante el último año caben en el pequeño espacio de la tribuna Ámsterdam sumada a la Colombes. Pero otra comparativa —menos deportiva— da una mejor dimensión de la “notable caída de la natalidad” que atraviesa el país: en 2024 se contabilizaron menos nacimientos que en cada uno de los últimos 12 años del siglo XIX.

Los datos preliminares —y por ende aún en fase de validación— del Ministerio de Salud Pública (MSP) indican que en el último año hubo 29.899 nacidos vivos. Eso significa que, según los cálculos de las demógrafas Wanda Cabella y Raquel Pollero, la cantidad de nacimientos fue similar a la observada en 1888.

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Cuentan que por aquel momento Uruguay daba sus primeros pasos en el “disciplinamiento”. Los campos se habían alambrado, se habían construido las vías del ferrocarril, y la modernización llegaba al ritmo del viento europeo. La sociedad empezaba a controlar las enfermedades con las primeras vacunas y a fuerza de las cuarentenas —aunque la gente se moría a los 45 años en promedio—, y las familias poco a poco controlaban la cantidad de hijos.

Las cartas de algunos obispos de la época hablaban del “pecado”, en referencia al coito interrumpido que empezaba a oficiar de “anticonceptivo natural”. Igual seguían naciendo —y muriéndose— muchos en relación al tamaño de la población.

Casi un siglo y medio después, Uruguay atraviesa una curiosa “fase postransicional”. Así le llaman en el libro Territorios —sale a la venta a fines de esta semana— los demógrafos Cabella e Ignacio Pardo, quienes cuentan que el país puso “fin al período de crecimiento poblacional”.

En ese sentido, los datos preliminares del MSP muestran que, por cuarto año consecutivo, en Uruguay murió más gente de la que nació. Era un escenario previsto que sucediera “un poco” después, pero que la pandemia aceleró y que, a este ritmo, seguirá pronunciándose.

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No es el fin de Uruguay ni una catástrofe, se atajan a decir los entendidos. La baja de nacimientos tiene su cara positiva: el embarazo en adolescentes se desplomó, las mujeres postergaron la edad en la que tienen el primer hijo para desarrollarse a nivel profesional, social y laboral, y los métodos anticonceptivos calaron en sectores que otrora no tenía acceso.

La gente vive más años y las muertes también son el reflejo de esa sociedad que envejece (los viejos tienen más chances de morirse, en especial por enfermedades del sistema circulatorio).

Las muertes —dice el MSP— crecieron más de 3% el último año. Están por debajo del “pico” de la pandemia, pero por encima de lo observado previo a ella. Esconden buenas noticias: se redujo en unas décimas la mortalidad infantil (que había tenido un salto en el 2023), cayeron las muertes maternas y disminuyó la tasa de muertes por cánceres. Pero esos mismos fallecimientos también dejaron camufladas algunas (pálidas) curiosidades

El auge de las muertes “inclasificables”

Toda muerte es, por definición, natural. O, dicho de otro modo, lo natural es morirse. Pero los forenses insisten en que, salvo en un pequeño puñado de casos en los que es imposible saber el motivo, toda muerte tiene una causa que la desencadena.

En Uruguay, sin embargo, siguen en aumento las “muertes inclasificables”. Hace solo una década eran cerca del 8% de los fallecidos al año. Ahora superan el 14%. Crecieron tanto que se convirtieron en la tercera causa de muerte en el país (solo superadas por las enfermedades del sistema circulatorio y los cánceres).

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Los datos preliminares del MSP dicen que, solo durante el último año, hubo 5.163 muertes que fueron clasificadas como “síntomas, signos y hallazgos no clasificados en otra parte”. En el 69% de esos fallecimientos se apuntó “muerte natural”, un problema recurrente en el registro de, por ejemplo, cuando muere un veterano en la soledad de su hogar y no hay signos de violencia.

Estas muertes “causa R”, como le llaman siguiendo la codificación que le asigna la Organización Mundial de la Salud, preocupan a las nuevas autoridades. No solo por la cantidad (que crece en números absolutos), sino por el porcentaje también creciente. Por eso iniciarán un proceso de revisión que incluye, entre otros actores, al Colegio Médico, la Comisión para la Salud Cardiovascular y algunas cátedras de Medicina.

El catedrático de Medicina Legal Hugo Rodríguez había dicho a El Observador que entre sus colegas médicos “existe una negación de la muerte”. Como si los profesionales hayan sido preparados para la cura y no para la enfermedad. Y ese prejuicio, más cierto temor o desconocimiento de cómo completar el certificado de defunción, hace que Uruguay tenga cada vez más muertes inclasificables (y por consecuencia menos información de calidad para las implementación de políticas sanitarias).

Otra curiosidad: la desaceleración de la caída del embarazo en adolescentes

La baja de los nacimientos trae sus desafíos: habrá menos población en edad de trabajar en relación a los pasivos que hay que mantener, el sistema de salud tiene que atender a cada vez más adultos, y los cuidados se ven tensados. Pero las causas que llevan a “la gran caída” de nacimientos tiene un impulso en el que Uruguay es ejemplo mundial: la “notable disminución” de los embarazos en adolescentes.

La tasa de fecundidad en mujeres de 15 a 19 años se redujo a la tercera parte en tiempo récord. Hace tan solo una década, cada 1.000 mujeres adolescentes nacían 61 bebés. Ahora son 20 cada 1.000.

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Pero como muestra el gráfico, el ritmo de la caída de los embarazos en adolescentes empezó a desacelerarse (sigue cayendo, pero de manera menos pronunciada). Es lo esperable si se tiene en cuenta que Uruguay ya alcanzó un “núcleo duro” que es más difícil de mover con políticas como los implantes subdérmicos. Más aún si se tiene en cuenta que la tasa de fecundidad en adolescentes del país está en valores similares a sus pares de ingresos medio-altos. Pero los guarismos siguen lejos de la Europa Occidental.

Eso enciende una luz amarilla: ¿cómo hacer para continuar la baja y que las adolescentes sigan siendo adolescentes que estudian, se realizan y planifican sus embarazos?

La advertencia viene de la mano de otras “malas noticias” que arrojan las estadísticas. Aumentó el porcentaje de nacidos con bajo peso, creció la prematurez y siguió al alza la “epidemia de sífilis gestacional”.

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