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Natalia Oreiro estaba necesitando aire. Dos dramas potentes, densos, la habían hecho convivir con dos personajes atribulados y dolientes, cada uno a su manera. Por eso quiso romper: con la línea de sus últimos trabajos, con las expectativas, con el tono que cargaba en los hombros. Así que se volvió a la comedia romántica, un género que considera parte de su ADN interpretativo y que la retrotrae a sus primeros compases en la ficción televisiva argentina.

La actriz uruguaya de 48 años estrena este jueves 21 Nada entre los dos, una película del director Juan Taratuto —responsable de Un novio para mi mujer o Me casé con un boludo— en la que comparte protagónico con el mexicano Gael García Bernal y que la lleva de nuevo a la senda del amor en la ficción.

En Nada entre los dos, Oreiro y García Bernal son dos ejecutivos que, encerrados en un hotel por culpa de una crisis de su empresa, empiezan a conectar hasta que se produce el inevitable flechazo entre ellos. El problema (o quizás no tanto) es que ambos tienen familias que los esperan en casa, y aunque esas realidades los tenga a ambos en un punto muerto del que están tratando de escapar, deberán tomar unas cuántas decisiones que no serán sencillas.

Sobre este regreso a la comedia romántica, su vínculo con el amor y el peso de la palabra "trayectoria", Oreiro mantuvo la siguiente entrevista con El Observador.

Venís de dos dramas potentes como La mujer de la fila y La noche sin mí. Ahora volvés a las películas románticas. ¿Es una alternancia buscada?

Sí, lo hago por un gusto personal, para probarme en distintos roles, de divertirme. Para nosotros actuar es un juego, nos pagan por jugar. Pero hay ciertas películas que tienen un contenido que me interesa comunicar, como La mujer de la fila. Y después están las comedias, como esta que es una comedia romántica, porque el humor me súper gusta. Además no me gusta encasillarme. Creo que a nadie. En la vida soy bastante más pachorra, me gusta comer siempre lo mismo, ir a los mismos lugares, o sea, soy inquieta pero me gusta la rutina. En el cine rompo completamente la rutina. También lo necesito, porque nosotros de alguna manera prestamos el cuerpo a los personajes para que tomen vida. Me pasó hasta con Gilda, esas películas que tienen un peso dramático e histórico, no sé, o Iosi. Tienen una carga energética mucho más pesada que la comedia. Hay algo energético que se modifica.

Le escapás a las fórmulas, digamos.

Yo elegí esto un poco por la magia de la fantasía. Por supuesto que vivo gracias a esto, pero no es el fin hacer algo sistemático solo porque me funciona. En algún punto tiene que ver con una estrategia. Cuando vos repetís una fórmula, esa fórmula deja de funcionar porque te aburre, porque es previsible. No ser previsible en mis elecciones como actriz y que no me puedan encasillar me da aire. Una trata de ponerle el mismo corazón a todas las cosas que hace y querés que todo funcione. Pero, hoy por hoy, ya hacer cine y que se estrene es heroico.

¿Es un alivio que tus películas sigan llegando al cine?

Uno no puede pedirle a la gente que vaya al cine, pero si te gusta el cine y querés que siga sucediendo como hecho, no es lo mismo ir a ver una película en la sala que en tu casa. El estímulo del cine es muy grande. Uno entra, se toma el tiempo de llegar, se apagan las luces, apagás el teléfono, te metes en la historia, sos protagonista de la misma. En tu casa la podés pausar, te entra un mensaje, tenés que hacer la comida. Es otra la relación. Te permite poder ver más cosas, ser más global, pero yo sigo apoyando que las películas se estrenen en el cine y soy de las que va al cine a ver las películas que le gustan si están ahí.

Natalia Oreiro

Natalia Oreiro

Volviendo a las películas románticas, ¿cuál es el foco que te interesa poner sobre el amor, en el marco de un tema tan vasto?

La cercanía con lo cotidiano. Poder reconocer en un personaje o en un vínculo algo que sabés que sucede, pero que es un poco tabú. Porque uno puede pensar en el amor para toda la vida, pero ese amor es con uno mismo. El resto son pactos que se tienen necesariamente que ir renovando. O en el caso de la familia, donde se construye un vínculo basado en ese ideal pero en el que también, si no vas repautando, uno se convierte en un autómata de algo que, creo, no deja de ser una ficción, porque la elección debe de ser diaria. Entonces ver una película donde dos personajes adultos diferentes pero en un momento bisagra y conflictivo de sus vidas personales y profesionales se permiten encontrar y conectar, es genuino. La peli dice que uno puede enamorarse en tres días de alguien, que puede conectar. Y ese amor puede no continuar, pero igualmente puede haber sido importante y puede generar una decisión vincular. Todo lo que hacemos nos marca. Juan (Taratuto) ha hecho foco durante las promociones en la idea de las múltiples las formas del amor y como a veces incluso este tipo de vínculos ayudan a recomponer la pareja existente.

¿Qué tiene que tener una película de amor para ser exitosa?

Una vuelta, algo que no sea previsible para mí. Que pueda entrar al cine y que no sepa cómo va a terminar. Que me sorprenda y que me conecte. Y que pueda identificarme y después, obviamente, que quiera que esos enamorados terminen juntos.

La pareja se tiene que seducir entre sí, pero también al espectador.

Claro, pero eso a veces pasa y a veces no. Pasa muchas veces en el cine que pensás “che, acá no hay onda”. Como que no hay química. Y acá pasó. Porque con Gael (García Bernal) nos conocíamos por otra peli que filmé con él como director, que filmamos después de esta pero por la que veníamos hablando de antes. Tenemos un abordaje similar en cuanto a la actuación. Es muy compañero, una persona muy conectada, pero también podía pasar de que no matchearamos.

¿Qué pareja del cine te parece inolvidable?

Me pasó con una que habla de un amor más adulto, pero que me encanta, que es la Clint Eastwood y Meryl Streep en Los puentes de Madison. Es una de esas grandes películas de amor.

¿Cómo te parece que se recibe hoy la comedia romántica en el contexto actual?

Para mí es necesaria. El cine habla de una época, entonces cuando uno viene muy cargado con el afuera por lo que sucede a nivel sociopolítico o geopolítico, no puede ser para nada ajeno. Te cuesta un poco conectar, pero lo necesitás, porque para mí el amor lo es todo en la vida. El amor y el humor, si no hay eso, ¿para qué? La vida sería un sufrimiento continuo.

Natalia Oreiro

Natalia Oreiro

En los últimos dos años protagonizaste cinco películas y esa agenda te alejó de otros roles en el mundo del espectáculo que tenías, como el de conductora de televisión. ¿Este último año es la consolidación de que sos, por encima de todo, una actriz de cine?

Puede ser. Mi vida artística está tan atravesada por mi vida personal que a veces no me doy cuenta. O sea, mi hijo el fin de semana se va de campamento y estoy pensando en eso. Me pasa eso porque elijo estar presente. En el Festival de Málaga pasó que me entregaron un premio a la trayectoria y hasta que no estaba sentada en el cine y el foco se encendió y empezaron a pasar imágenes en la pantalla, y subían los directores a hablar de mí, no caí. Y me pasó también ahora en los Martín Fierro del cine. No quiero que suene como falsa modestia, porque yo no trabajo para el prestigio, si no haría solo un tipo de cine. Pero sí trabajo para un crecimiento y para una credibilidad, que son cosas diferentes. A mí me importa mucho ser una persona creíble y que quien va a verme al cine no se lleve un chasco. Que haya confianza.

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