Nacional > A CINCO AÑOS DE LA LEY

"Hablando del porro" en el Parlamento: la catarsis de los operadores del mercado de marihuana

Farmacias, clubes y autocultivadores apuntaron contra las zonas grises de la ley que regularizó la venta de cannabis 

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25 de octubre de 2018 a las 20:23

En la sala Paulina Luisi del Palacio Legislativo –la misma que hasta hace pocas semanas vio desfilar delegaciones del Poder Ejecutivo para presentar la Rendición de Cuentas– reinaba un aroma dulzón que no se esfumó hasta el día siguiente y era motivo de bromas entre los guardias y funcionarios acostumbrados a los trajes y la solemnidad.

Este jueves, a poco de cumplirse cinco años de la aprobación de la ley que regularizó el mercado de marihuana, la casa de las leyes se llenó de camisas floreadas, rastas, y tatuajes de la planta. La bancada de Diputados del Frente Amplio organizó un seminario para repasar las luces y sombras del proyecto uruguayo que retumbó en el resto del mundo y, además de recibir a conferencistas que disertaron sobre los riesgos de la sustancia o las dificultades para la investigación científica, dio lugar a un taller que, bajo el título "Situación y perspectivas de autocultivadores, clubes y sistema de farmacias", convocó a los principales actores del mercado legal uruguayo para poner en común todas los debes de la legislación. 

Fue como una especie de catarsis, que tuvo entre sus protagonistas a un exlegislador que pidió disculpas por no haber logrado una mejor ley, una dueña de una farmacia "narcotraficante", un criminólogo que ve con buenos ojos el modelo canadiense, un autocultivador que todavía se siente perseguido por la ley, un mexicano que vino por unos meses a Uruguay y reclama su “derecho al cannabis”, un agrónomo que pide hacer de las semillas una marca país, un clubista que acusa a las farmacias de hacer "dumping estatal" y un activista que pide cuidado a la hora de pensar modificaciones.

Entre el blanco y el negro

“Todos sabemos lo que era la palabra marihuana hasta hace unos años. Y ahora estamos acá, en el Palacio Legislativo, hablando del porro. Así que, para empezar, Uruguay nomá”. Así de entusiasmado comenzó su intervención Martín, fundador del Museo del Cannabis en Maldonado. Pero enseguida llegó su contrapunto: “Llegamos a la final del mundo y pusimos a jugar a los suplentes”.

Es que los principales actores del mercado "blanco" de cannabis sienten que en realidad operan en un “mercado gris”. La ley, afirman, los obliga a rozar prácticas ilegales para poder sostener el sistema sui generis uruguayo que se ideó en 2013 y se terminó de poner en práctica el año pasado. 

Entre los testimonios que dan fe de esas zonas grises está el de Alicia Chaver, dueña de la farmacia Las Flores, una de las 17 que quedan vendiendo marihuana en todo el país, y la única que lo hace en el departamento de Maldonado. A más de un año de haber sumado el cannabis a su stock de drogas a la venta del público, Alicia todavía sigue sin poder relacionarse con los bancos. “Para ellos somos narcotraficantes”, señaló resignada. 

Cuando uno de los participantes le preguntó si aceptaban tarjeta de crédito, la farmacéutica prefirió no mostrar sus cartas. “Cada uno le busca la vuelta”, dijo, y se limitó a asentir cuando Guillermo, dueño de un club cannábico, retomó la conversación explicando la metodología de muchos de sus colegas. “Ponés el nombre de otra persona. Nosotros en su momento quisimos abrir una cuenta para los clubes. Por suerte no pudimos y sigue estando a nombre de una persona física, porque si no nos hubieran clavado de pico”, afirmó. “En esencia no estás haciendo nada malo, pero te obligan a lavarla”, resumió otro de los presentes. 

Pero el tema de los pagos es solo uno de los tantos puntos de controversia y ambigüedad que identificaron los participantes del taller. Otro elemento central es el referido al mercado de las semillas. Entre los reproches está la imposibilidad de compartir genéticas con otros cultivadores por el miedo a ser perseguidos por la Justicia. Varios integrantes de clubes cannábicos criticaron también la falta de una política de Estado en torno a las genéticas, y plantearon la posibilidad de una “semilla marca país” o “genética charrúa”. Para eso, afirman, se necesitaría un laboratorio que centralizara las evaluaciones y una reglamentación que liberalizara un poco el mercado. 

Marihuana para los turistas

Otra de las reivindicaciones más repetidas fue la de habilitar la venta de marihuana a los extranjeros. "No sé si yo tengo derechos aquí", dijo Rodolfo, un mexicano que llegó a Uruguay hace cuatro meses para embarcarse en una investigación sobre el mercado de cannabis, y se dio cuenta de que su única alternativa es recurrir al narcotráfico. 

Se está "tirando por la borda toda la publicidad que logramos en el mundo", y  "estamos haciendo publicidad al mercado ilegal, porque no hay un solo turista que no aterrice acá pensando que va a llegar a un grow shop", dijo Martín, del Museo del Cannabis en Maldonado.  "Hay que leerle el libro del Ircca a cada turista", comentó.

Nicolás Núñez, exdiputado suplente por el Partido Socialista y uno de los redactores de la ley, admitió que a la bancada del Frente Amplio "no le dio" para incluir a los extranjeros en la ley, a la que definió como "una transacción política".

"Lo primero que les digo es disculpen: no nos dio. Lo mismo les digo a mis amigos", manifestó Nuñez, y comentó que la exclusión de los no residentes fue una forma de "defensa" ante los organismos internacionales.

A favor y en contra

Ahora bien, ¿se puede convivir con esos vacíos legales o amenazan la sustentabilidad del sistema? Esa fue una interrogante que atravesó todo el taller, y las opiniones no son unánimes. El criminólogo Pablo Galain, presente en la reunión, se confesó “defensor” de la existencia de “un mercado gris” y aventuró que, a su entender, el concepto de reducción de daños manejado como fundamento de la ley contemplaba “estas posibilidades de desvíos de lo legal”, partiendo de la base de que “sería mejor tolerar un mercado gris para competirle al mercado negro”. 

Bruno Calleros, del Movimiento por la Liberación del Cannabis, también se pronunció a favor de los grises. “Dejémoslo así, por favor no lo toquemos. Donde lo toquen y lo reglamenten, marchamos todos: los autocultivadores y los clubes. Nos van a dar la genética de las empresas que fabrican para el Estado, que no sale un gramo sin ser evaluado y estandarizado”, manifestó. 

Rosina, autocultivadora, se paró en la vereda contraria. “El mercado gris es una palabra preciosa para los medios de comunicación, pero a mí cuando me agarre un juez me va a juzgar como mercado negro”, advirtió. “Que la ley te empuje a un mercado gris y que le ponga ese nombre para hacerlo más livianito es algo que me rechina un poco”, dijo la mujer, con su bebé en brazos.

Núñez, en tanto, dijo que la existencia de las zonas grises "no fue algo concertado, sino que fue producto de decir 'hasta acá podemos'". "Sabemos que de última, si alguien va a comprar marihuana ilegal a una persona, va a comprar flores ilegales plantadas acá y no por un campesino en el medio de la selva, que andá a saber cómo se secó. Hay mucho de esa conclusión en lo que nosotros votamos", señaló el exlegislador. 

Clubes y farmacias: ¿en el mismo barco?
Los clubes cannábicos fueron los que más alzaron la voz. Sienten que fueron los “primeros impulsores” de la regulación y que ahora “se los tiró para atrás”. Entre sus reproches están los altos costos de producción, las restricciones a la cantidad de plantas y socios, y la imposibilidad de hacer de su actividad un negocio. 
Uno de los directores de los clubes no ocultó su recelo hacia las farmacias, a las que acusó de participar de un “dumping estatal”. “Vendés un producto que tiene dumping estatal, supuestamente para ir contra el narcotráfico, pero están yendo contra el mercado regulado de los clubes, porque están poniendo un precio por debajo del nivel de costos", le echó en cara a la farmacéutica, que también se defendió destacando que, a diferencia de los clubes, ellos no pueden producir y reciben lo que otorga el Estado. "Estamos todos en el mismo barco. No somos competidores", contestó. 
Aunque los ánimos se calmaron, los clubes no dejaron de reivindicar la calidad de sus productos en comparación con lo que se vende en las farmacias. "Parece joda lo que es el cannabis ahí. Es tipo espumaplast con olor a manteca", bromeó uno de ellos. 

 

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