Economía y Empresas > ENTREVISTA

“Los gobiernos uruguayos tienen un sesgo pro déficit y pro deuda muy marcado”

El economista Ernesto Talvi, director de Ceres, es optimista respecto a que el próximo gobierno podrá revertir el problema de la inflación y los excesos fiscales

Tiempo de lectura: -'

01 de agosto de 2014 a las 21:48

Pesimista, agorero, catastrofista. Varios motes han surgido en los últimos días desde las filas oficialistas para referirse a Ernesto Talvi, tras referirse en una exposición sobre coyuntura económica a los desafíos para el próximo gobierno.

Sin embargo, tras una hora de conversación con el economista que dirige el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), la sensación que queda es más bien de optimismo. Un optimismo cauto, que se funda en la confianza en que la próxima administración –sea del signo que sea– será capaz de afrontar las transformaciones que el país necesita para poner rumbo hacia el desarrollo. Dice que el gobierno cometió excesos en la asignación de recursos, pero reconoce que la vocación por el gasto y la deuda no son patrimonio de la izquierda y que, por lo tanto, serán necesarios nuevos mecanismos, que vayan más allá de la voluntad de los gobiernos de turno, para asegurar la estabilidad que ese rumbo requiere.

A continuación, un extracto de la charla que mantuvo Ernesto Talvi con El Observador:

Muchos uruguayos, cuando escuchan a un economista decir “moderación”, “freno” o “desaceleración”, empiezan a preocuparse. ¿Qué tan grave es la situación actual? ¿Podría conducir en el mediano plazo a un estancamiento o una caída de la actividad?
Nunca se puede descartar, porque el escenario externo no depende de nosotros y bien podría ser aún peor. Por ahora, estamos trabajando con la hipótesis de que vamos a tener un contexto externo mucho menos complaciente que en la última década, pero estamos descartando eventos extremos, como una suba abrupta y repentina de las tasas de interés de EEUU, una ruptura del euro y una crisis financiera en China. Siempre está la posibilidad de que algo pueda salir mal en alguna parte del mundo y eso termine golpeándonos, pero el escenario central es de un enfriamiento y no de contracción.

¿Qué implicancias puntuales va a tener este enfriamiento para las empresas y las familias? ¿Cómo impactará en sus decisiones? ¿Con qué restricciones se enfrentarán?
La forma en que esto se va a sentir –y ya se está sintiendo–, es que ciertos sectores han visto decrecer el ritmo de actividad muy significativamente, algunos incluso han mostrado contracciones, como es el caso de la construcción residencial. El ritmo de incremento de los salarios está poco a poco empezando a disminuir, porque la demanda de trabajo ha caído significativamente. El crecimiento del empleo se ha reducido por debajo del 1% por año. Ya no es tan fácil conseguir empleo como era antes, perderlo y recuperarlo rápidamente. No es nada grave, nada para asustarse, pero sí para tomar las precauciones necesarias sabiendo que la época de gran exuberancia que tuvimos hasta 2012, se terminó. Todos vamos a tener que adaptarnos a una economía que sigue creciendo, sí, pero a un ritmo mucho más moderado. Ya no vamos a estar en condiciones de tirar manteca al techo.

Pero esos avances que la gente siente en su bolsillo, ese poder de compra en máximos desde 1976, ese mercado de trabajo con niveles de desempleo mínimo, ¿se encuentran en peligro?
Yo diría que no, pero solo si se dan dos condiciones: si no hay eventos externos traumáticos y si la política gubernamental se adapta a un nuevo contexto menos complaciente.

Una de esas adaptaciones pasa por el frente fiscal, ¿verdad?
Uno de los desafíos que tiene por delante el próximo gobierno es hacer lo que ya el propio gobierno en la Rendición de Cuentas dejó constancia que tiene intención de hacer: adecuar el gasto público al nuevo crecimiento previsto para la economía, que deje de crecer al 7% y pase a crecer al 3% anual. Si esto no se hace, la situación se va a venir deteriorando a gran velocidad. Pero aun si esto se concreta, nosotros estimamos que no va a ser suficiente. Se van a necesitar recursos adicionales o generar ahorros por 1,5 puntos del PIB, a los efectos de evitar que el endeudamiento público empiece a subir a consecuencia de los déficits y la muy sólida situación financiera que el país tiene se pueda ver comprometida en los próximos seis años. No es un problema inminente, pero es algo que no admite pasividad. Uruguay está en una situación sólida y tiene tiempo para hacerlo, todo un período de gobierno. Por eso no hablamos de ajuste fiscal, porque trae reminiscencias de momentos en los cuales el país vivía instancias más críticas y había que hacer ajustes draconianos. Se trata de ajustar el gasto al nuevo ritmo de la economía y adecuar la situación fiscal, generando nuevos recursos o ahorros en el margen, para que sigamos con un orden financiero que nos permita proteger esta sólida posición que tan trabajosamente hemos adquirido.

¿Por dónde debería venir esa corrección?
El país no tolera nuevos impuestos. Estamos en 30 puntos del PIB a nivel fiscal. Cuando uno mira las tasas que pagan las personas que tienen un alto capital humano, estamos cerca de 50%. Las tasas que pagan las empresas por todo concepto están por encima de 40%, sin tomar en cuenta las exoneraciones que se ponen justamente porque es tan abusiva la presión fiscal sobre nuestras empresas, que se necesita establecer regímenes fiscales para incentivar proyectos que de otra forma no se harían. Una posibilidad es normalizar el rezago que tuvieron las tarifas públicas y que las empresas del Estado vuelvan a ser superavitarias, lo que sería una suba encubierta de impuestos. O en su defecto, reducir el ritmo del gasto por debajo del crecimiento del PIB. Si por cinco años lo reducimos a 2,6%, podemos hacer ese ahorro de 1,5% del PIB.

¿Uruguay tiene un Estado demasiado grande, un Estado ineficiente, o hay una combinación de ambos problemas?
Creo que Uruguay tiene, para su nivel de desarrollo, un gasto algo por encima de lo que sería razonable. Pero diría que, en buena medida, hay un problema en la eficiencia con que se proveen estos recursos. Y el ejemplo más claro es el de la educación, donde en un decenio en que el presupuesto se duplica en términos reales, no conseguimos producir mejoras notorias en la calidad educativa.

Si se pasa raya a todas las administraciones desde el restablecimiento de la democracia, hay quienes gastaron más y quienes gastaron menos, pero todos lo hicieron por encima del dinero que les ingresó. La austeridad parece un concepto ajeno al sistema político, sea cual sea el momento del ciclo económico, –que de hecho, se atravesaron todos y con distintos partidos al poder en los últimos 30 años–. ¿Es endémica esta vocación por el gasto?
Los gobiernos uruguayos tienen un sesgo pro déficit y pro deuda muy marcado. Todos los gobiernos. Es cierto también que un déficit de más de 3% del PIB, como el actual, en el pico máximo del ciclo económicom no tiene antecedentes en los últimos 40 años. Pero es verdad que tenemos ese sesgo, que no es una característica solamente uruguaya, sino de muchos países en desarrollo. Se tiene que resolver con dispositivos institucionales, como puede ser una regla fiscal del tipo que tiene Chile, donde el gasto queda determinado por los ingresos que previsiblemente se van a poder obtener a largo plazo. Y ese nivel no lo determina el gobierno sino una comisión independiente de economistas profesionales. Si hay más recaudación que lo previsto, se ahorra para los tiempos de vacas flacas. No tenemos que inventar la rueda ni copiar, sino adaptar las mejores prácticas. Sería bueno que seamos puestos como ejemplo, no solo por lo bien que resolvimos una crisis, sino además porque somos transgresores e innovadores en cosas que nos van a impulsar hacia el desarrollo.

Eso requeriría un nivel de consenso político sobre el que muchos analistas son más bien escépticos...
Yo soy muchísimo más optimista de lo que era hace un tiempo. Lo soy porque ahora el contexto externo ya no va a ser complaciente y eso nos va a obligar a ser proactivos. Vamos a tener que utilizar toda nuestra audacia para seguir creciendo a tasas elevadas y darle respuesta a una sociedad que va a demandarle crecientemente a los gobiernos que tomen decisiones. Asistimos a una revolución tecnológica. La capacidad de las redes sociales de hacer saber al momento la opinión de la gente, ha creado una suerte de referéndum instantáneos donde la gente puede manifestar su conformidad o disconformidad con las acciones de gobierno, y eso pone una presión a las administraciones para tener que actuar de una manera decidida y decisiva. Hubo además una gran convergencia entre los partidos en las prioridades que al país se le plantean, en parte porque todos los partidos con chances de ganar han gobernado y ya no se trata de plantear utopías, ya todos han gestionado realidades.

Hasta el año 2012, Ceres en sus presentaciones sostenía que el crecimiento de los salarios se mantenía en línea con los fundamentos de la economía. ¿Qué cambió desde entonces?
El crecimiento salarial también va a tener que acompasarse al nuevo ritmo. Si la economía se enfría, los salarios no pueden ignorarlo y que eso no golpee en el mercado de trabajo. De hecho, ya estamos viendo que la creación de empleo se ha desacelerado mucho más de lo que era previsible. No se trata de bajar los salarios, se trata de que su ritmo de aumento se adecue al hecho de que la torta ya no crece 7%, sino 3%.

¿Qué tanto pesa hoy la suba salarial en la dinámica inflacionaria?
Le ha puesto presión a los costos y a los precios cuando la economía comenzó a enfriarse. Si se hubieran adaptado más rápidamente, la inflación habría sido menor. El gobierno tuvo que recurrir a la baja de las tarifas públicas para que la inflación no superara el 10%. En la medida en que las rondas de negociaciones próximas incorporen ya en los aumentos este nuevo contexto económico, la inflación converjerá gradualmente al rango meta. No estamos en una situación de descontrol inflacionario, como la que podría haber ocurrido años atrás, cuando había un déficit fiscal que se financiaba con emisión monetaria. Acá hubo algo circunstancial que en cuanto se corrija vamos a volver al rango meta, alrededor de 2017.

Va a haber una puja importante en el próximo gobierno por lograr desligar las subas salariales de la inflación pasada. ¿Será posible llegar a un acuerdo en ese sentido?
No va a ser fácil. Y ese es el problema cuando uno pierde, aun de manera moderada, el control de la inflación. Una vez que sale de su rango y se incorpora de manera casi automática a los salarios y de ahí a los precios, genera su propia inercia. Por eso es tan importante tener una política armónica, porque no se puede dejar al Banco Central en esto solo. No va a ser fácil, pero creo que el nuevo gobierno, con todo el capital político con el que va a llegar, tendría que buscar un pacto social al respecto.

Los sindicatos se muestran reacios a perder los beneficios de un seguro contra la inflación, como son los mecanismos de indexación...
Es legítima la preocupación de los sindicatos y para que se puedan embarcar con confianza en un pacto social, debe haber un compromiso muy firme contra la inflación. Se puede moderar la inflación sin bajar los salarios ni que se pierda poder adquisitvo.

Contrario a lo que se decide desde el gobierno y desde otros ámbitos, parecería que Ernesto Talvi es un optimista respecto al futuro.
Ahora parece que la nueva forma de descalificación es endosarnos el mote de pesimistas, agoreros, catastrofistas. Que alguien me diga cuáles son los pronósticos catastróficos que hicimos ¿Que hace un año o dos dijimos que la economía se iba a enfriar? Nos ridiculizaron en ese momento. “¿Enfriamiento? ¿En qué mundo vivimos? ¿De qué estamos hablando?”. Hoy todos hablan de enfriamiento. Nosotros, como ya hablamos de eso hace dos años, hoy hablando del futuro. El país ha mostrado capacidad de transformación en áreas críticas y el contexto nos va a poner en una situación de adversidad ante la cual los uruguayos reaccionamos bien. Ahora tenemos que salir a ganar por nuestra propia fuerza o arriesgarnos a tener un crecimiento mediocre y que haya un descontento social muy importante después de que la gente se acostumbró a que sus ingresos crezcan de manera rápida. Por eso, y por la capacidad de transformación que ha mostrado el país en áreas críticas, es que soy muy optimista respecto a lo que está por venir.

    REPORTAR ERROR

    Comentarios

    Registrate gratis y seguí navegando.

    ¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

    Pasá de informarte a formar tu opinión.

    Suscribite desde US$ 245 / mes

    Elegí tu plan

    Estás por alcanzar el límite de notas.

    Suscribite ahora a

    Te quedan 3 notas gratuitas.

    Accedé ilimitado desde US$ 245 / mes

    Esta es tu última nota gratuita.

    Se parte de desde US$ 245 / mes

    Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

    Elegí tu plan y accedé sin límites.

    Ver planes

    Contenido exclusivo de

    Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

    Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

    Cargando...