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¿Me presta la cámara?

Una de las profesiones más lucrativa de la actualidad es la de paparazzi

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21 de julio de 2017 a las 04:55

Una de las profesiones más lucrativa de la actualidad es la de fotógrafo fisgón, más conocida como paparazzi. Tiempo atrás, la revista People le pagó a uno de los cotizados la suma de US$ 14 millones de dólares por un puñado de fotos de Brad Pitt y Angelina Jolie posando junto a sus mellizos.

Ni William Randolph Hearst I (1863–1951), considerado el inventor de los paparazzi, podría creer el estatus económico que han adquirido estos merodeadores permanentes de la vida ajena, la que cotiza de sobre manera cuando es célebre.

Estando aun casado, Hearst fue seducido, mejor dicho fulminado amorosamente, por Marion Davies (1897-1961) una actriz de segunda cuyas ambiciones eran asimétricas en relación a su talento. Para promocionarla, y para que las fotos de su amada amante aparecieran en todos los medios gráficos de la época, el magnate pagaba a los fotógrafos para que la retrataran en cualquier lugar donde la encontraran.

El propio Hearst se encargaba de llamar a los fotógrafos para decirles en qué restaurante, cafetería o fiesta se hallaba la actriz, la cual, por cierto, estaba ya lista para ser retratada elegantemente. Y como Hearst era propietario de varios medios informativos, las fotos por lo general aparecían primero publicadas en sus diarios.

La profesión de cazador de imágenes comenzó en esos tiempos, década de 1940, aunque el apelativo recién quedó galvanizado en la película de Federico Fellini, La dolce vita, 20 años después.

Hoy, lo mismo que en los tiempos glamorosos de Hearst, cientos de fotógrafos se ganan la vida practicando la cacería de imágenes de figuras icnográficas del mundo de la farándula, aunque también captando en el instante menos pensado a personalidades de la aristocracia y estrellas del deporte, las cuales son acechadas por estos idiosincrásicos profesionales con dedos tan rápidos como los de los cowboy a la hora de apretar el gatillo de un Colt 44.

Así pues, por más de 70 años (una porción enorme de la modernidad), los paparazzi han sido figuras recurrentes del paisaje de nuestra era, y lo seguirán siendo, pues la gente, sin distinción de raza o continente, aún encuentra placer viendo a rostros famosos atrapados en pose de no querer ser fotografiados.

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