¿Qué sucedió en el tiroteo que mató a un turista brasileño?

Los delincuentes son indagados por la rapiña que cometieron antes y por su responsabilidad en el homicidio culposo

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19 de marzo de 2018 a las 12:24

Una mujer grita desesperada: tiene la boca y los ojos bien abiertos, como quien espera un golpe mortal. Se trata de un dibujo en blanco y negro, estampado en el ventanal de la casa de un estudio de arquitectos en la calle Gestido, a tres metros de distancia de donde Julio César de Medeiros, turista brasileño de 53 años, recibió este domingo de noche un disparo que lo mató tres horas después. "Qué increíble morir así, y qué increíble junto esa imagen, ¿no?", comentó una vecina a otra la mañana siguiente, luego de lamentos por la inseguridad que atraviesa el barrio.

De Medeiros, que estaba sentado el momento de su muerte, había llegado este fin de semana junto a su esposa desde Porto Alegre, según le contó a uno de los vecinos, y planeaban viajar de regreso este lunes. En su último día de vida, visitó la fuente de los candados de 18 de Julio y Yi y el mural sobre Eduardo Galeano que fue pintado en la peatonal Sarandí este fin de semana. Así lo registró en su cuenta de Facebook.

En la vereda, todavía está estacionado su coche, un moderno Kia Cerato color gris. Desde el retrovisor colgaban varios amuletos y una cadena con una cruz.

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Debajo del dibujo de la mujer, en el patio de la casa de los arquitectos, los agentes de la Policía Científica estudiaban esta mañana el suelo y trataban de determinar qué pasos siguieron los delincuentes de 25 y 27 años que, tras asaltar el supermercado Kinko de Jaime Zudáñez y Tomás Diago, a 10 cuadras de allí, intentaron trepar por el frente del dúplex en donde se hospedaban De Medeiros y su esposa

Los asaltantes se bajaron del taxi en el que habían escapado en Gestido y Ramón Masini, cuando se percataron de que eran seguidos por los guardias de seguridad de la empresa Kaibil, que custodiaban el supermercado. Iban en moto y notificando "permanentemente" a la Policía del trayecto y la posición del taxi en que huían, según dijeron fuentes del Ministerio del Interior a El Observador. Los guardias no portaban armas y no tienen expresa indicación por parte de la empresa de seguir a los asaltantes cuando escapan del lugar, de acuerdo a lo que señalaron trabajadores de la empresa.

La intención de los delincuentes era escapar por los techos de las casas, pero la Policía intervino antes de que eso sucediera.

Muchos vecinos de la cuadra escucharon las detonaciones sobre las 21.30, pero no hay nadie que haya presenciado el tiroteo. "Cuando abrí la puerta –contó Florencia– vi un montón de policías, patrulleros y un reguero de sangre que bajaba hasta casi la esquina". Las gotas de sangre todavía están pintadas en la vereda, y corresponden a uno de los dos detenidos, que sufrió una herida en una mano en el intercambio de disparos. De acuerdo con Florencia, hubo al menos dos detonaciones.

La Policía Científica rastrilló la cuadra en busca de los casquillos de las balas, pero hasta este mediodía no había tenido mayor suerte. La mayor evidencia de que los agentes protegían con celo y se enojaban cuando los transeúntes la pisaban por distracción era una pequeña piedra de revoque al costado de una parcela de césped, en la vereda de enfrente, con un círculo de tiza a su alrededor.

Los detenidos declararán hoy en la Fiscalía de 5° Turno y ante el fiscal de Homicidios, Juan Gómez, ya que se los indaga por dos hechos diferenciados: su implicancia en un homicidio culposo y la rapiña que cometieron antes.

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