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¿Quién es Luana “La Princesita de la Plena”?

Con 16 años y una voz que estremece, Luana Persincula se instala como una de las figuras de la movida tropical en ascenso; es la única artista uruguaya en el top 50 del Spotify local

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23 de septiembre de 2018 a las 20:36

El teclado cede el paso a un “Que explote hoy y no mañana” que –más allá de su significado particular– describe a la perfección lo que le pasó a Luana Persincula, su intérprete. Luana, conocida como La Princesita de la plena no necesitó del paso del tiempo para que a los 16 años su voz estallara en el mundo de la plena. Hoy es de las artistas del género con mayor cantidad de seguidores en las redes, dos de sus temas aparecen en el top 50 de Spotify Uruguay (es, por estos días, la única artista local en el ranking) y tiene un gran poder de convocatoria en cada rincón del país donde toca. La fuerza de su voz, su seguridad y la forma que tiene de desenvolverse arriba y abajo del escenario, insinúan que esto recién empieza.

Luana es, desde principios de este año, una de las caras más visibles de la movida tropical uruguaya. Con el video de la versión plenera de la canción A ella de Karol G que grabó con la productora Jasa en febrero obtuvo casi 17 millones visualizaciones. En abril, sacó el cover de Once mil de Abel Pintos que está cerca de los 10 millones de visualizaciones. Y ahora con Amarte no se olvida, su primer tema inédito que salió en YouTube hace poco más de una semana, pasó el millón de visualizaciones. Pero esas cifras en el día a día aumentan de a 100 mil vistos. 
 

Concretar una entrevista con Luana no fue fácil. Primero, por una obviedad: vive en Colonia. Segundo porque, para llegar a ella, hay que pasear por algunos teléfonos de los integrantes de su productora hasta dar, finalmente, con Óscar Persincula, su padre, que con muy amable predisposición busca la primera fecha disponible en la agenda de su hija. 

 

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Ella –despeinada, cara lavada, menuda, altura que no llega a metro con 60 centímetros– abre una puerta y su presencia ya es motivo suficiente para que un ambiente calmo, se transforme en un alboroto cargado de buena energía. “Perdón. Recién me levanto. Me han tocado el corazón al hacerme madrugar”, dice entre risas y gritos Luana.

De repente esta periodista, que nunca siguió de cerca la escena de la plena local ni sabe nada de la vida privada de las figuras de ese género, se hipnotiza con las palabras que La Princesita derrocha con naturalidad, simpatía y, sobre todo, mucha audacia. De repente esta periodista se encuentra escuchando una y otra vez sus canciones y admirando, con fascinación, los covers (su Garganta con arena a capela estremece, de verdad) que subió a Instagram mucho antes de hacerse conocida.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La historia de Luana no es impresionante, es real y es suya. Primero están los ingredientes más visibles: los cientos de miles de seguidores, la fama abrupta, los trajines de la movida nocturna, las fotos donde esta megaproducida, los millones de clics al día que genera su nombre en internet. Y después está el fondo que aparece tras la superficie: su familia, sus valores, el apego por sus orígenes y el amor –algo naif– que siente por la música. En la vida de Luana todo eso pesa más que cualquier otra cosa.

Por la iglesia, los festivales folclóricos y las cantarolas familiares

Luana empezó a cantar a los 4 años en una iglesia junto a su padre. Su niñez fue adornada por cantarolas familiares que impulsaron ese vozarrón contenido en un cuerpo inquieto y pequeño. No tardó mucho para que Henry Hernández –su profesor de música en la escuela a quien hoy considera su padrino musical– descubriera el talento que tenía y la hiciera cantar en los coros. Más adelante aparecieron los festivales de folclore en el interior del país, donde siempre se destacaba a pesar de ser la más chica.Su padre y primer compañero musical en voz y guitarra dijo que, a pesar de no haber estudiado canto, su hija “tiene una afinación y oído tremendos”. 

Su madre, Soraya Andino, contó que desde chica se veía venir lo “payasita” que era Luana. A diferencia de otros padres –que cuando descubren que a su hijo le gusta cantar, le compran un micrófono– ella se resistió a hacerlo, siempre le preocupó que continuara con la escuela y el liceo. Pero un día su hija le dijo, ‘No me compres nada un micrófono, yo me voy a hacer uno’. Al rato Luana –todavía una niña– apareció con un desodorante vacío y empezó a cantar. “Ahí dije: ‘Ta, no la cambió con nada, es lo que le gusta’”, reconoció su madre.

En la familia paterna de Luana la música es la lengua madre, esa que todos tienen en común. La guitarra de Óscar, el inmaculado acordeón del abuelo, las voces que son capaces de lograr tonos altísimos sin desafinar y el folclore se juntan y, en armonía total, se apropian de cada momento. 

¿Por qué plena?

"Si fuera por mí cantaría folclore; pero pensando en lo que me iba a servir económicamente seguí con la plena que es lo que anda en el mercado”, dice desde la oficina de Jasa, la productora con la que trabaja, en Bellavista. 

Luana nació y se crió empapada en folclore, pero cuando Alejandro Jasa –dueño de la productora homónima– la descubrió le dijo: “Vos tenés voz de plena, tenés que hacer plena”. Y ella dijo que sí porque también le gusta el género y porque era la primera gran puerta por la cual pasar y hacerse conocer. Y así fue. 

De jueves a domingos pasa fuera de Colonia y toca por distintos boliches y bares del país. Una noche de Luana puede estar destinada a ir a un toque en Artigas o, de repente, a hacer un tour por distintos lugares de Montevideo; puede empezar a las 23 horas en una pizzería, cantar en cuatro o cinco boliches más, y terminar a las 5 de la mañana en el Tropy, el boliche de la calle Rondeau.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Como Luana es menor –en octubre cumple 17 años–, sus padres tienen que ir con ella a todos los toques. 

El público que sigue sus pasos es tan heterogéneo que deja en evidencia su capacidad de simpatizar con cualquiera más allá del molde. Desde adolescentes que la siguen en cada paso por las redes, niños que se aprenden sus canciones mucho antes de aprenden a sumar y restar, hasta adultos que rondan los 90 años y lagrimean cada vez que la escuchan cantar; todos ellos, apoyan la carrera de Luana.

Todo es impacto

El nombre Luana es sinónimo de impacto. Su voz, sus movimientos, su presencia, su expresión, su caminar –ella toda–, es impactante. No sabe de medias tintas y mucho menos de sutilezas; exterioriza hasta la última gota de lo que es y quiere ser. Pero también fue y es impactante todo lo que le pasó. Tres covers grabados y un solo tema inédito después, Luana ya tiene toda su agenda de 2018 y parte del próximo año copada.

La popularidad repentina y masiva trae, evidentemente, un consecuente cambio de vida, sobre todo cuando se trata de una adolescente que hasta hace poco más de cinco meses, vivía rodeada de amigos, tomaba mate casi todos los días en la plaza, salía a bailar, jugaba al fútbol; lo habitual para una persona de 16 años. 

Luana cuenta que ahora el tiempo libre lo destina a descansar y a estar con su familia. Tuvo que dejar de entrenar, ya ni recuerda la última vez que fue a bailar con el único objetivo de divertirse, y a sus amigas las ve apenas en el liceo. “Yo pensaba que era mucho más 'pum', pero me di cuenta de que es un trabajo más. La noche cansa demasiado” expresó.

“Yo era como la mugre, saludaba  a todo el mundo, era amiga de todo el mundo.  De un día para el otro me cohibí un poco porque la gente misma empezó a pensar que había cambiado por esto y nada que ver. Se alejaron, entonces me quedé con los (amigos) verdaderos. Son cosas que pasan, hay que dejarlas pasar para poder hacer otras”, dice Luana.

La imagen

La primera sugerencia  del representante de Luana cuando llegó a la entrevista fue que se fuera a peinar y maquillar un poco.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Ante la pregunta de si se siente presionada con el tema de tener que cuidar su imagen Luana contesta así: “¡Sí! Obvio, son una plaga, me requemo”. Para ella –que se describe como “un poco desastrosa”– la gente siempre opina y siempre va a encontrar algo para criticar. Por eso –ahora que es una figura pública con, por ejemplo, 115 mil seguidores en Instagram– cada vez que comparte fotos o videos lo hace atenta a los detalles. Aunque dice: “Cuando estoy pavota y subo historias mías, me olvido. Hasta que veo 70 mil personas viéndola y me digo ‘Boluda rescatate’”.

“Pero si tengo ganas de comerme una milanesa lo pongo en Twitter, porque no puedo dejar de ser la gurisa que soy. ¿No?”. 

Así como subís rápido, bajás rápido

Luana no considera que lo de ella sea fama, lo define como “un poco de ruido”. Bromea y con la desfachatez que le sobra dice: “Recién arranco y la gente le da un color de fama como si fuera Whitney Houston más o menos”. 

Su disfrute está en el escenario; le gusta eso: el mano a mano con la gente, la vibración de las tablas, el no poder ni escuchar su voz por los gritos de sus fanáticos. Con 16 años y un éxito rotundo dice que nunca se dejó encandilar por las lucecitas de colores que, por las noches, pueden simular la verdad absoluta. Para ella, hay que mantenerse con los pies en la tierra para no pisar el palito y caer. “Si no, así como subís rápido bajás rápido, entonces disfruto arriba del escenario todo lo que puedo. No se sabe si el día de mañana vas a seguir estando igual”. Sentados frente a ella, sus padres la miran con un orgullo imposible de opacar. 

¿Quién fue la referente en el mundo de la plena que apoyó a Luana desde el principio?
La plena está cada vez más instalada en los ámbitos populares y festivos de Uruguay, desde hace unos años no paran de surgir nuevas caras que responden a esa demanda y, justamente, eso alimenta cierto ambiente competitivo. 
Sin embargo, Luana tuvo la suerte de que una de sus ídolas –y ahora colega– la alentara desde sus comienzos. Según contó La Princesita, Vanesa Britos fue una de las únicas que le dio para adelante cuando no tenía a nadie en el ambiente (desde hace unos meses Luana está de novia con el cantante de plena Marcos Da Costa).Todo empezó cuando Britos escuchó la versión que Luana hacía de A ella; le gustó tanto que subió una historia desde su cuenta de Instagram etiquetándola para que sus seguidores la conocieran.
En diálogo con El Observador Britos –una de las primeras mujeres uruguayas en destacarse en el mundo de la plena– contó que lo que más admira de Luana es su personalidad y la forma que tiene de relacionarse con el público. Además le hace acordar a ella cuando arrancó en la movida tropical. “Yo creo que así como el público se renueva, los artistas también, y si los que llevamos años en esto podemos aportar para que las nuevas generaciones se den a conocer, no habría que tomarlo como una competencia, sino como nuevos compañeros de trabajo” reflexionó Britos.
 
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