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Autoconvocado, apartidario y harto: ¿Quiénes son los que protestan contra el gobierno?

Los vecinos se organizan para manifestarse en las calles con reclamos al gobierno; expertos prevén que terminarán ingresando al escenario político

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24 de junio de 2018 a las 05:00

Prado, Pajas Blancas, Peñarol, Casabó, San José, Toledo, Villa García, San Luís, Neptunia, Salto. La lista podría seguir. Los distintos barrios de Montevideo y algunas localidades del interior han sido, en las últimas semanas, testigos de lo mismo. Vecinos que se convocan para protestar, en su enorme mayoría, por la inseguridad pública. Un asesinato reciente, un aumento de los hurtos o una secuencia de robos violentos movilizan a los vecinos que quieren decir basta. Cortar las rutas, organizarse para patrullar o conformar un grupo de protesta son las formas que toma esa reacción. Pero, ¿quiénes son los que protestan?

Uruguay es un país acostumbrado a la protesta callejera, aunque esos movimientos generalmente estuvieron asociados a la izquierda y a los sindicatos. Pero desde hace varios meses las calles también fueron tomadas por personas que se autoconvocan para protestar por temas puntuales y que le reclaman respuestas al gobierno sin identificarse con una ideología política ni con ninguna organización.

"Son personas que se declaran con relativa autonomía de lo político y que realmente están afectadas por las razones que demandan", explicó a El Observador el antropólogo Nicolás Guigou. "Esa aparente apoliticidad, en general, es muy crítica con el gobierno", agregó en referencia tanto a las movilizaciones por seguridad como al movimiento Un Solo Uruguay y sus reclamos sobre la economía.

Para el sociólogo Luis Eduardo Morás la inseguridad es "altamente convocante" por varias razones. "La lógica indignación y adhesión emocional que despiertan las víctimas del delito trasciende ideologías y resulta un fuerte elemento aglutinante", explicó a El Observador. Además, la sensación de que todos podemos vivir situaciones similares, moviliza a exponer "públicamente el deseo de ser protegido", según el sociólogo.

"Es muy difícil que un movimiento social de cualquier orden sea autónomo y perdure en el tiempo", dijo Nicolás Gigou

Así lo explican también los propios referentes de estos movimientos a los que la "política partidaria" les suena a mala palabra. Hace tres años una serie de robos en escuelas y comercios de Salinas puso en alerta a los vecinos. Crearon una comisión de seguridad y comenzaron a movilizarse. La última vez que lo hicieron fue junto con los vecinos de Neptunia, por el asesinato de Claudia Ferreira cuando salía de trabajar en la estación de esa localidad. Sergio Ribero es el actual encargado de la comisión y nunca antes se había movilizado por otro tema.

"Yo tengo mi línea política, lógicamente que sí. Paro acá queda de lado. El objetivo es ayudarse entre vecinos", explicó a El Observador y rápidamente apuntó contra el ministro del Interior, Eduardo Bonomi. "Nunca hace una autocrítica. A veces se puede decir, no funcionó, en esto le erramos", agregó.
El movimiento Un Solo Uruguay también se planta una y otra vez en la vereda de en frente a la política partidaria. Sus líderes no se cansan de marcar diferencias con el "sistema político" y aseguran que, hasta ahora, ningún partido político les aseguró que llevaría adelante sus propuestas. Si bien varios legisladores de la oposición han participado de movilizaciones, el movimiento prefiere mantenerse por fuera de la política partidaria.

A pesar de surgir de un movimiento de productores rurales y de forma espontánea, Un Solo Uruguay ha logrado importantes movilizaciones. Un acto de miles de personas en el centro del país en pleno verano, una vigilia de dos días al costado de las rutas en decenas de puntos, una protesta que llegó hasta la capital y cortes temporales de rutas en más de 30 puntos del país.

"Con mayor o menor fuerza los sectores vinculados al campo y desde el surgimiento del ruralismo (movimiento político de mediados del siglo XX) siempre tuvieron capacidad de movilización, posiblemente la coyuntura haya aportado algunos aliados ocasionales y la inminencia de una ley de presupuesto y el ciclo electoral favorezca una mayor adhesión al movimiento de autoconvocados", explicó Morás.

En Toledo la situación es distinta. Quien convoca y moviliza a los vecinos es el edil del Partido Colorado, Alfredo Silva, y logró que se organizaran para patrullar. Aunque rápidamente asegura que no lo toma como una militancia partidaria y asegura que es toledano antes que colorado. Incluso dice que se peleó con dirigentes de su partido cuando se enteraron que estaba organizando un patrullaje ciudadano. "El nuevo CPP (Código del Proceso Penal) lo votaron todos y ahora lo quieren volver a cambiar", apunta contra todos los partidos.

Se los come la política

En Uruguay existe una cultura estadocéntrica y partidocéntrica, explicó el antropólogo Guigou. Por eso, es muy difícil que este tipo de movimientos perduren en el tiempo. "Este tipo de formas de participación, tienen momentos de mucho auge y después inevitablemente empiezan a decaer. En un momento parece que se llevan el mundo por delante y de pronto desaparecen", explicó.

Esa cultura lleva a que el ciudadano espere que el Estado resuelva muchas cosas y que, generalmente, las demandas se manifiesten a través de los partidos. "Es un ciudadano que espera, en un momento desespera y tiene manifestaciones a corto plazo", justifica.

Además, explica el antropólogo, este fenómeno no es uruguayo. Hace siete años apareció en España, y se extendió a otras partes, el movimiento de indignados. Tuvieron momentos de mucha ebullición pero con el correr del tiempo desaparecieron o tomaron otras formas.

Y más allá de mantener un perfil apolítico partidiario, Guigou está convencido que más temprano que tarde el movimiento Un Solo Uruguay y algunas de las expresiones contra la inseguridad tendrán una representación política. "Los uruguayos son muy politiqueros.Las convocatorias son espontáneas y no son partidarias pero, muchas veces, pasa que empiezan a ser captadas por los partidos políticos", dijo.
Morás tiene una visión similar. "Casi que inevitablemente esas demandas se traducen luego en una dimensión electoral, ya sea porque apoyan explícitamente a un sector político o indirectamente por efecto del desgaste que provocan en la imagen de determinadas áreas del gobierno", explicó.

Un solo uruguay San José.jpg

El país que ya no somos

El movimiento Un Solo Uruguay se conformó en una nueva organización que canaliza las demandas de un sector de la población. Y convencidos de esos reclamos comenzaron a movilizarse. Esas concentraciones generaron algunos intercambios con sindicatos.

El primer encuentro fue en el Consejo de Ministros en Playa Pascual. Allí integrantes de ambas organizaciones discutieron a los gritos y "se pelearon" por aquién representaba la bandera de Uruguay. Luego, hubo un intento de acercamiento con una reunión entre Un Solo Uruguay y el PIT-CNT pero no prosperó. Los voceros de la central sindical han criticado al movimiento en varias oportunidades.

Pero a principios de junio se dio el enfrentamiento más explícito. En Santa Clara del Olimar vecinos que se identificaron como integrantes del movimiento levantaron por la fuerza una asamblea de trabajadores de una estación de esa localidad.

El suceso tuvo tantas versiones como personas presentes pero, en los hechos, un grupo de vecinos se molestó con una medida sindical y actuó en consecuencia.

"Se empiezan a manifestar episodios de violencia física –la simbólica ya hace tiempo se extendió- alimentados por el uso irresponsable y anónimo de las redes sociales que reproducen un discurso del odio y la intolerancia", explica Morás.

31 puntos del país involucró la última movilización del movimiento Un Solo Uruguay. Se realizaron cortes intermitentes de rutas durante 48 horas

El especialista agregó que se está ampliando la "fractura" entre dos concepciones que se tornan "irreconciliables". "Nos estamos alejando de las utópicas imágenes del pasado que teníamos como país integrado y sociedad amortiguadora", dijo.

Guigou entiende que hay una "conflictividad" que está mucho más presente, que se explica por movimientos que surgen autónomamente, y que "gradualmente van ingresando al escenario político".
"La política nuestra es muy paranoica y cualquiera que actúe distinto que yo es un enemigo", dijo. Pero agregaó que los partidos "educan a la gente" y por eso, en campañas electorales, pueden movilizarse unos al lado de los otros.

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