Espectáculos y Cultura > NASSER EN VIVO Y CON DISCO NUEVO

Canciones reunidas en baúl de turco

Mañana Jorge Nasser toca en vivo en el teatro El Galpón para presentar su nuevo disco doble, Pequeños milagros. El artista conversó con El Observador sobre operaciones, ascendientes, milongas y deseos

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19 de junio de 2013 a las 16:34

Cuando hace más de una década Jorge Nasser mutó en forma de un músico folklórico descubrió un mundo. Sacó la cabeza de Montevideo, se subió a un auto, aplastó las nalgas en el asiento y recorrió las rutas del Uruguay profundo. Y sin quererlo, se conectó con sus antepasados.

“Mi abuelo Simón Nasser se fue a radicar a Tacuarembó. Siempre estaba el turco que salía con su baúl a vender cosas y muchas veces dejando descendencia y muchas veces muriendo degollado. Los criollos asaltaban y mataban a los turcos. El comerciante era visto con cierto desdén por el criollo. Veía un tipo que venía a hacer comercio, a trabajar, y el criollo tenía desprecio por el trabajo. Mi abuelo peleó con Aparicio Saravia. Era un comerciante próspero de la zona de Tacuarembó que decidió unirse a la causa blanca y lo perdió todo. Se volvió al Líbano, y luego regresó a Uruguay y se quedó en la zona del puerto. Y se convirtió en un ciudadano uruguayo”, cuenta Nasser.

Lo que para algunos fue final, para otros fue comienzo. En una vieja casa en la esquina de Cerrito y Guaraní, cerca de la Aduana del puerto, vivieron siete hermanos Nasser. El menor sería el padre de Jorge.

“Es un núcleo duro lo que hay ahí: la Aduana, el puerto, mi viejo en el remolcador. Mi viejo era remolcador. Hacía el trabajo de remolcar a los barcos de gran porte y calado a entrar al puerto. Y acompañaba la travesía de la bahía de natación, desde la Aduana al Cerro, ida y vuelta. Mi viejo llevaba jueces, periodistas, socorristas, fotógrafos. Lamentablemente, ya no se hace más. Junto a mi padre, tuve oportunidad de vivir ese ambiente marinero y portuario”, agrega Nasser, con dejo nostálgico a sus 56 años, reconociendo que le gustaría volver a vivir al barrio.

Estos recuerdos y otras experiencias se traducen en las canciones de Pequeños milagros, el disco doble que Nasser junto a su banda presentará en vivo mañana a las 21 horas en en el teatro El Galpón.

“Los recuerdos vienen porque ahora la línea de llegada está más cerca que la línea de partida, y es natural en el ser humano que empiece a hacer síntesis, o empiece a ser selectivo con los recuerdos”, explica el artista.

Pero este impulso creativo arrancó hace más de un año y tuvo un origen complicado. A fines de 2011 Nasser debió ser operado de una artrosis degenerativa que le provocó una lesión medular en las vértebras cervicales.

“Fue una situación límite, porque hubo muchos riesgos. Si no me operaban, corría riesgo de quedar parapléjico, por la lesión medular. Operándome podía suceder que me tocaran algo porque es un lugar donde pasan todos los cables, para decirlo en lenguaje musical. La manguera por donde van todos los cables a la consola, que está acá (se apunta con el dedo a la sien)”, dice Nasser.

El compositor tuvo una recuperación de 90 días. En ese momento no sabía lo que iba a pasar con su vida, si iba a seguir tocando, si iba a evolucionar. Si iba a poder o a querer. La vida lo puso de pronto en un lugar alejado de su mundo y lleno de pasillos, camillas, olor a hospital.

La música se volvió para Nasser en un factor terapéutico. “Me di gustos de hacer cosas, que no sé si hoy me animaría. Por ejemplo, a mezclar tantos géneros. Pero en ese momento fue un acto de libertad, de liberación”, agrega Nasser, aclarando que, entonces, uno de los “pequeños milagros” fue su recuperación.

Entonces, como si se tratara de un baúl de turco donde uno puede encontrar los objetos más disímiles, del disco surgen chamarritas, milongas a secas, milongas beat, milongas pop, algún blues, un poco de murga, una cumbia o un riff de los Creedence mechado, así como guiños a los Beatles y a los Beach Boys en los coros y algo que Nasser definió como “cachumbambé urbano”: la canción La del taxi.

“A los taxistas les debía esa canción. Yo he tomado mucho taxi, tomo mucho taxi. Los músicos tomamos mucho taxi, porque siempre llevamos cosas de aquí para allá”, dice el autor.

El resultado son 22 canciones, variopintas, donde Nasser abre la paleta de ritmos e intenciones, donde se luce con las milongas, como por ejemplo No rompas la guitarra, y donde algunas toman rango de poema.

“Me gustan los límites que me plantea el estilo. Es un lindo desafío. Por ejemplo, No rompas la guitarra no podía haber sido otra cosa que un vals criollo”, dice Nasser.

No rompas la guitarra/ vení, haceme caso/ no las des contra el piso/ no la hagas mil pedazos/ pensá que es una amiga/ que es una compañera/ que es algo más que cuerdas/ clavijas y madera, dice la letra de esta milonga. También está presente el campo, en la chamarra Ruta 7, y en Río de la Plata el estuario ancho como mar. En Malvín y Playa Honda/ a su orilla me crié/ y maduré en Buenos Aires/ con los vientos al revés, se escucha en este tema.

Pequeños milagros es un disco fresco. Quizás tenga que ver en eso que se grabó en cinco o seis estudios diferentes de la ciudad. “Para mí es una de las claves del disco. Cada lugar nos planteaba cosas distintas de pique. Aunque usáramos la misma guitarra, iba a sonar de forma distinta. Fue divertido ir por toda la ciudad con las cintas”, concluye el artista.

Luego del show de mañana, Nasser proyecta una pequeña gira de invierno que incluirá varias ciudades del interior uruugayo y Buenos Aires. No puede dejar de recorrer pueblos porque no puede evitarlo. Después de todo, lo lleva en la sangre.

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