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Cándido, el lateral que te hace pelo y barba

No le fue bien en San Martín y volvió a Rampla, pero con la plata de la rescisión del contrato se asoció con el suegro e invirtió en ampliar la peluquería familiar

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27 de octubre de 2018 a las 05:02

El fútbol profesional tiene mil vueltas y no todos los jugadores llegan a la cima y se quedan ahí para siempre. La mayoría va y viene, sube y baja, gana mucho dinero y se le escabulle como agua entre los dedos. Camilo Cándido juega en Rampla Juniors, tiene 23 años y es consciente de la realidad. Por eso, aparte de cerrar el lateral izquierdo todos los fines de semana, abrió las puertas a otros ingresos con la peluquería “Space for men and kid” en Colonia y Yaguarón.

Cándido transformó un pase frustrado al exterior en un negocio de presente y futuro. “Al principio de año cuando me fui para San Martín (de San Juan) lo hablamos con mi suegro. Después se dio que no pude seguir allá y con la plata de la rescisión (del contrato) nos sentamos otra vez con él, me ofreció ser socios y le dimos para adelante” con el futbolista a Referí. El peluquero es el suegro y tiene la peluquería desde hace cinco años. “Lo que hicimos ahora fue reformarla en la parte de arriba y crear un espacio para niños”.

Hace un año que está de novio y siempre le gustó el ambiente que se genera en la peluquería, aunque por ahora él no piensa agarrar la tijera: “El único que corte que puedo hacer es en el lateral, pero con un tijera estoy lejos. Capaz que cuando deje la pelotita le pido a mi suegro que me de unas clases”, dijo.

En enero de este año se fue San Martín, pero tuvo que regresar antes de lo esperado: “El técnico que me llevó fue Pipo Gorosito, pero cuando llegué me desgarré el cuádriceps y durante mi recuperación lo echaron. Volvió Gastón Coyette y me dijo que no me iba a tener en cuenta. Hablé con mi representante y le dije que a mitad de año quería volver a Uruguay. Sabía que iba a volver a Rampla porque no había jugado en seis meses y Rampla siempre me va abrir las puertas porque es mi casa, era obvio que tenía que volver ahí. Era elegir entre quedarme allá y aguantar sin jugar o resignar plata por jugar. Allá podía estar mil veces más cómodo que acá, pero preferí jugar”, dijo. Y regresó para jugar el segundo semestre.

El lateral ramplense nació en La Blanqueada, pero vive en la Curva de Maroñas desde casi siempre. Jugó al baby fútbol en el Club Ciclista Fénix y luego entrenó durante un año en River Plate con la ilusión de quedar en Séptima: “Me dijeron que no me iban a fichar y la pasé mal, no quería saber nada con el fútbol”. Pero su padre le consiguió para ir a Rampla Juniors y después de dos entrenamientos, el técnico Marcelo Píriz lo fichó. No solo eso, también fue quien lo puso en el lateral zurdo.

Después jugó de volante y Antonio Díaz lo probó de enganche. “Hice un click, porque metía goles, jugaba en Cuarta y en Tercera, y el técnico habló con la directiva para que me hicieran contrato”. Así fue que a principio de 2015, Jorge “Chifle” Barrios lo ascendió a Primera. Debutó en junio de ese años en un partido contra Defensor Sporting que terminó 0-0; el técnico ya era Nelson Olveira.

Una semana después jugó en Tercera contra Peñarol y lo vieron scoutings brasileños que lo llevaron a él y a Matías Rigoleto a probarse en Inter de Porto Alegre. No se quedó “por un tema económico” y regresó a Rampla, que estaba en la B. Entonces el técnico Gabriel Añón confió en él, lo puso de lateral izquierdo y no salió más.

Capítulo aparte merece su amistad con Rigoleto. Se conocen desde los 11 años, cumplen años el mismo día y en febrero pasado, cuando Cándido estaba en San Martín, Rigoleto usó la camiseta número 13 en honor a  él.

“Rampla es mi casa -agregó Cándido con orgullo-, tiene muchísimas dificultades, pero la gente que está al mando es gente que da todo por el club. Trata de sacarle jugo a lo que se puede, de estar al día aunque por diferentes razones no se puede y en materiales está muy bajo. Cuando llegás a Rampla sabés que tenés que lucharla para salir porque no te queda otra”. Actualmente el picapiedra se encuentra en la pelea para no descender: “Estamos en una situación bastante jodida pero que está en manos de nosotros los jugadores”, a pesar de los técnicos que pasen por el club. 

“A los técnicos los cambian los resultados. Julio Fuentes laburaba bien, capaz que tenía conflictos con la gente externa; el Tola (Antúnez) labura y es un poco más motivador. Pero tengo claro que somos nosotros los que nos vamos a salvar o ir a la B. Pueden pasar cinco o seis técnicos pero el que tiene que estar fuerte es el grupo”.

El 30 de noviembre termina su contrato con Rampla. “Me gustaría salir, ver qué puede surgir, acá o en otro lado, para dar un mínimo paso adelante”, aunque subrayó que “de mi casa no me quiero ir nunca”. Y mientras, tanto te cierra un lateral como te abre una peluquería.

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