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Catán, el juego de caja que creó un dentista alemán y obsesiona cada vez más a los uruguayos

El juego de caja se ha convertido en uno de los entretenimientos de moda, además de ser la puerta de entrada al mundo de los juegos “de estilo europeo”

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10 de septiembre de 2018 a las 12:09

Hay juegos que pasaron por las mesas, los suelos y los patios de las casas durante décadas. Cada generación tuvo en un ropero (o encima), en un cajón o debajo de la cama su versión del ludo, el bancario/Monopoly, la lotería, el juego de la oca,  la generala o la batalla naval. En la era donde la autenticidad se busca en lo artesanal, lo casero y lo complejo –ya sea en la cerveza, el café, las hamburguesas, el pan o la decoración–, los juegos de caja han presentado una nueva cara: la de los juegos de autor.

En ese contexto de apartarse de lo industrial y de despegarse aunque sea un rato de la tecnología que es pieza omnipresente de la vida moderna, surgen juegos creados por una persona o por un grupo de amigos, que tuvieron orígenes humildes y se han vuelto fenómenos globales. Son más elaborados y detallados que los tradicionales, pero igual de fáciles de jugar y tan divertidos como ellos. Y, como si fueran libros, llevan el nombre de sus autores sobre el título.

De a poco han ganado lugar en los encuentros de amigos uruguayos. Entre ellos, hay uno que se destaca y que ha sido en parte uno de los caballitos de batalla de esta nueva ola de los juegos de caja: Los colonos de Catán, conocido también como Catán. 

Catán es una isla y su historia transcurre en un mundo medieval. Los cuatro jugadores que permite como máximo el juego representan un grupo de colonizadores que buscan adueñarse de los recursos naturales de la isla –madera, trigo, arcilla, ovejas y piedra, cada uno disponible en dos o tres de los espacios del tablero– y construir con ellos ciudades y carreteras. Cada construcción ayuda a obtener puntos, que son los que determinan al ganador: el primero que sume 10. 

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Además, hay cartas que alteran el juego y permiten sumar puntos, los jugadores pueden comerciar recursos entre sí y con “el banco” y en el medio del tablero hay un ladrón itinerante que roba los recursos de los espacios contiguos a los que ocupa. No es un juego fácil de entender porque requiere incorporar mucha información junta, pero una vez que se engancha, fluye, es competitivo y magnético. 

Los jugadores están activos aunque no sea su turno, porque pueden negociar y tienen que estar atentos a los movimientos de los demás. Todos tienen chance de ganar hasta el último momento a través de diversos caminos. Los juegos son largos pero no eternos como en el Monopoly y el tablero es distinto cada vez. Esos son todos factores que llevaron al Washington Post a declararlo como “el juego de esta era”.

Un hobby incipiente

Pablo Figoli tiene una colección de 250 juegos en su casa. Es uno de los organizadores de la Gaming Night, un grupo de jugadores que se reúnen periódicamente en universidades y bares montevideanos para jugar a este tipo de juegos y gestiona el canal temático de YouTube Joda de Mesa. No se anima a llamar “boom” a lo que sucede con los juegos, pero sí nota un crecimiento importante. 

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“Hay mucha gente que parece tener hambre por lo ‘lúdico de cartón’, pero desconoce todo el mundo de juegos de mesa modernos (entre ellos, los más complejos) que existe fuera de Uruguay. Hoy en día, en parte gracias al esfuerzo de muchos de los que adoptamos este hobby, cada vez parece llegar a más gente, mucha de la cual queda fascinada ante la evolución de los juegos de mesa, con ejemplos como Catán”, explicó a El Observador

De Alemania a Silicon Valley

Mark Zuckerberg contó que lo juega con su esposa y se ha convertido en uno de los pasatiempos favoritos de los emprendedores de Silicon Valley. 

Ha vendido millones de copias en los 22 idiomas en los que está disponible. Creado en 1995 por el alemán Klaus Teuber, una leyenda en el mundo de los juegos de caja cuya carrera es, justamente, diseñar este tipo de productos, tuvo su explosión global a través de internet.

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Figoli consideró que se ha convertido en un primer paso habitual para los que se meten en el mundo de los juegos y detalló las razones de esta popularidad: “Las reglas son bastante instintivas, el juego es llamativo a la vista, el jugador siente la realización de jugar a algo ‘complejo’, pero que resulta realmente bastante amigable. Plantea muchas cosas nuevas a los jugadores viejos, como el manejo de recursos, la construcción de una red de caminos y edificios, la negociación, y el manejo básico de probabilística en dados, haciéndolo una experiencia bastante completa”. 

“El juego ya estaba en la vuelta, pero en estos meses se hizo viral. Se formó una bola de nieve de jugarlo y recomendarlo”. Matías Galli, encargado de la tienda de juegos XUruguay

En su momento fue un juego revolucionario, pero Figoli apunta que además tuvo un buen manejo de marketing y que hay juegos muy superiores a Catán desde lo técnico, sin ser más difíciles, pero el juego alemán se ha vendido muy bien.

Fue por la red que se produjo su avance global. Era el único medio por el cual comprarlo en Uruguay hasta hace un tiempo, y además permite a los jugadores de menos recursos acceder a él, ya que Catán es uno de los juegos que se ofrece a través de internet en un formato print and play. Son versiones del juego que se pueden imprimir, pegar sobre un cartón y utilizar en lugar de la versión oficial. 

En el caso de Catán no es así, pero hay juegos de mesa modernos que permiten la descarga de este tipo de versiones desde sus sitios web; a veces de forma gratuita, a veces con costo. 

La puerta de entrada

A Uruguay le llegó la “catanmania”. Así lo afirmó Gabriel Aziz, responsable de la tienda Wirewood City, especializada en juegos de rol, de cartas y de caja. El emprendimiento cuenta con Catán en su catálogo desde hace al menos cinco años y el volumen de ventas fue creciendo de forma gradual, hasta que hace un año tuvo un salto mayor. 

“No se conocía por fuera de la gente que está metida en el mundo de los juegos. Yo, por ejemplo, lo había jugado por unos amigos que lo habían traído desde Alemania”, narró Aziz. “Ahora es más popular, la gente lo conoce y lo pide mucho más, junto al Carcassonne, que es el otro juego por donde se suele empezar”, añadió.

“Es fácil de aprender, nunca se repite el desarrollo del juego, tiene la interacción entre jugadores, es vistoso y tiene buen marketing”. Gabriel Aziz, dueño de Wirewood City, que vende Catán desde hace cinco años

Hace cinco meses, la tienda de videojuegos y productos de entretenimiento XUruguay anunció que tenía disponible en su local de Pocitos el Catán. En menos de dos horas no quedaban más. Fue prueba suficiente para que el negocio incorporara el juego a su catálogo y la categoría de juegos de caja en general. A lo largo de estos meses, ese local vendió 60 copias del juego, según explicó uno de sus empleados, Matías Galli. 

“El juego ya estaba en la vuelta, pero en estos meses se hizo viral. Se formó una bola de nieve porque uno lo juega, lo recomienda, y se va pasando así”, contó. Y añadió: “El juego está de moda, pero la gente no lo compra por eso, sino porque de verdad les gusta”.

Su colega Matías Brit, encargado de la sucursal céntrica de XUruguay, explicó que fue una sorpresa para ellos el éxito que tuvo Catán. “Al menos uno por día se vende desde que lo tenemos”, aseguró; y señaló que el público es diverso a nivel de edades: desde niños hasta adultos de más de 50 años, aunque el promedio está entre los 25 y los 35 años.

$ 2700 es el precio promedio de la versión base del juego, que permite que participen hasta cuatro jugadores. La expansión para dos jugadores más tiene un costo promedio de $ 1.400.

Ambos expresaron que el camino de los jugadores es similar: lo conocieron a través de internet o de un amigo y primero se compran el juego base. “El 80% de ellos”, comentó Galli, buscan luego la extensión que permite jugar a una o dos personas más, llevando el tope de jugadores a seis. 

Luego buscan las expansiones, que agregan nuevas mecánicas y permiten manipular la complejidad del juego. La que se elige depende del gusto del jugador, explicó Brit, aunque una de las más populares es la llamada Navegantes. 

Aziz consideró una sorpresa la mayor fama de Catán, que trascendió el círculo de conocedores, pero reconoció elementos que lo hacen un candidato ideal para ser la puerta de acceso: “Es fácil de aprender y de jugar una vez que se entienden las reglas; nunca repetís escenario porque ‘la isla’ es distinta en su conformación en cada juego; el condimento de jugar con otros e interactuar para ganar y tiene buen marketing; está en todas las convenciones y es un juego vistoso”.

El juego también se trasladó de los locales especializados a las jugueterías tradicionales, como Mosca o Bebemi, lo que muestra que Catán ha atravesado la barrera del nicho y de los grupos de jugadores expertos para pasar también a un público más casual o no tan familiarizado con los juegos de ese estilo. 

Los tres vendedores coincidieron con Figoli en que Catán funciona como “la puerta de entrada” a los juegos de caja de este estilo, como Love Letter, Carcassonne o La escalera encantada que dependen más de la estrategia, la colaboración y las mecánicas de juego que de la suerte o la confrontación, al tiempo que son conocidos como “juegos de estilo alemán”, nacionalidad que comparte Catán. 

Klaus Tauber, el dentista que se hizo millonario gracias a Catán

Klaus Teuber heredó la profesión de su padre, la de técnico dental. Este alemán gestionaba el consultorio que antes había dirigido su progenitor, pero no estaba conforme con esa vida, que alcanzaba para mantener a su familia, pero no le daba satisfacción. Mientras seguía arreglando dientes, comenzó a crear juegos de caja en un taller instalado en su sótano. 

En 1988 concibió Barbarossa, su primer juego exitoso, pero no fue hasta una década después, con la creación de Los colonos de Catán y su posterior consolidación como un juego popular, que pudo abandonar la clínica dental cuando entendió que Catán le iba a permitir mantener a su familia. 

Inspirado por una serie de relatos e historias sobre los vikingos, su asentamiento en Islandia y la era de los descubrimientos marítimos, desarrolló el juego que lo convirtió una celebridad en el rubro y le valió uno de los cuatro premios a juego del año. Actualmente, a los 66 años, dirige la empresa que controla todas las versiones del juego junto a su hijo menor, Guido. 

Versión digital

Además de las versiones físicas se puede adquirir una versión para computadoras o celulares (iOS y Android) de Catán, con un costo de US$ 5 (Catan Classic), o una versión gratuita llamada Catan Universe.

Actividades

Las reuniones de juegos de caja son cada vez más frecuentes en Montevideo. La próxima Gaming Night está prevista para el 22 de setiembre a las 20. Ese mismo día, en el bar Barra 7 (Canelones 799), el colectivo Cueque organiza una noche de juegos a partir de las 21. 

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