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Chacho Ramos

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Chacho Ramos: "Me cuesta mucho ser popular"

Antes de sus dos shows en el Antel Arena, el ícono de la música tropical habla sobre su vínculo con el éxito, con la música y la vida repartida entre Montevideo y el interior

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30 de octubre de 2021 a las 05:03

Después de casi dos años sin poder tocar, Carlos “Chacho” Ramos y su banda, Los amos del swing, arrancaron con algo liviano: dos shows en el Antel Arena. El grupo ya tuvo algunas presentaciones desde que se retomaron las actividades culturales, pero este es el desafío inmediato más grande, y arrancan así una gira nacional que los llevará por teatros de todo el país durante 2022.

Pero antes de lanzarse por enésima vez a la carretera, Ramos y los suyos se presentarán en el estadio montevideano, con la primera función agotada en cuestión de días, y con la segunda, prevista para el domingo 7 de noviembre, con varios sectores ya vendidos. El show, además de un repaso por el repertorio de Ramos en sus distintas etapas –incluyendo por supuesto sus pasajes por Sonido Caracol y Calipso, además de su obra solista–, planteará un paseo por la salsa, el folclore y el bolero, y habrá invitados como Hugo Fattoruso, Marihel Barboza, Larbanois & Carrero y Emiliano y El Zurdo.

Los artistas invitados vienen de distintos géneros y eso, así como la versatilidad del espectáculo y de su banda, que para la ocasión se expande con un cuarteto de cuerdas e instrumentos de viento, ponen contento a Ramos. “Es maravilloso. Siempre tomo la música como un todo. Así como Bolívar hablaba de la patria grande en América, sin fronteras, en la música me pasa lo mismo. No encasillo los géneros. La música es un todo, y cualquier género tiene cosas extraordinarias”, dice el músico folclórico.

¿Folclórico? Pero ¿Chacho Ramos no canta música tropical? Sí, pero también se define como músico folclórico. Porque interpreta en su repertorio habitual canciones que pertenecen a géneros tradicionales de Latinoamérica, desde vallenatos hasta son cubano, desde cumbias hasta por supuesto, charangas.

“Soy un fanático de la música autóctona de cada país”, afirma. “Si analizas la música latinoamericana en general, los géneros típicos tienen una gran similitud, las letras hablan de lo mismo: de los amores, de nuestras ciudades, de nuestras calles, de nuestros árboles, del río, del pescador, de la piragua. Es como una gran patria grande musical. Entonces voy tratando de tocar los géneros autóctonos lo más parecido que se pueda”, cuenta el artista de 51 años, nacido en Casupá y que se ha convertido en un ícono de la música del interior. Sin embargo, también hace tiempo que su música se ha colado en la capital, a bordo de los bolsos de los estudiantes universitarios que llegan a Montevideo a estudiar, y que predicaron con fervor apostólico canciones imprescindibles del "2 y 1" como Que tiene la noche, Háblale y dile o Llamada urbana.

Capaz de emocionarse tanto con el cubano Oscar de León como con la guitarra de Mark Knopfler de Dire Straits, o con una canción de los Beatles y un tema de jazz o flamenco, Ramos siente todo el tiempo la necesidad de tocar, grabar y pasar tiempo en el estudio. De hacer música. Aunque no necesariamente que sea popular.

Porque muchas de sus canciones lo son, pero reconoce que no hay fórmulas, ni que es algo que busca explícitamente. Lo importante, para él, es sonar bien. Dar todo arriba del escenario. Hacer lo que le gusta.

¿Cómo fueron estos casi dos años sin poder tocar?

Fue una situación ambigua. Por un lado la falta de trabajo, horrible. El aislamiento de los afectos, no solo la familia, que es lo primero, sino también a la relación con los compañeros, con los que hace muchos años estamos juntos, tenemos un vínculo familiar, somos más que amigos. Separarse de golpe y dejarse de ver durante 18 meses afectó la parte profesional y lo humano. Y causa un montón de daño colateral. Por otro lado, el estar sin tocar tanto tiempo permitió descansar. Yo desde los 15 hasta los 43 años nunca tuve vacaciones, y siempre toqué en Navidad y Año Nuevo, nunca pasé las fiestas en casa. Y de los 43 para acá tuve la oportunidad de parar un poco. Se aprovechó para descansar, para dormir, para pasar muchos fines de semana sin tener que salir. No era lo que queríamos, pero como te digo, fue ambiguo. 

Los shows del Antel Arena son de alguna forma una presentación de tu nuevo disco, Muy personal, en el que versionás Sol Negro, que fue tu primer éxito como cantante. ¿Cómo fue revisitar esa canción?

La grabé en 1992 con Mogambo y nunca más la había versionado. Me pareció que era el momento de hacerlo y agregarle alguna otra cosita, un nuevo arreglo que quedó precioso. Lo hicimos con otras canciones clásicas también. Y fue todo muy emocionante. Porque es parte del recuerdo.

En el disco también colaborás con artistas más jóvenes que vos, como Martín Piña o El Super Hobby. ¿Hubo una intención de reconocer a esa nueva generación, de darle un impulso?

No considero que estoy dándole una mano a nadie. Cada uno tiene su estilo único, todos los artistas son diferentes. Nosotros también empezamos de abajo, tuvimos años de mucho sacrificio y lo seguimos haciendo, pero obviamente miramos las cosas de otra manera. Y a los chiquilines cuando están empezando les viene bien un apoyo para que no les sea tan difícil como nos fue a nosotros recorrer ese camino. Pero no les regalo nada, graban con nosotros porque tienen condiciones y un lindo futuro por delante. 

En los Premios Graffiti 2021 recibiste dos premios, uno de ellos el de Artista del Año, por votación popular. ¿Qué significan para vos ese tipo de reconocimientos?

Hay que agradecerle mucho a la gente. Lo hacemos en cada lugar al que vamos a tocar. Igualmente, soy de los que piensa que más allá de palabras o lo que se haga agradeciendo, hay que llevar las cosas a los hechos. La mejor forma de agradecerle a la gente y devolver el cariño es, cada vez que subo a un escenario, transpirar la camiseta y tocar como si fuera la última vez. La actuación tiene que ser a muerte. Cuando pasa eso, me voy contento para mi casa, eso para mí es importante. Porque los años van pasando y uno nunca sabe cuánto tiempo más va a tocar.

¿Disfrutás más los shows ahora, entonces?

Puede ser que sigamos tocando muchos años, pero hay una realidad: cada día que pasa estás más cerca del final. Entonces, cuando vos tenés 20 años vas, tocás y seguís tranquilo, porque tenés toda la vida por delante. Y aunque uno pueda pensar que ahora ya estás cansado, que ya tenés todos los años sobre la espalda, nos pasa lo contrario: disfrutamos cada toque más que cuando éramos jóvenes, porque los años pasaron, hay un estrés, cansancio, muchos viajes, muchos kilómetros, mucho mal dormir, mucha ausencia de eventos familiares, de cumpleaños, reuniones afectivas por estar tocando hace 30 años. Entonces cada actuación la disfrutamos como si fuera la última, aunque no lo sea. 

¿Cómo te llevas con la popularidad?

Me cuesta mucho. Soy una persona que se crió en el campo. Soy una persona absolutamente rural. Viví en mi pueblo, en Casupá, hasta los 20 años, y esas cosas me marcaron para el resto de mi vida, y las llevo conmigo a donde voy. No solo por mi forma de comportarme, sino por mi forma de hablar, de expresarme, y nunca me olvido de donde vine. Lo tengo presente todo el tiempo. Y tengo que pensar dos veces cuando hago una nota, cuando voy a un canal de televisión, me cuesta asumirlo. Todo esto lo agradezco y lo vivo con mucha responsabilidad, más que disfrutarlo. Quizás no lo disfrute tanto como otros colegas, que hacen bien. Yo las tristezas las vivo a pleno, los golpes los vivo a pleno, pero las alegrías las vivo con una calma absoluta. 

¿Cuándo te diste cuenta que habías logrado cierta popularidad?

Cuando los temas empezaron a ser suceso. Fueron muchas canciones. Hay quince o veinte canciones que son éxitos. Y cuando la gente las corea te das cuenta que algo está pasando. 

Chacho Ramos y los Amos del Swing tocarán dos veces en el Antel Arena

¿Qué tanto te costó entrar con tu música a Montevideo?

Para cualquier artista del interior, trascender en Montevideo es muy difícil. Cuando nosotros empezamos, en Montevideo estaban todos los grandes medios de prensa, los grandes estudios de grabación. Entonces nosotros veníamos a la casa de un primo, de un amigo, pagábamos cifras astronómicas para grabar, no metíamos un tema. Volvíamos a tocar. Y así estuvimos siete u ocho años. Fuimos muy porfiados. Mucha perseverancia. Las pocas excursiones a tocar eran en fiestas privadas. Los tiempos van cambiando, y ya no necesitamos de los grandes estudios de grabación, cada uno tiene el suyo en su casa. Empezamos a sacar discos sin necesidad de pagar esas cifras astronómicas en los estudios, y la misma gente del interior, sobre todo los estudiantes terciarios que se venían a estudiar, traían sus recuerdos, su idiosincrasia, su forma de expresarse, sus actitudes, y su música. Se ennoviaban con un montevideano y le mostraban, salían con su barra y los hacían escuchar. Y eso fue lo que más nos ayudó, por encima de cualquier cosa. El boca a boca. La mitad de la población de Montevideo, estadísticamente hablando, es gente del interior que en algún momento se vino. Entonces, si pensás en eso, tiene cierta lógica. Los estudiantes vienen a Montevideo y conviven con otra gente del interior que ya estaba aquí. Todo ese grupo de personas le empezó a mostrar a los montevideanos nativos y se generó ese mayor conocimiento. No soy archiconocido, de hecho voy a muchos lugares en los que paso desapercibido. Pero todo eso, más la ayuda de las redes, nos hizo crecer. 

Hace ya más de veinte años que vivís en Montevideo. ¿Hay algún ruido de la ciudad que te siga molestando?

No. Obvio que para dormir prefiero el interior. Pero tengo las dos cosas, porque entre semana vivo acá y los fines de semana, el 99% de ellos, estoy afuera tocando, entonces disfruto las dos cosas, que me encantan. A Montevideo la amo profundamente, me encanta la ciudad, me encanta lo que me ofrece, con la Rambla, sus espacios verdes, y desde lo cultural que es maravillosa. Soy muy feliz aquí. Y también amo al interior. Soy, como digo, gaucho del asfalto. Me manejo como si viviera en el interior, pero piso más el asfalto que la tierra. 

Chacho Ramos en el escenario

¿Qué lugar le das al silencio en tu vida?

Un lugar importantísimo. En mi casa, por ejemplo, no hay aparatos para escuchar música. Porque creo que tengo tanta música en la cabeza, tantas grabaciones y el trabajo de todos los fines de semana, que realmente el silencio me es muy maravilloso. Lo disfruto de una forma tremenda. Y muchas veces me pasa que a veces me bajo en la ruta, voy con tiempo, pongo una silla en el medio del monte y me quedo una hora ahí. O nos vamos con amigos, monte adentro una semana, y para el que nunca lo hizo, le puedo asegurar que es algo impagable: fuego, estrellas, el arroyo, la naturaleza, los pájaros y el silencio. Eso es algo que te hace bien, que te renueva, sobre todo a los que estamos acá en la ciudad, en la vorágine diaria del ruido, que también me encanta, pero el cuerpo, la cabeza y el alma necesitan la tranquilidad.

En una entrevista con El Observador en 2019 decías que te veías cada día más cerca de retirarte de los escenarios. ¿Lo seguís pensando?

Lo que más te cansa es la noche y viajar, viajar, viajar, viajar. Quizás existe la posibilidad en algún momento de no hacer más bailes, y trabajar solo con conciertos. Grabar canciones y tocar en teatros, festivales grandes. Pero es algo que no decidí. De repente no podemos dejar de tocar nunca y vamos viejitos a los bailes.

¿Cómo alguien que disfruta de tantos géneros musicales, nunca te planteaste tener una carrera paralela?

Sí, me gusta mucho el rock, el folclore. Podría tocar cualquiera de esos dos géneros, o tango, que también me gusta mucho. Está muy bueno hacer música desde otra perspectiva, sin tener el protagonismo ni tener que llevar el timón de la actuación. Es lindo estar en un lugar del escenario más escondido, solo tocando, tiene un encanto maravilloso y me gusta mucho. Podría hacerlo también algún día, es otra de esas opciones que el tiempo dirá, que están ahí y pueden pasar. 

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