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Chile in situ

Un país que, con una economía abierta al mundo, marca un camino claro de cómo crecer y desarrollarse

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31 de octubre de 2012 a las 00:00

Chile in situ



Con ocasión de una reunión de periódicos económicos en Santiago de Chile, pude observar in situ la pujanza del país trasandino, que me hace olvidar por momentos de que me encuentro en un país latinoamericano clásico. Obras en construcción o recién construidas por doquier, un parque automotor moderno, calles limpias y una vorágine en la city como la que se puede observar en cualquier país desarrollado. Hace tiempo ya que el país de la cordillera nos está dando clases sobre cómo cimentar el desarrollo y es reconfortante -para quienes no perdemos la esperanza y soñamos con un futuro mejor para nuestro país-, advertir los beneficios de abrirse al mundo y avanzar en ese sentido mediante los tratados de libre comercio con las principales naciones del globo. Hoy Chile tiene un arancel efectivo menor al 1% y TLC con más de 60 países, incluyendo USA y China.

Un acuerdo de libre comercio es una señal muy nítida para los inversores de que un estado se abre al mundo, que sus empresas están preparadas para competir, que está dispuesto a dar la batalla por las transacciones de bienes y servicios en un mundo feroz y lograr el máximo rendimiento a las ventajas comparativas que le ha tocado en suerte.Chile aceptó que la apertura al mundo es un proceso irreversible en un mundo global y logró virar a tiempo de las malas prácticas económicas que tuvo hasta principios de la década de 1970. Hoy Chile ya no es simplemente captador de inversión externa sino inversor externo, ya que sus principales empresas invierten en Perú, Colombia, Argentina y Brasil.

Por supuesto que Chile no está exento de problemas. Existe preocupación por la calidad de la educación, por la permanencia de inequidades sociales que se arrastran desde hace décadas pese a actualmente Chile tiene el mayor PIB per cápita de América Latina, por las dificultades para integrar a las minorías étnicas y los problemas energéticos que coartan su desarrollo. Pero, pese a ello, Chile es una mosca blanca en América Latina no solo por su grado de desarrollo sino por su alto nivel del debate político y económico que mira a cómo se va a posicionar el país en los próximos años. De hecho, Chile aspira a tener las condiciones económicas y sociales para ser considerado un país desarrollado hacia fin de esta década.

El presidente Sebastián Piñera y su Alianza de centro derecha acaba de sufrir un revolcón electoral en elecciones municipales donde la Concertación fue mayoría, aunque con un amplio porcentaje de abstención en las urnas. Pero unas horas antes de los comicios, Piñera recibió un justo reconocimiento por su gestión al obtener el premio “Líder del Año” de la revista de negocios Latin Trade por “sus extraordinarios esfuerzos” y su continuado compromiso para poner a su país en “primera línea económica, social y política del mercado inversor latinoamericano”. La publicación galardonó a Piñera por su conducción como jefe de Estado durante los desastres naturales que sufrió Chile en los últimos años, sumado la tragedia con final feliz de los 33 mineros atrapados bajo tierra, y por afrontar “con éxito una grave recesión global en una de las economías del hemisferio más integrada del mundo”.Latin Trade elogió el superávit fiscal del gobierno y las medidas para mejorar la salud y la educación así como para reducir la pobreza.

Muchos podrán argumentar que un premio de esa naturaleza tiene tal grado de subjetividad que no dice demasiado sobre lo que efectivamente ocurre en el país. Pero el premio a Piñera se le podría haber otorgado a otro gobernante porque Chile ya tiene un alto grado de institucionalidad y políticas de largo plazo en áreas claves. Es mérito de esa coherencia, también, que Chile haya podido colocar en estos días un bono soberano en Estados Unidos por US$ 1.500 millones -a una tasa de entre 2,37% y 3,71%- por la que recibió ofertas cercanas a los US$ 10 mil millones. Un país que mantiene un rumbo claro y exitoso a lo largo de gobiernos de diverso signo ideológico sin duda merece esa confianza de la comunidad internacional.

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