"Hemos abandonado nuestras casas con las manos vacías; nuestros hijos se mueren de hambre" afirmó Jumana, una siria de 25 años que abandonó el lugar con sus dos hijos. De igual forma agregó: Dáesh (acrónimo árabe del EI) nos disparaba; los aviones nos bombardeaban. Nuestros niños están aterrorizados. Hemos tenido suerte de salvarnos".
Los ciudadanos desplazados de Mosul llegaron a los campos de acogida de los alrededores de la ciudad, la segunda más importante de Irak. Una gran parte de ellos decidió irse con el lanzamiento de una operación en el sector occidental de Mosul, realizada por las fuerzas iraquíes el 19 de febrero.
Estos corren el riesgo de convertirse en blanco de los francotiradores emboscados del EI o de ser víctimas de los explosivos diseminados por los yihadistas.
El ministro iraquí de los Desplazados y de la Migración calificó el pasado sábado de "claramente insuficiente" el trabajo de las agencias especializadas de la ONU para acoger a los refugiados.
Sin embargo, el número de desplazados es inferior a los temores iniciales de la ONU, que temían un éxodo masivo de un millón de habitantes de Mosul.
La OIM estimó que unas 200.000 personas habían huido de los combates en Mosul, desde que empezaron a mediados de octubre pasado, pero varias decenas de miles de ellas regresaron luego a sus casas en la parte oriental de la ciudad.
Esta zona de Mosul había sido reconquistada a fines de enero por las fuerzas iraquíes.
En el plano militar, las fuerzas iraquíes atacaron ayer cuatro barrios en poder de los yihadistas en el oeste de Mosul, incluyendo uno que alberga las oficinas del gobierno provincial.
Por su parte, en Manbij la situación militar se complicó en las últimas semanas con la implicación de una multitud de actores nacionales y extranjeros.
Los 66.000 desplazados huyeron de los alrededores de Al Bab, un importante feudo del EI en esta región que fue reconquistado por las fuerzas turcas y grupos rebeldes sirios aliados el 23 de febrero, tras semanas de intensos enfrentamientos.