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Cuentos y anécdotas de la utilería de Peñarol

Las memorias de un lugar marcado por tres generaciones de la familia Delgado que aconsejaron a Pablo Forlán, marcaron al Indio Olivera, le dieron medias rotas a Tony Pacheco, la ropa en la mano al Canario Olveira y colaboraron con todos los técnicos desde su silencio y humildad

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04 de diciembre de 2017 a las 05:00

El Bola Jorge Delgado marcaba la cancha de entrada. A su recinto de trabajo no entraba nadie, a aquella habitación de Los Aromos que tenía una ventana por la que pasaba los canastos con la ropa entraban solo aquellos que ya habían alcanzado un nivel de aplomo.

Cierta vez, por aquellos años del Quinquenio que se comenzó a gestar en 1993, llegó el Canario Nelson Olveira. El Bola Delgado, utilero aurinegro heredero de una estirpe y un legado que le dejaron su abuelo Juan y su padre Jorge, le marcó la cancha.

Olveira, en el libro Quinquenio, la historia por sus protagonistas, contó lo que le pasó con el utilero aurinegro.

"El Bola repartió los canastos y me entregó la ropa en la mano. Al otro día voy y me da la ropa en la mano. Entonces lo miro y le digo: '¡Epa, Bolita! Usted disculpe pero a mí me tiene que dar la ropa en el canasto también'. Y me dice: '¿Cómo?'. Que me tenés que dar la ropa en un canasto. Y el Bola me miró y me respondió: 'Recién venís y me metés la pesada'. No, vos me tenés que dar la ropa como todos", le dije y al otro día me dio un canasto amarillo con mi número.

La utilería de Peñarol. Un recinto plagado de cuentos y anécdotas donde existe una herencia difícil de igualar. Los Delgado dejaron su huella. El primero fue Juan, luego vino su hijo Jorge y hasta hace unos años estaba su nieto Jorge, más conocido por el Bola Delgado.

El Negro Juan


"Don Juan Delgado, ¡qué figura! Nunca le dije Negro. Era Delgado, tal vez Juan pero nunca Negro. Una cosa que me quedó para siempre fue que no dejaba que se pusiera la camiseta en el suelo, que la pisaran. La camiseta de Peñarol no se podía pisar. Me dijo: 'No es un trapo de piso para secarte los pies'", comenzó contando el Indio Walter Olivera a Referí.

Uno que convivió muchos años con el viejo utilero aurinegro fue Pablo Forlán. "Era una persona que veía bien el fútbol. Daba sus opiniones cuando le preguntaban. Increíblemente era una voz escuchada. En las prácticas se sentaba en el marco y miraba de lejos y te decía las cosas", dijo Forlán a Referí.
Agregó: "Tenía una risa muy característica. Era muy compinche de Juan Joya. Y marcaba su territorio con respeto. Fue una figura de los equipiers que tuve. La historia empieza en Peñarol cuando llega Brandao que dijo '¿cómo el jugador trae un bolso con la toalla y la ropa?'. Y desde ese entonces empezamos con canastos de alambre y ahí cada uno tenía sus cosas".

Jorge Delgado


Atrás de Juan llegó su hijo Jorge que también pasó años en la utilería aurinegra. "Para robarle una camiseta era muy difícil. Con la ropa nunca vi otro tan exigente. No le falta una camiseta, un pantalón, una media, cuidaba más la ropa que los propios dirigentes", recordó el Indio Olivera.

"¿Pasar a la utilería? No. No cualquiera iba y se metía. Te lo tenías que ganar. Estaba la puerta con una ventanita por la que te alcanza la ropa. No podías entrar y agarrar las cosas".

Olivera acotó: "Los zapatos los tenía muy bien, se pasaba sentado lustrando, los limpiaba. Ni siendo capitán podía pasar, no era que abría la puerta y me metía. Iba a Los Aromos, recuerdo perfectamente, y era un respeto tremendo con aquel morocho que te medía con los ojos".

El Bola Delgado


Antonio Pacheco no olvida las enseñanzas que le dejó el Bola Delgado. El manual de estilo del utilero decía que para los jugadores que iban a sus primeras prácticas en Los Aromos había medias rotas. "A los dos o tres años, cuando ya te ganabas su cariño, te daba una media sana", recordó Pacheco. "Te daba una lección de vida, porque te marcaba el momento. Te decía: 'Esto hay que ganárselo, entrená, sé respetuoso'. Sabés lo que vale eso".

"Al principio te daba una media rota. No te hacía la venda. Te hacía pagar el derecho de piso, con calidad, no con maldad. O la otra: te pasaba el canasto por una ventana y no dejaba entrar a nadie a la utilería. Yo tenía dos pares de zapatos, no 10. Después, con el tiempo, te dejaba entrar. Le decíamos alcahuete de Bengoechea o el 'Tano' (Gutiérrez), en broma, porque a ellos les dejaba hacer cualquier cosa", recordó Marujo Otero para el libro Quinquenio, la historia por sus protagonistas.

El Bola Delgado era de risa fácil y muy contagiosa. En 1993, el plantel se trasladaba de Madrid a Atenas. En pleno vuelo, mirando una película de Mr. Bean, el Bola se empezó a reír. Y no paraba. Todo el avión terminó a las carcajadas.

También la utilería era el corazón de Los Aromos, o hacía de diván donde los jugadores se confesaban. El Bola escuchó alguna bronca por no jugar y con toda la calidad del mundo le pasaba el mensaje a Gregorio. Era un trabajo en equipo.

Cierta vez, dos jugadores llegaron tarde. No se animaban a bajar a la cancha. Entonces recurrieron al Bola Delgado. Gregorio rememoró: "Allá lo veo venir al Bolita riéndose como era él y me dice: 'Mister, ¿se pueden vestir Fulano y Mengano?'. 'Sí, sí', le digo, que se vistan y que vengan a hablar conmigo. Yo estaba solo parado en la cancha y vienen. Y me dicen: 'Usted sabe que pinchamos una rueda del auto'. Y les pregunto: '¿Cuál era, la delantera, la trasera?'. Y uno me dice la de la izquierda, y el otro dice la de la derecha. Y les digo: '¿Qué pincharon ,dos ruedas en lugar de una? Dale, dale, vayan a entrenar'".
Rotundo recuerda con cariño la forma en que comenzaba cada jornada. "De mañana era llegar a y alguno llegaba con la bolsa de bizcochos para el Bola, y allá nos poníamos en la utilería a tomar mate y arrancábamos con alguna historia".

A la hora de resumir el trabajo de los utileros, Mario Saralegui no duda en afirmar: "Esa gente, parece que no, pero son el alma del cuadro".

La cábala del Lucho Romero


Luis Romero
Luis Romero
Luis Romero


Luis Romero contó que tenía una cábala en la cual tenía al utilero Jorge Delgado como su compinche. Resulta que Romero en el entretiempo se encerraba en el baño a fumar un cigarro. "Mi cábala era fumar un cigarrito que me lo daba envuelto en un papel higiénico el Bola Delgado", contó Romero".

El amor de Jorge por Peñarol


José Carlos Domínguez contó a Referí que "Jorge estaba internado y su hijo Juan que jugaba al básquetbol en Peñarol lo estaba acompañando cuando le dijo: "Hoy tenés un compromiso". Peñarol jugaba con Goes. Juan le dijo: "Papá, yo no me muevo de acá". Y Delgado respondió: "La mejor manera de honrarme es jugando". Jorge falleció ese día.

Las cábalas del Hugo Bagnulo


"El Hugo Bagnulo era todo un personaje, cuando veníamos en el ómnibus me decía que apurara al chofer, pero yo trataba de hacerle entender que con la roja no podíamos cruzar, y cuando íbamos perdiendo se metía piedras en la boca, y después las escupía", contó con una sonrisa pícara Tito al sitio web Campeón del Siglo.

La risa del Bola con Germinal


Germinal López
Germinal López
Germinal López

Tato García aportó otra historia en el libro Quinquenio. "En una escala estábamos todos recostados en el piso, aburridos y el Pelado Germinal estaba recaliente. En eso dice voy al baño. Se para y se le escapa un pedo. ¡El Bola Delgado no saben lo que fue! No paraba de reírse. Vino la policía a decirle que parara de reírse".

Tito, un personaje


Tito, un hombre que está en todos los partidos de Peñarol y que no olvida las cábalas de Hugo Bagnulo
Tito, un hombre que está en todos los partidos de Peñarol y que no olvida las cábalas de Hugo Bagnulo
Tito, un hombre que está en todos los partidos de Peñarol y que no olvida las cábalas de Hugo Bagnulo

Nelson Olveira tuvo un recuerdo para otro colaborador de la utilería que no habitaba Los Aromos pero que aparecía siempre en el Estadio: Tito. En el libro Quinquenio, la historia por sus protagonistas, contó: "A ese señor hay que hacerle un monumento en Peñarol, es de las personas que no sabés si precisa algo o no, porque nunca te va a pedir, ni siquiera $ 5. Tenés que arrimarte a preguntarle. Nunca pidió plata, ni una camiseta, ni un par de zapatos, nada. Llegaba y el tipo estaba ahí. Lo que vos precisaras Tito estaba ahí. Nosotros nos reflejábamos en el tipo. Por eso digo, hay jugadores que dicen no aguanto la presión. ¿Y ese señor? Nadie sabía de qué trabaja. No me olvido más que en un partido en el Campeón del Siglo llovía y se fue caminando, lo levantó un hincha y se lo llevó porque se iba caminando".

Tito llegó al club un 5 de diciembre de 1969 a instancias de su madre María Núñez, que se apersonó al entonces presidente el Gastón Güelfi a pedirle trabajo para su hijo.

En el sitio Campeón del Siglo, contó: "Manolo Facal me enseñó todos los secretos del puesto, fue mi padre en Peñarol". En el año 1990, cuando Tabárez inició su primer ciclo al frente de la selección lo quiso llevar con él, dada la relación que habían cultivado en Peñarol, pero la respuesta fue negativa "porque se concentraba en los Céspedes, entonces fue a mi casa (la de Facal) a hablar conmigo, pero yo no podía trabajar conviviendo con esos colores aunque fuera solo por un tiempo".

Los dichos de Jorge


"El Negro Jorge manejaba muchas cosas. Recuerdo que cuando ibas a firmar contrato a la sede venías y te tiraba: '¿Y? ¿Firmaste?'. Y cuando le decías que no, te respondía: 'Firmá antes de que te arrepientas'", contó Mario Saralegui a la hora de hablar de Jorge Delgado, el hijo de Juan.
A la hora de contar anécdotas Mario no olvida que el utilero aurinegro se enojaba con Chicharra Venancio Ramos.

"Jorge tenía a sus mimados en el plantel y tenía lío con el Chicharra (Ramos) porque le hacía llevar como 10 pares de zapatos. Entonces el día del partido le decía dame tal par de zapatos y cuando le decía no los había llevado se armaba. Se enojaban".

Saralegui dio paso a otra que pasaba cuando el equipo perdía: "Si Peñarol llevaba alguna racha sin ganar vos llegabas al vestuario y te recibía diciendo: 'Estando el corito pronto y lista la batería, vengo a ver a Peñarol si gana algún día".

Comentó que "si eras titulares y andabas bien te daba ropa nueva, ahora, si no jugabas te tiraba con todo".

Walter "Indio" Olivera recordó que era un hombre de físico grande. En consecuencias, en los vuelos le gustaba sentarse del lado del pasillo.

"Le gustaba sentarse y dormirse. Pero dormía con un ojo abierto porque sentía el carrito de la comida y ya paraba la oreja. Una vez casi nos mata a todos. Resulta que dos (Venancio y Saralegui) empezaron a pasar por al lado y le decían: '¡Ahí viene el carro!'. Y él se incorporaba. Se lo hicieron dos o tres veces hasta que se nos puso malo".

El Indio recordó que Jorge Delgado era sumamente cuidadoso con las camisetas.

"Me acuerdo que una vez andaba luchando con los bolsos y viene un muchacho y me pide una camiseta. Y le digo el que tiene es aquel morocho grandote. Fue a pedirle, y le dijo que lo había mandado. ¡Para qué! Me quería matar. Era muy cuidadoso con las camisetas".

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