Fin de ciclo: 15 años del FA en el poder > ESPECIALES

De aquella promesa del Centro de Alto Rendimiento de Lescano al deporte como herramienta de desarrollo

En los últimos 15 años se multiplicó por siete la inversión en deporte, se creó un plan que generó un cambio en el fútbol juvenil, se reconstruyó infraestructura deportiva y se generó una nueva forma de evaluar el deporte federado

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23 de febrero de 2020 a las 05:00

La despedida de la delegación que iba a representar a Uruguay en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 cambió repentinamente el tono. Aquel 25 de julio, más de un centenar de testigos en el salón de actos de la vieja Casa de Gobierno (en Luis Alberto de Herrera y José Pedro Varela) observaba en silencio el monótono homenaje a una reducida delegación de 12 deportistas uruguayos, cuando sorprendió el anuncio del entonces ministro de Turismo y Deporte, Héctor Lescanso: "Antes de fin de año Uruguay comenzará a construir su Centro de Alto Rendimiento (CAR)", cuyo proyecto final estaba a punto de culminar, subrayó.

Lescano, que en su gestión como ministro entre 2005 y 2012 se encargó de patentar otras frases (“El fútbol requiere agua, jabón y cepillo de alambre”, por la crisis política en la AUF), generó un impacto inesperado cuando le dijo a dirigentes, deportistas y periodistas lo que desde hacía más de una década querían escuchar, luego de observar cómo evolucionaba el mundo y la forma en que Uruguay quedaba rezagado en infraestructura deportiva.

Al final de la gestión de tres gobiernos del Frente Amplio (2005-2015), Uruguay no tiene Centro de Alto Rendimiento. Ni lo tendrá, de acuerdo al rumbo establecido. Sin embargo, el gobierno orientó sus políticas hacia un lugar que entendieron más apropiado para la realidad del país: crearon una red de centros de entrenamiento específicos. ¿Qué implica esto? Que los deportistas de selección ya no deben ir como gitanos de club en club, gestionando la cesión de espacios para entrenar con el objetivo de representar al país, realizando su preparación en los horarios libres (generalmente antes de las 7 de la mañana o después de las 22, cuando no afecta la actividad social de las instituciones), sino que tienen sus propios centros.

Centros exclusivos e independientes, ubicados en diferentes puntos de la ciudad (en espacios arrendados o instalaciones en desuso del Estado) le dieron al deporte un nuevo entorno, y generaron espacios de entrenamiento para básquetbol, vóleibol, rugby (Charrúa), deportes de combate (los viejos talleres de la Comisión Nacional de Educación Física que se utilizaban como galpones en avenidas Italia y Batlle y Ordóñez), gimnasia (en Canelones), tenis (plaza de deportes 3). Esta semana empezarán los trabajos para los deportes náuticos.

En ese camino, al gobierno le quedó pendiente resolver el espacio del ahora clausurado Club Neptuno, que será destinado a la natación y deportes de gimnasio. Hicieron el intento. En 2012, cuando estaba en funcionamiento, la Secretaría Nacional de Deporte (SND) le ofreció a los dirigentes del club invertir para recuperarlo a cambio de asumir el 70% de las instalaciones. No prosperó. Ahora, Neptuno está en un proceso judicial para liquidar deudas, y la natación sin un espacio para sus seleccionados. El predio pertenece a la comuna capitalina.

En 15 años de gestión de la SND, el gobierno multiplicó por siete la inversión para el deporte en todas sus áreas, en una clara apuesta al crecimiento y desarrollo del país desde ese lugar y en los dos extremos: desde la escuela, en el lugar en donde mayor incidencia puede tener para transformar una sociedad, al deporte federado, generando una nueva cultura. En un proceso paulatino pasó de US$ 1.837.853  de presupuesto anual que heredó en 2005 a US$ 13.901.636, en 2019.

Gastos, transferencia e inversión de la SND
En 2005, US$ 1.837.853
De 2006 a 2009, US$ 6.408.409 por año
De 2010 a 2014, US$  11.936.516 por año
De 2015 a 2019, US$ 13.901.636 por año
* No están incluidos salarios de toda la SND que tiene 600 funcionarios y que asciende a $ 23.000.000 mensuales (US$ 9.000.000 anuales)

El gobierno enfocó la gestión en los tres períodos de gobierno en los conceptos de deporte-educación (2005-2009 con Fernando Cáceres como secretario nacional de deporte), deporte comunitario (2010-2014 con Ernesto Irurueta) y deporte-federado (2015-2019 Cáceres).

Golpe de timón

En su primera etapa apuntó a la raíz y estableció dos puntos de quiebre: la universalización de la educación física en la educación (Primaria), y la intervención del fútbol juvenil a través del programa Gol al Futuro, que generaron transformaciones históricas.

En 2007 se votó la ley que declaró obligatoria la enseñanza de la educación física en Primaria.  Hasta ese momento 16,3% de las escuelas urbanas tenían educación física. Tres años después, el 100%. En las rurales quedaron en deuda. También les quedó pendiente ampliar el plan de universalización a bachillerato y a educación terciaria. Inesperadamente, esta decisión tuvo derrame en otros lugares: plena ocupación en los docentes de educación física.

Por su parte, Gol al Futuro, un desafío personal de Tabaré Vázquez, apuntó a la formación integral de los futbolistas. Casi en paralelo con el plan que Óscar Washington Tabárez iniciaba en las selecciones nacionales, los jóvenes deportistas se encontraron en un escenario inédito: la dicotomía fútbol-libros fue extirpada. Ya no se escuchó más: ¿Jugás al fútbol o estudiás? Ordenaron horarios de entrenamientos y de estudios, para que no fueran incompatibles. Comprometieron a los dirigentes en donde más les dolía, el bolsillo: brindaron materiales deportivos, apoyo de médicos, podólogos, sicólogos, nutricionistas a cambio de que los futbolistas estudiaran. Si no impulsaban a sus futbolistas a estudiar, se quedaban sin los beneficios. Así generaron un cambio profundo como nunca se había producido en el fútbol juvenil de la AUF y en la educación, que también conspiraba contra los deportistas que querían estudiar. Las estadísticas oficiales reflejan que entre 2011 y 2019 el número de futbolistas que estudiaban en la franja de 13 a 15 años pasó de 86% a 99,5% y en la más crítica, de 18 y 19 años, de 44% a 82,9%.

Las plazas: un legado pesado

El período 2010-2014 se enfocó en el deporte comunitario y quedó empantanado por los altos costos que exigía la actualización de una infraestructura centenaria, que fue quedando obsoleta mucho antes de 2005, con plazas de deportes que ya no cumplían la función innovadora y original de 1911. El gobierno no supo interpretar cabalmente la realidad, por falta de información: invirtió para actualizar dos plazas de deportes (la de Paso Molino y Cerro) lo mismo que para construir tres pistas de atletismo nuevas en todo el país: $ 150.000.000. Una encuesta de 2015 arrojó que solo 8% de los uruguayos realizaba actividad deportiva en instalaciones pública (plazas de deportes), y 58% en espacios públicos no específicos (rambla, parques, etc.). 

Al cabo de cinco años, cuatro quedaron actualizadas bajo el proyecto plazas del siglo XXI (Paso Molino, Cerro, Ituzaingó y Paysandú). De las 114 plazas de deporte, muchas en estado de abandono desde mucho antes de 2005, actualmente quedan operativas 89 en todo el país, y varias de ellas con gestión municipal.

Otro cambio: deporte federado

El último quinquenio fue rico en contenido y desarrollo. Quedaron impuestos los Juegos Deportivos Nacionales para menores de 14 años, que llegaron a su cuarta edición en ocho disciplinas, un acuerdo con China que en los últimos tres años llevó a 500 deportistas uruguayos a perfeccionarse en el gigante asiático y que tiene tres años más de vigencia, infraestructura deportiva como nunca tuvo Uruguay (construyeron tres pistas de atletismo con piso de tartán, la única que había era la del Parque Batlle que había sido construida en 1921 y tuvo su primer tartán en 1989), centros específicos de entrenamiento y, por encima de lo tangible, quedó plantada la semilla de una refundación del deporte federado. 

De alguna forma, como sucedió hace un siglo con José Batlle y Ordóñez –en aquel nacimiento del Uruguay deportivo en una etapa floreciente del país–, el gobierno vuelve a tomar de la mano a las federaciones deportivas para encauzarlas. En la década 1910 y 1920, ninguna federación podía hacer nada sin la autorización del gobierno. Ahora, con menos injerencia, pero con una política embudo que obliga a las federaciones a reordenarse, capacitó a los dirigentes y generó una ley que los ordena.

La primera ley del deporte, aprobada a fines de 2019, comienza a regular con una ley marco, que evita ser un corsé y se transforma en una ayuda para reglamentar situaciones tan elementales como que todos los períodos de vigencia de las autoridades en las federaciones irán acompasados a los ciclos olímpicos y ninguna autoridad podrá tener más de una reelección. A partir de 2021, cuando todas las federaciones tendrán que elegir autoridades, los  presidentes no estarán más de ocho años en sus cargo. Eso obligará a trabajar para generar recambio y pensar en el futuro.

Para avanzar casilleros en ese lugar en el que están rezagados, todas las federaciones recibieron tres capacitaciones: gestión de proyecto; marketing y desarrollo organizacional.

Además, exigieron a las federaciones presentar un plan de trabajo, que fue analizado, y luego de pasar por un cernidor asistieron exclusivamente a quienes reunían las condiciones, como forma de obligar a todos a tener una organización deportiva.

Al deporte federado en Uruguay le queda avanzar en la profesionalización de la gestión y comenzar a entenderlo como se concibe en el mundo, como espectáculo. A las políticas deportivas seguir madurando los cambios ejecutados. No obstante, el camino quedó marcado cuando en estos 15 años multiplicaron la inversión a niveles históricos, impulsaron una transformación cultural y las promesas sin sustento de Centros de Alto Rendimiento inconsistentes dieron paso a un parque deportivo ajustado a la realidad de un pequeño país con una gran tradición deportiva.

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