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Debates sí

En una sociedad como la de Uruguay, no sería mal que los candidatos accedieran a debatir para esclarecer dudas a los votantes 

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27 de noviembre de 2018 a las 05:03

La imagen de las botellas estrellando contra los vidrios del ómnibus que transportaba el ómnibus de Boca Juniors para jugar en el Estadio Monumental de Nuñez la final de la Copa Libertadores de América es un síntoma de una sociedad partida que se acostumbró a querer eliminar al otro. Es precisamente en Argentina donde los intelectuales acuñaron la palabra “grieta” para hacer referencia a una sociedad dividida sin vasos comunicantes pero que igual debe convivir en un mismo territorio dominado por las mismas leyes. Esa grieta se agiganta cuando la ignorancia ante el que piensa distinto es tan moneda corriente como refugiarse siempre en los que piensan igual para denostar al que piensa lo opuesto. Romper esa situación de pretender vivir en una realidad desconociendo la del otro es una obligación de los políticos de buena fe. Las sociedades contemporáneas exigen señales de que se puede dialogar con el distinto por el bien de los ciudadanos.
Por eso la propuesta del diputado Fernando Amado es de recibo. El legislador disidente del Partido Colorado inició una ronda entre los precandidatos presidenciales para promover un proyecto de ley que establezca como obligatorios los debates públicos presidenciales para las elecciones nacionales y el balotaje.

El texto sostiene que los debates deben ser transmitidos en vivo en horario central por televisión abierta. La organización estaría a cargo de la Corte Electoral con quien los participantes deben acordar los términos del debate que incluye la elección de periodistas de reconocida trayectoria en los medios. El proyecto de ley incluye también sanciones para quienes se nieguen a debatir.
“No creo que los legisladores aprueben algo que sus precandidatos no quieren, por eso hago estas reuniones”, sostuvo Amado a La Diaria confirmando su intención de mover el tema una vez más.

Lo curioso del tema planteado es que deba seguir el trámite parlamentario. En una sociedad democrática y abierta como es la uruguaya deberían ser los propios candidatos quienes libremente opten por debatir sus propuestas, sueños, visiones de país con sus eventuales adversarios. Que sea por ley no es lo ideal, pero por lo menos la iniciativa pone el tema arriba de la mesa.
No se trata de una guerra, sino todo lo contrario. El objetivo es brindar información al público en el legítimo contraste de ideas para que quien vote tenga una visión más fidedigna de la persona en quien depositará su confianza para gobernar el país.
La negativa a debatir por los candidatos de la izquierda en las últimas elecciones fue toda una señal equivocada. El razonamiento mezquino de creer que como las intenciones de voto favorecían una posición dominante no era necesario debatir, pudo ser una victoria pírrica, pero nefasto para la democracia y la convivencia. 

Hoy el escenario cambió, la crispación es mayor y se avecina una campaña electoral con pronósticos de mucha intolerancia. Que los precandidatos debatan sus proyectos sería una excelente señal de que lo importante, más que llegar al poder, es la sana convivencia de todos los uruguayos. Un lujo que estamos aún a tiempo de rescatar. Para ello contamos con el sentido común de los precandidatos de todos los partidos, cosa que no siempre prima en política. Y ojalá que esto fuera si necesidad del ley. Hacerlo obligatorio hablaría mal de nuestro sentido de la democracia. 

 

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