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Desigualdad y subdesarrollo humano: ¿cuál es la conexión?

América Latina continúa siendo una de las regiones más desiguales 

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24 de enero de 2019 a las 05:03

*Por David Castells-Quintana/Latinoamerica21

En Latinoamerica21 hemos hablado bastante de desigualdad, una de las peores lacras de América Latina. Y es que nuestra región sigue siendo una de las más desiguales del planeta. Reducir la pobreza y la desigualdad fue a principios de siglo una de las prioridades políticas en algunos países latinoamericanos, pero hoy esta tarea parece haber vuelto a quedar relegada por otras preferencias. Los nuevos gobiernos de derecha de la región, tras sus estrategias populistas, y con las reformas fiscales que han puesto en marcha, claramente no parecen priorizar de forma seria la reducción de la desigualdad. Y esto debería preocuparnos.

Algo de desigualdad es bueno. Sin ella, los incentivos para la inversión, para la acumulación de capital (tanto físico como humano), el esfuerzo y la toma de riesgos necesarios, desaparecerían. Pero cuando la desigualdad alcanza los altos niveles que caracterizan a los países latinoamericanos, sus costos empiezan a dispararse. Una desigualdad alta no solo es indeseable por cuestiones éticas; también puede ser desastrosa en términos socio-económicos. Una alta desigualdad desmoraliza a los ciudadanos que la padecen (los pobres), pudiendo reducir sus incentivos para incrementar su productividad, por ejemplo, estudiando o esforzándose más. Pero una elevada desigualdad nos termina afectando también a todos. La desigualdad rompe la cohesión social, genera conflicto social y desemboca en conflicto político (incluso violento), populismos (tanto de derecha como de izquierda), corrupción y políticas equivocadas. Así, la desigualdad lleva al subdesarrollo institucional, y esta refuerza las dinámicas de concentración del ingreso. Un ciclo que se refuerza y que ha sido la realidad de casi todos los países de nuestra región a lo largo de la historia.

Pero los costos de la desigualdad van más allá. Hoy por hoy una medida internacional muy reconocida para medir el desarrollo humano de los países es el Índice de Desarrollo Humando (IDH), que publica regularmente el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El IDH es un índice que combina información sobre producción per cápita, educación y salud. Tomando datos del reporte del PNUD del 2018, la mayoría de los países de nuestra región presentan un índice entre 0.6 y 0.85 (siendo 1 el máximo nivel). La media de la región es 0.76, pero hay diferencias importantes, por supuesto. Chile, Argentina y Uruguay se sitúan a la cabeza, con IDH superiores a 0.8, lo que los sitúa como países de desarrollo humano muy alto (en términos comparativos internacionales). Bolivia y varios países centroamericanos presentan un IDH entre 0.6 y 0.7, lo que los clasifica como de desarrollo humano medio. Haití, a la cola, presenta un IDH de 0.5, siendo el único país de la región con desarrollo humano bajo.

Ahora bien, mirando los datos para los años recientes, no todos los países de la región han evolucionado de forma similar. Mientras en algunos países el IDH muestra un aumento constante, como en Costa Rica o Ecuador, en otros el progreso se ha estancado, como en Paraguay, Colombia, Venezuela y Brasil (otrora líder en cuanto a crecimiento del IDH).

Al estudiar la evolución en el IDH para todos los países del mundo durante las últimas tres décadas, se encuentra uno de los grandes costos de la desigualdad. Como mostramos en una investigación publicada recientemente en la revista científica Sustainable Development, un análisis detallado de los datos refleja que la desigualdad (tanto su nivel como su evolución) es un factor determinante para explicar el (sub)desarrollo humano (tanto su nivel como su evolución). En otras palabras, la desigualdad parece causar subdesarrollo humano. Así, cuando los países experimentan mayor desigualdad, esto no solo perjudica el desempeño económico de todo el país, sino también sus niveles educativos y de salud.

El mensaje es claro, si queremos una Latinoamérica realmente prospera, la lucha contra la desigualdad tiene que volver a ser prioridad máxima en la agenda política de nuestros gobiernos.

David Castells-Quintana, profesor en economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, especializado en economía internacional, economía urbana y desarrollo económico. Ha publicado recientemente ¿Qué Planeta Heredarán Nuestros Nietos?

www.facebook.com/Latinoamerica21

@Latinoamerica21

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