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Eduardo Ache: “Hay que dar oxígeno a las pymes, y el Estado tiene que proceder”

El economista y asesor de Manini Ríos dice que el agravamiento de la pandemia obliga a profundizar las medidas para salvaguardar el entretejido emprendedor del país

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09 de enero de 2021 a las 05:04

El economista Eduardo Ache estuvo alejado varios años de la política partidaria. Sin embargo, ahora volvió al ruedo con un perfil más bajo y hoy es hombre de consulta  del líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, en temas económicos y políticos. Estuvo detrás de la negociación en la colación multicolor con algunos temas sensibles como la desmonopolización del negocio de los combustibles de Ancap en el puerto de Montevideo o los aeropuertos. Dice que desde esa posición se siente cómodo para aportar su visión personal sobre asuntos que le preocupan como la pérdida del entramado empresarial y emprendedor uruguayo que se agudizó con la pandemia. Por ese motivo, considera clave que las autoridades del Poder Ejecutivo y el equipo económico pongan en la cancha nuevas medidas de apoyo. Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Ache mantuvo con El Observador.

¿Su pasado político lo tiene claramente identificado con el Partido Colorado. En cambio, en la última discusión sobre el Presupuesto apareció como asesor de Cabildo Abierto y de su líder Guido Manini Ríos. ¿Qué lo llevó a ese cambio?
Me  inicié dentro del Partido Colorado. En su momento participé en el gobierno del padre (Luis Alberto Lacalle) del actual presidente (Luis Lacalle Pou) y fue un orgullo para mí hacerlo. Después fui candidato a la vicepresidencia por el Partido Colorado y luego estuve en Ancap durante el gobierno de Julio María Sanguinetti y seguí en Ancap e interinamente en Antel en el primer año de Jorge Battle. Hacía añares que estaba alejado de esto. En la elección anterior, pidieron que los conservadores del Partido Colorado votemos en otro partido. Y bueno, eso fue lo que hice. Ahí conocí al actual senador Manini. Fue antes de la elección que tuvimos algunas charlas. Después retomamos las conversaciones y los contactos cuando asumió como senador. Tengo un diálogo muy fluido y es para mí un orgullo que me consulte.

Como asesor en el Presupuesto hubo algunos temas sensibles como la desmonopolización del mercado de combustibles de Ancap en los puertos y luego en los aeropuertos. En su momento se manejó que Cabildo Abierto no llevaba esos cambios y luego terminaron saliendo. ¿Tuvo un rol como articulador en ese proceso? 
Tengo claro mi rol, doy mis opiniones y me consta que soy escuchado. Después quien decide políticamente es él (Manini) con su estructura. Esa ha sido mi relación con él ,en la que me siento muy a gusto, que se ha ido profundizando en los últimos tiempos y se hizo explícita cuando participé  en el Presupuesto. Aprovecho su pregunta para darle mi óptica sobre el  relato creado sobre su figura que no es tal. Lo primero es que mucha gente se equivoca en pensar que Manini es un militar que viene a la política. Uruguay ha tenido grandes militares que han hecho política. Podemos hablar del caso Seregni, Gestido, Aguerrondo (...) Manini además de haber sido militar pertenece a una familia política que hace más de 100 años está en Uruguay y es Licenciado en Historia. Desde que interactúo con él no he tenido que pasar por ninguna cúpula militar para dar mis opiniones, que además después veo son tomadas en cuenta. Hay un relato, pero la realidad que yo he visto es totalmente distinta. En esa interacción he aprendido a conocer una persona (Manini) que tiene sus convicciones y puntos de vista,  pero que escucha y es flexible. Si tiene que adaptar su punto de vista lo adapta. En ese proceso en la negociación del Presupuesto hubo múltiples ejemplos que mostraron que fue un factor clave para que saliera como el gobierno lo necesitaba. 

En entrevistas con medios en las últimas semanas ha insistido con la necesidad de dar más apoyo a las empresas pequeñas y medianas del país.  ¿Por qué considera que hay que dar una segunda ola de medidas?
Entiendo que la existencia de emprendedores es crucial para nuestro país y ser parte de las pequeñas y medianas empresas hoy es una quijotada. Y la dinámica del sistema y la pandemia agravan esta situación.   Es importante entender el punto de partida porque condiciona y genera ciertos problemas a la realidad que  hoy estamos viviendo. Los mismos números  de Uruguay que muestran que en el período 2005 2015 tuvimos un crecimiento muy importante, nos muestran también que en los últimos cinco años tenemos un país estancado. Además, en todo ese período, el  Uruguay aumentó su costo país como si la bonanza externa inicial iba a durar para siempre. Terminamos subiendo entre un 8% y 10% del PIB el gasto público. Esto nos llevaría a otro tema, la eficiencia del gasto público y social que daría para otra nota. Este aumento del costo país  es parte de la realidad que se tenía y fue generando una dinámica que hoy condiciona el funcionamiento de la economía. 

¿A qué se refiere?
Uruguay es un país serio y su certeza jurídica más allá de quien gobierne, da seguridad a los inversores locales o a quienes vienen de afuera. Pero el costo país ha aumentado. Y ese crecimiento conduce inexorablemente a mayor concentración y a necesitar mayores economías de escalas para ser rentables. Este proceso  quien más lo estaba sufriendo eran las pequeñas y medianas empresas que hay en Uruguay. Hay muchos ejemplos del aumento de concentración para ser rentable en casi todos los sectores productivos. Y para pagar ese mayor costo país, hubo que conseguir recursos.  Estamos hablando de entre US$ 3.000-US$ 3.500 millones anuales de mayor carga fiscal. Además de deuda y de déficit fiscal. Esa presión fiscal recayó principalmente sobre los pequeñas y medianas empresas y también  sobre la mano de obra y el consumo. Es natural que en un país caro y casi sin rentabilidad, para  que se hagan las inversiones hay que exonerarlas. Si mirás la descomposición de esos US$ 3.500 millones extra, muy poco fue al capital. Y te pongo como ejemplo un emblema como fue el Impuesto a la Renta Personal (IRPF).  Soy un convencido que, dadas las escalas salariales donde se aplica,  lejos de ser un impuesto a la renta personal es un impuesto al trabajo calificado. El Uruguay, más allá de su progresismo declarado tiene un sistema tributario muy regresivo donde terminamos poniendo impuesto a la mano de obra. Y lo que es peor es que esa imposición a la mano de obra, la agravamos en pleno  proceso de cambio estructural en el mundo donde la tecnología desplaza mano de obra. Cuando llegó el covid-19, ya estábamos en pleno proceso de concentración del aparato productivo y de caída del empleo. Sin duda lo que sucedió luego del 13 de marzo aceleró las consecuencias negativas de ese proceso.

Que se suman a los otros 50 mil empleos que en promedio se destruyeron en el quinquenio previo al convid-19.
Exactamente. Entonces, para entender lo que está pasando y qué es lo que se está pidiendo debemos ver toda la película. Hoy hay 100 mil personas que no saben si vuelven a trabajar. Y  en la discusión política  no nos atrevemos a decirle al sector público que en esta crisis puede verse afectado su salario real cuando saben  que la cantidad de funcionarios no se van a tocar. Hubo un buen ejemplo al inicio de la pandemia y fue una muy buena señal del sistema político de animarse a hacer un sacrificio, pero acá la gente lo sigue haciendo. Al comienzo de la pandemia   se tomaron  medidas por el   gobierno que  mostraron  mucha sabiduría para encontrar un equilibrio entre lo económico y lo sanitario. Aún hoy, si mirás la evolución  sanitaria y de la económica conjuntamente, Uruguay sigue siendo un ejemplo en todos lados por sus resultados.

El presidente puso su impronta de libertad con responsabilidad. Muchas de las medidas sanitarias y económicas fueron  tomadas con el convencimiento de que a fin de año íbamos a estar saliendo y se retomaba la actividad. La realidad de ese momento permitía hacer ese razonamiento.

Y eso no pasó
Hoy estamos viendo que se agudizó la problemática sanitaria y obviamente esto va a tener sus consecuencias sobre el aparato productivo. Y principalmente sobre todo el tejido social, que son las pequeñas y medianas empresas que son quienes más están sufriendo todo esto. Las empresas grandes tienen otro respaldo, otro resto. Hoy mucha gente prefirió y tomó la decisión de seguir abierto pensando que esto (por la pandemia) se terminaba. Hoy cualquiera que mira para adelante es consciente que por lo menos seis meses más van a ser complicados, además de otros temas que están pasando como la sequía. Es por esta dinámica que entiendo se debiera replantear   cómo seguimos. Así como en su momento se apelaba a aquella metáfora de las perillas, hoy creo habría que comenzar a aflojar las perillas de ciertos instrumentos del Estado a todo este grupo de uruguayos y empresarios que están empezando a sufrir las consecuencias y aguantaron estos seis meses pensando que eso iba a ser lo peor. 

Si corregimos a tiempo no tengo dudas que cuando finalice esta pesadilla y se haga el balance final de los costos económicos y sanitarios, nuestro proceso será de los mejores.

La Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE) informó que entre febrero y junio se perdieron unas 7 mil mipymes en todo el país y unos 40 mil empleos. Luego vino un período de repunte entre junio y octubre con la creación de unos 3.700 mipymes y de 7.100 empleos, claramente por debajo de los niveles pre-pandemia. ¿Esos números son los que le preocupan? ¿Piensa que el SIGA debió ser un poco más agresivo a la hora de dar apoyo?
Comparto que se debió y todavía se puede ser más agresivo con el SIGA para salir con el menor daño posible de la pandemia. Pero la solución de fondo pasa por generar condiciones de costos y competitividad. El presidente, su Consejo de Ministros, su equipo económico, tienen una visión y concepción muy clara que compartimos y que en buena medida fue parte de la razón por la que hubo alternancia política. En ella quienes integran el Estado son servidores públicos y  el Estado debe  estar al servicio de los ciudadanos y los  contribuyente. Y uno ve que ese pensamiento está en la cabeza, pero en la acción y la estructura cuesta instrumentarlo. Uno de los ejemplos es lo que decís en el SIGA y pasó. Se pudo y se debió ser más flexible. He escuchado las argumentaciones de que no quieren que los bancos le pasen la cartera mala al Estado. Señores, la mitad del sistema bancario es el Banco República.

Segundo, creo que hay formas de poder contribuir y creo que es una de las perillas que se debería abrir pero va más allá de ese instrumento. Doy otro ejemplo: hoy hay una cantidad de empresas que aunque estén perdiendo plata van a tener que pagar un adelanto de IRAE (Impuesto a la Renta). ¿Tiene lógica? A veces es la instrumentación. Muchas veces los organismos del Estado tienen vida propia.  Hoy  en Uruguay iniciar una empresa tiene un costo que no es solo la instrumentación y los tiempos; cerrar empresas en el país tiene un costo enorme y es muy engorroso.

Hay mucha gente que pasa a la informalidad por lo que le significa cerrar una empresa. Esto lo estamos viviendo todos los días. No le pasa a las grandes, sí le pasa a las medianas y las chicas.

Otro ejemplo: si debés un mes en el BPS, te obliga a reconocer personalmente la deuda de la empresa para declarar los meses siguientes. ¿Quién va a decir que no se pague? Nadie puede estar defendiendo eso. Lo que sí es claro en que esta instancia en que muchos están funcionando para ver si sobreviven –y ya venían golpeado de antes– una medida de estas –salió la circular en noviembre– no ayuda. Se pensaba que venía todo bárbaro y bueno, llegó el momento de empezar a cobrar. ¿Es este el momento? Esto genera como consecuencia que asumís la deuda (ante BPS) de la empresa a nivel personal o no podés ingresar la nómina, lo que te puede llegar a generar un juicio penal. Estas cosas están pasando hoy en el Estado.  

¿Es fácil y factible de instrumentar eso?
 Una cosa es la conducción y otra cosa son todas las estructuras. Entiendo que habrá que aceitar mucho más el funcionamiento entre las políticas que se quieren dar y la necesidad.  Intuyo que saliendo de todo este tema sanitario obviamente van a enfocarse en una segunda instancia (de apoyo económico) porque esta segunda ola de la pandemia trae sus consecuencias económicas. Sé que en el equipo económico,  lo están pensando, después habrá que instrumentarlo. Esto no es más que un pensamiento y una opinión.  Se ha hecho una excelente tarea entre el equilibrio entre lo sanitario y económico, pero hay que tomar las nuevas medidas a tiempo para minimizar el impacto de la pandemia pensando en el mañana. Cuando termine esta pandemia, hay temas estructurales que también  debemos resolver.  En el contrato  que firmó Uruguay con UPM, el país se comprometió por sobre todo a eliminarle los costos y trabas para que se pudieran funcionar.  Ese documento  es el mejor resumen de las reformas estructurales que el país debe hacer para sacarle la mochila a todo su aparato productivo. 

¿Qué pasa con el cuidado de las cuentas del Estado?
Sin dudas cerrar las cuentas del Estado es una condición necesaria para una economía sana, pero no es suficiente , y no lo deberíamos hacer sacrificando la rentabilidad del aparato productivo. También es importante recalcar que este gobierno va a insumir sus dos primeros años minimizando los efectos externos de la pandemia.

Si esperamos a equilibrar las cuentas del Estado para empezar la reactivación, corremos el riesgo de que se nos vayan los cinco años. De la misma forma que el presidente encontró un sano equilibrio entre lo sanitario y lo económico en el manejo de la pandemia, el equilibrio entre la austeridad y la reactivación post pandemia serán fundamentales para el éxito de su gobierno y el futuro político de la coalición. 

Muchas veces por cerrar las cuentas del Estado castigamos a los más eficientes. Hay sectores que  con un apoyo mínimo, sacándole los costos, porque no están pidiendo subsidios, sino que les saquen la mochila, pueden realmente tener un crecimiento enorme. Me viene uno a la cabeza: el sector lechero. En los últimos cinco años se fue más del 10% de los productores lecheros del Uruguay. Son todos productores chicos. Acá hay un claro ejemplo de un sector con mayor concentración y una mayor escala para sobrevivir. Hoy un tambo es una familia. No todo es poner más plata, alcanza con reasignar prioridades. Con la mitad de apoyo que se le dio a  ALUR, generando rentabilidad,  el sector lechero duplica sus exportaciones. La no suba del precio del gasoil es una buena señal en esa dirección.

En Uruguay ha ido creciendo el tamaño de las empresas para ser rentable por la estructura país. Soy un convencido que ir tomando estas medidas  ayudará a  rescatar parte de este entramado social que es medular en el futuro nuestro. No hacerlo significa que aquellos que queden por el camino pasarán a golpear las puertas del Estado con un costo doble: el mismo apoyo económico, más el costo de un ser humano que, lejos de sentirse pleno trabajando o teniendo su empresa, está viviendo de la asistencia social. 

¿Esto tiene algún punto de contacto con los reclamos del Frente Amplio al gobierno de liberar más recursos para una renta básica de emergencia para la población más vulnerable?
Son visiones distintas. Entendemos que el Estado debería implementar rentas básicas para ayudar a capacitar a quienes perdieron su empleo por la tecnología, algo muy diferente a la renta básica universal.  En el caso de la pandemia el Estado  dio su apoyo y lo debe seguir haciendo mientras dure. Prefiero el apoyo específico y que no fomente una dependencia permanente. Es la razón por la que sostengo que en el largo plazo sostener a los emprendedores pequeños y medianos nos va a salir mucho más barato que si terminan en las colas de los planes sociales. Quienes hoy proponen la renta universal, son quienes tomaron  una cantidad de medidas  que llevaron a las pequeñas empresas a la  dinámica actual. Sin duda hay que ayudar al que menos tiene, dar asistencia cuando sea necesario, pero quiero un país de emprendedores que hoy son el entretejido del país. Esta es simplemente una alerta. Se empezó muy bien pero nos confiamos en el tema sanitario y eso va a tener consecuencias económicas. Es momento para un replanteo y afinar lo que se está haciendo y poner a toda la orquesta en sintonía, no solo al presidente y el Ministerio de Economía sino a todos los instrumentos del Estado y que se proceda en consecuencia. Se está a tiempo y ojalá que el paquete de medidas pueda servir para sobrellevar esta crisis. 

Un acuerdo para reformas.

Ache sostiene que es momento de buscar un entendimiento para reformas estructurales para que lleguen a todos los uruguayos.  Dijo que eso quedó de manifiesto cuando se firmó el acuerdo para que se haga la inversión de UPM. 

Bajada a tierra.

El economista considera que muchas de las acciones que desde el Ejecutivo se definen luego cuesta llevarlas a la práctica por la dinámica propia que tienen organismos como la DGI o el BPS. 

Perfil
El economista es conocido en varios ambientes, quizás en las última dos décadas más en el fútbol por su pasaje por la dirigencia del Club Nacional de Football y la AUF.  En el último tiempo trabajó con el empresario argentino Manuel Antelo -propietario de Santa Rosa y de Car One- .También es productor ganadero.

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