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Mariño tiene 18 años, cursó el Liceo Militar y trabaja en la panadería de un supermercado

Nacional > NECESITA US$ 6.000

El adolescente de Nuevo París que ganó una beca en la universidad más exclusiva del mundo y sueña con el Nobel

Alan Mariño tiene 18 años y egresó el año pasado del Liceo Militar, fabricó su propio respirador y quiere ser neurocirujano

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30 de junio de 2021 a las 05:02

Por Paula Ojeda

Después de una jornada de trabajo en la panadería del Devoto de Arenal Grande y desde su casa en Nuevo París, Alan Mariño (18) ingresa a la videollamada pactada con El Observador. Si la misma situación ocurriera en seis, 12, 18, 24 o 36 meses, esta misma llamada lo podría encontrar abrazado por el calor de Hyderabad (India), en algún café con vista al Océano Pacífico en San Francisco (Estados Unidos) o envuelto en la apabullante urbe de Seúl (Corea del Sur). Si no, podría encontrarse en Londres, Berlín o Buenos Aires. Mariño fue aceptado en la universidad más selectiva del mundo, Minerva Schools, y vivirá en seis ciudades mientras cursa su licenciatura en Ciencias Naturales enfocada en Sentido y Organismos.

Generalmente cuando veo algo y lo quiero voy hasta el final para poder conseguirlo. Soy exigente en eso”, dice, y cuenta que así lo hizo siempre. A los cuatro años quiso estudiar inglés porque “lo veía en las películas”. Un día, sentado junto a su abuela en la puerta de un banco, vio que había un instituto de inglés enfrente y le pidió para ir. Estudió 15 años ahí. A los cinco, salió la película de Disney High School Musical y los protagonistas iban a ir a estudiar Stanford. “Dije ‘ay qué lindo, yo quiero ir a estudiar ahí’”, cuenta. “Un día mi madre me preguntó qué quería ser cuando fuera grande, le dije que neurocirujano y acá estoy”, cierra.

Alan Mariño fue al Liceo Militar. Fue campeón de las Olimpíadas de Robótica y llegó a la final en las Olimpíadas de Química y Matemática. También hace bádminton y esgrima y forma parte de la selección nacional. Junto con una compañera del liceo tenían el sueño de ir a estudiar a Estados Unidos, se pusieron en contacto con la embajada y ellos los conectaron con el programa Education USA donde los guiaron hasta las opciones posibles.

En octubre de 2020 escucharon una charla que dieron dos de los tres alumnos uruguayos que tuvo Minerva desde su fundación (2012) hasta ahora. "Quedé completamente enamorado desde ese momento (…) no podía creer que fuera real”, recuerda. Esto es porque Minerva no es una universidad común.

Entre sus particularidades, se destaca que no se evalúa con exámenes, no hay clases expositivas presenciales y los alumnos deben mudarse de ciudad todos los cuatrimestres. Las clases se toman a través de una plataforma desarrollada por la universidad para sus alumnos y constan de un intercambio permanente entre alumnos y docentes. Los grupos no exceden las 20 personas y tienen como objetivo fomentar las discusiones y el pensamiento crítico. Entienden que los exámenes en los que hay que aprenderse muchos datos de memoria no es la forma más efectiva de evaluar, por eso proponen entregas en las que el alumno tiene que desplegar verdadero conocimiento del tema y una reflexión.

Micaela Mastropietro, la primera uruguaya en ingresar a la universidad y actual integrante del equipo de Alcance y Difusión de Minerva en América Latina explicó a El Observador por qué no se llaman una universidad “enteramente virtual”. El objetivo de mudarse cada semestre a una ciudad distinta es que los alumnos puedan intercambiar con las distintas comunidades que los rodean y esto es estimulado por los profesores a través de las tareas asignadas. Además, se proponen constantemente pasantías en organizaciones no gubernamentales, organizaciones internacionales y públicas de cada país, o empresas privadas, que son requisito para graduarse.

La forma de ingreso también es diferente a la del resto de las universidades de élite. No es necesario haber hecho el examen SAT (prueba estandarizada indispensable para ser aceptado en las universidades estadounidenses), el Bachillerato Internacional (programa necesario para poder acceder a universidades en Europa) ni ningún otro examen internacional. El estudiante se puede postular con las notas regulares de cada país y el equipo de admisiones investigará sobre el país y el perfil de la institución educativa a la que el postulante concurrió.

Eso fue lo que hizo Mariño, aplicó con las notas que tenía por su paso en el Liceo Militar. De todas formas –aclara rápido Mastropietro– “en Minerva los alumnos son mucho más que las notas”. Por eso la prueba de ingreso consta de tres instancias. La primera abarca los datos básicos del postulante y su escolaridad, la segunda consta de una serie de desafíos matemáticos, de razonamiento y de creatividad y la tercera propone que el alumno desarrolle seis logros que haya tenido en su vida y que lo hagan merecedores de su lugar en Minerva.

Uno de los logros que presentó el estudiante uruguayo fue el respirador para pacientes con muerte cerebral que construyó con dos amigos del liceo y que lo llevaron al primer puesto en las Olimpíadas de Robótica y a la oportunidad de poder exponer el producto en una feria en México.

Respirador con bolsa ambu manual

Al respirador manual –una bolsa ambu que se debe apretar manualmente para poder suministrarle aire al paciente– le construyeron “una especie de brazo que aprieta cada cierto tiempo” con una placa de Arduino. A la vez, tiene un sensor que evalúa la temperatura, el aire y controla que no haya ningún desperfecto. “Con eso evitamos que se acapare un respirador común en un paciente con muerte cerebral sin que tenga que haber una misma persona apretando una bolsita”, contó Mariño.

Su próximo objetivo es poder equipar una ambulancia. El respirador “tiene una batería que dura 36 horas y se puede enchufar, por ejemplo, al encendedor de la ambulancia. Los viajes, por ejemplo, de Tacuarembó a Montevideo son muy largos y no hay respiradores portátiles, tiene que ir una persona sí o sí ventilándolo con la mano, es un movimiento muy cansador”, detalló. También estaban trabajando en un proyecto para reducir los efectos negativos de la quimioterapia y tuvieron que dejarlo por falta de tiempo.

Mi meta profesional es ganar un Premio Nobel. Capaz es muy 'wow', pero es lo que yo quiero”, asegura. Cuenta que en las Olimpíadas de Química y Matemático, en las que logró llegar a la final, el camino no fue tan afable. “Ya lo había intentado y no me había ido tan bien. Lo volví a intentar, participé de nuevo y me fue mucho mejor”, afirma. 

La segunda etapa de evaluación para entrar a Minerva es uno de los distintivos de la universidad. El equipo de admisiones evalúa cómo piensa el candidato presionado por el tiempo y es uno de los ejercicios en los que es más difícil disimular. Mariño recuerda que en una de las pruebas le pedían que se imaginara en una situación límite específica y dijera cómo la sortearía. Dice que la resolvió como lo hicieron en una película de Hollywood en la que ocurría algo similar. También se le pidió que escribiera sobre el relacionamiento con ciertos objetos cotidianos y no recuerda haber escrito nada demasiado brillante. Pero con eso logró entrar a una universidad en la que son admitidos alrededor del 1% de los postulantes.

Alan Mariño fue seleccionado por la Minerva Schools, y vivirá en seis ciudades mientras cursa su licenciatura en Ciencias Naturales enfocada en Sentido y Organismos

Mientras aguarda su fecha de mudanza a San Francisco, el 26 de agosto, Mariño trabaja y toma cursos de Coursera, una plataforma online en que universidades de todas partes del mundo suben clases grabadas.  

Necesita conseguir US$ 6 mil

Mariño nació el 20 de setiembre del 2002 en el Hospital Policial, vivió toda su vida con su madre de profesión militar y su hermano dos años mayor. Sus abuelos ayudaron a criarlo.

Su madre eligió el Ejército como una salida laboral al poco tiempo de que él naciera, aunque ahora, asegura Mariño, se especializó y lo hace por vocación.  

Minerva le otorgó la beca más grande que ofrecen, pero no dan becas totales. Si bien le cubre la educación, el alojamiento y los servicios estudiantiles, la universidad calcula que deberá pagar US$ 1.950. Esto sin incluir la visa estadounidense, los pasajes, el seguro médico, el depósito de seguridad y el impuesto a la beca (lo cobra el gobierno de Estados Unidos). Mariño estima que deberá conseguir US$ 6.000 para lograr asistir a la universidad.

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