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El dolor por Nicaragua de los uruguayos que pelearon en la revolución sandinista

Para luchar o como voluntarios en las brigadas del café, decenas de uruguayos viajaron al país centroamericano

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28 de julio de 2018 a las 05:00

Nicaragua duele. Esa es la posición unánime. Los cerca de 450 muertos en los últimos tres meses de protestas sociales contra el gobierno de Daniel Ortega llevaron a que los focos del mundo se posaran sobre el país centroamericano. La revolución sandinista de las décadas de 1970 y de 1980 fue una luz de esperanza para la izquierda latinoamericana y enamoró a muchos uruguayos que decidieron ir a pelear y a mostrar su solidaridad en tierra de lagos y volcanes.

"La revolución sandinista fue para mi generación lo que la revolución cubana a la generación anterior", recuerda hoy Álvaro Suárez (53), un entonces militante de la Juventud Comunista que participó en la brigada José Artigas que viajó a Nicaragua en febrero del 88 a colaborar con la recolección del café. Una economía destrozada recibía voluntarios de todo el mundo que colaboraban con esa tarea en la producción estatal.

Unos 15 uruguayos contactados por la Juventud Sandinista llegaron a la región de Matagalpa para participar de la recolección del café en el año 1988. Se levantaban a las 5:00 de la mañana para subir a las montañas con un canasto de mimbre atado a la cintura y una bolsa de arpillera en la espalda. Grano por grano, diez o doce horas por día durante casi dos meses, como voluntarios con el único objetivo de apoyar al nuevo gobierno. Los que viajaron en el 88 recibieron consejos de brigadas de años anteriores y se llevaron caldos para complementar el plato de frijoles y arroz que recibían en cada desayuno, almuerzo y cena de cada día. "En poco más de mes y medio perdí 17 kilos y mirá que no me sobraba carne", recuerda Suárez que hoy se desempeña como director de general de Contralor de la Intendencia de Canelones y milita en la Lista 5005.

"A mí me duele lo que pasa en Nicaragua porque obviamente me queda un vínculo afectivo pero tampoco me como los mocos", dice. El proyecto del Canal de Nicaragua con inversión China que potenciaría al país centroamericano y lo llevaría a competir con el Canal de Panamá y los intereses comerciales de Estados Unidos, sumado a un "desarrollo sostenible" del país están relacionados con estas protestas desatadas en las calles de Nicaragua, según su opinión.

Para Guillermo Font, otro uruguayo que participó en las brigadas del café pero en el año 87, Ortega rompió con la izquierda en la década del 90 y se "corrompió" junto a otros dirigentes sandinistas. El episodio conocido como La Piñata en el que se repartieron terrenos y viviendas que eran de la revolución generó división en las fuerzas sandinistas.

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Font durmió durante casi dos meses en el piso de una escuela rural de Matagalpa a 100 kilómetros de donde estaba la Contra. "Duele mucho Nicaragua y duele que Ortega haya hecho alianzas con dirigentes de la derecha", dijo Font, que militó hasta el 81 en la democracia cristiana y luego en el Partido Socialista.

Ortega gobernó Nicaragua entre 1979 y 1990, primero como integrante de la Junta de Reconstrucción Nacional y luego como presidente, y volvió al poder en 2007. Ya lleva tres períodos consecutivos al frente del gobierno pero, tras la fallida reforma de la seguridad social de febrero y sumido en una de las peores crisis económicas de la historia, las protestas sociales tomaron las calles y el gobierno respondió con una cruda represión que lleva cerca de 450 muertos en los últimos 100 días.

Pero Ortega supo estar del otro lado y fue uno de los principales líderes del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Preso durante siete años durante la dictadura de Somoza y exiliado en Costa Rica, volvió a Nicaragua cuando las fuerzas sandinistas ya habían tomado Managua.

Los que dejaron la vida

El 2 de agosto de 1985 una avanzada del Batallón de Lucha Irregular Farabundo Martí se trasladaba desde Bluefields a Juigalpa cuando fueron notificados que integrantes de la Contrarrevolución habían atacado a unos campesinos de la zona Cuapa. Y para ahí se dirigieron los 40 milicianos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que se encargaban de proteger a los recolectores de naranjas. La Contra los emboscó y mató a 38 de los 40 milicianos.

Entre los muertos estaba Marcos Conteris, un uruguayo de 24 años que se había sumado al Frente Sandinista para defender la revolución. Había llegado a Nicaragua desde Venezuela dos años antes. Desde 1975 vivía en Caracas junto a su madre, una militante de izquierda exiliada que estuvo presa tres años en la dictadura uruguaya. Sus estudios en agronomía hicieron de la reforma agraria su puerta de entrada a la Nicaragua revolucionaria para cumplir con su objetivo de alistarse para luchar.

Conteris había dejado el Uruguay con apenas 15 años y mamó la militancia política de izquierda de su madre. Tuvo que sortear varios obstáculos para poder alistarse como miliciano porque en esa época los nicaragüenses ya no querían que extranjeros combatieran por la revolución. Pero lo logró y tuvo el peor final. Hoy su nombre está inscripto en una placa frente al lugar donde murió.

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Pero Conteris no fue el único uruguayo que peleó y murió en el país centroamericano en defensa del Frente Sandinista. Héctor "Meme" Altesor también dio su vida por el sandinismo. Conocido como "Pedro el uruguayo" falleció tres días antes del golpe final a la dictadura de Anastasio Somoza. Militante de la Juventud Comunista, llegó a Nicaragua junto con su hermano Iván desde Cuba donde se prepararon para luchar. Integrante del Frente Sur Sandinista falleció el 16 de julio de 1979 en la región de Sapoa. El 19 de ese mes el Frente Sandinista ingresó a Managua, la capital de Nicaragua, e instauró un gobierno democrático de izquierda.

La lucha en Nicaragua también se llevó a Luis Alpuin, otro militante comunista que decidió ir a defender la revolución. Fueron decenas de uruguayos, en su mayoría comunistas y tupamaros, que lucharon contra la dictadura de Somoza o que se alistaron para defender a la revolución ante los embates, en la década del 80, de la Contrarrevolución financiada por Estados Unidos. El periodista y escritor Fernando Butazzoni peleó entre 1978 y 1980 en Nicaragua y en febrero de 2017 criticó, en una carta pública, al presidente Daniel Ortega por su hostigamiento contra el cura y poeta Ernesto Cardenal.

Divide a la izquierda

El régimen de Ortega en Nicaragua divide al Frente Amplio aunque la mayoría de los líderes oficialistas optaron por condenar la violencia de las protestas sociales. Mientras el gobierno encabezado por Tabaré Vázquez reiteró su "grave preocupación" frente a la ola de violencia creciente en la República de Nicaragua y expresó "consternación" por los fallecidos, víctimas de la violencia, según dice el comunicado difundido a fines de junio por Cancillería.

El expresidente José Mujica también criticó la violencia desatada en las calles del país centroamericano. "Un sueño se desvía, hay una autocracia. Perdieron el sentido de la vida quienes ayer fueron revolucionarios", dijo sobre Ortega y eso le valió las críticas de Diosdado Cabello, el número dos del gobierno venezolano, aliado a Ortega.

Pero el secretario general del Partido Comunista, Juan Castillo, y el diputado del MPP, Daniel Caggiani, entre otros, participaron del Foro de San Pablo en Cuba que respaldó al gobierno de Daniel Ortega.

Juntan firmas para pedir cese de la represión

Militantes de izquierda redactaron una carta en la que piden que "cese la represión" y que se "ponga fin al accionar terrorista del Estado". La carta fue firmada por el intendente de Montevideo, Daniel Martínez, la senadora oficialista Constanza Moreira (Casa Grande), la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, el exintendente Mariano Arana y la exvicecanciller, Belela Herrera, entre otros, y tiene la adhesión de más de 640 personas.

"¿Es que todavía no comprendimos que no se trata de dirimir si los manifestantes tienen o no razón, sino de defender sus derechos y libertades fundamentales? Nadie nos pide que opinemos sobre la política interna nicaragüense, nos piden que ayudemos a evitar que se siga enlutando Nicaragua con la sangre de los que desde los más remotos pueblitos a las ciudades, desarmados, luchan en las calles. Nos piden que, de una vez por todas, seamos capaces de exigir que cese la represión, que se ponga fin al accionar terrorista del Estado", dice la carta a la que accedió El Observador.

Valeria Conteris, hermana de Marcos Conteris y una de las impulsoras de la carta, contó a El Observador que fue a buscar el apoyo del Movimiento de Participación Popular (MPP), del PIT-CNT y de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEUU) para difundir el texto pero no encontró mucho respaldo.

"Supongamos que estamos frente a una espectacular maniobra desestabilizadora contra un gobierno defensor del pueblo, revolucionario y antiimperialista, que logra que miles de alienados, digitados por el imperio y la burguesía, salgan –estúpidamente– a protestar, inermes, arriesgando que los maten a ellos y sus familias para apenas arañar a las fuerzas gubernamentales. En síntesis: miles de pobres (en Nicaragua la mayoría de la población lo es) digitados, confundidos, dispuestos a morir...", dice la carta para luego preguntarse si la izquierda puede hacerse "la distraída" frente a estos hechos. "Qué pena que no nos duela el dolor", cierra la misiva.
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