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21 de junio 2023 - 11:06hs

Franco Lamanna atraviesa días muy duros. “Soy un muerto que camina hace dos meses”, alcanza a decir desde Italia, por teléfono. Con la voz quebrada, intenta ver cómo seguir después del mazazo que recibió: una suspensión de 3 años y seis meses por dopaje adverso en la Liga Italiana, en un partido de su equipo Mogliano, en abril. ¿La sustancia? Metabolito de carboxi-THC, o tetrahydrocannabinol, la sustancia que el cuerpo produce una vez que consume el principio activo de la  marihuana, y que ingresó a su organismo por un medicamento para inducir el sueño.

¿Pero cómo llegó a ese punto? ¿Por qué una sanción tan dura, que no solo lo deja fuera del Mundial 2023 con Los Teros si no que le pone una meta de regreso dura de afrontar, por una droga que no mejora el rendimiento y que suele tener pocos meses de sanción?

Franco le contó su verdad a El Observador. Quiere sacarse el peso de contar su peripecia, de expresarlo con palabras como forma de enfrentarlo y empezar a sobrellevarlo. De hacer catarsis.

En su historia hay muchos de los problemas que enfrentan miles de personas cada día, pero que en un deportista de alto rendimiento, con la presión de dar el máximo y conseguir resultados, se complejiza. Y que vuelve a poner sobre la mesa el problema de la salud mental en el deporte.

En su caso se trata de un problema crónico de insomnio, que venía sufriendo hace tiempo, pero que se le fue de las manos y que lo llevó durante meses a no dormir o a dormir cuatro horas en una semana, e ir a entrenar y jugar sin directamente dormir en toda la noche, algo especialmente duro y peligroso para un profesional de un deporte de contacto. 

Pero en particular, lo que agravó todo fue un episodio durante la toma de la muestra del control antidopaje, que él asegura que en su momento no tuvo ninguna trascendencia, pero que terminó siendo usado como argumento para acusarlo de manipular pruebas, algo que él niega rotundamente.

Una serie de malas decisiones para solucionar un problema personal lo llevaron a un punto límite, y derivaron en una sanción que él evalúa como excesiva, porque le impide tener cualquier contacto con el rugby durante ese tiempo.

La falta de sueño

“Los que me conocen, el staff de la selección, los jugadores, saben que vengo con un problema de insomnio crónico hace 8 años y medio. Yo lo naturalicé bastante y me acomodé para sentirlo cada vez menos. Pero en los últimos tres años, con los problemas del club, con el estrés, empeoró mucho. Se refleja en lesiones, en rendimiento. Venía necesitando meter un freno”, arranca el tercera línea, que disputó con los Teros los Mundiales de 2015 y 2019 y estaba en carrera para llegar a su tercera copa del mundo en Francia 2023.

En la URU, y en entorno de Los Teros, sabían de ese problema y se le habia buscado darle contención en este tiempo. De hecho había tenido una charla con el DT Esteban Meneses para hacer una pausa larga tras el fin de la temporada italiana, de forma de recuperarse mentalmente. No es algo raro en los seleccionados uruguayos, donde la contención emocional ha sido un norte fuerte, sobre todo bajo el tipo de liderazgo horizontal de Meneses, donde los jugadores líderes ocupan un rol importante en la toma de decisiones. Casi todos los ejemplos quedan en la interna, pero uno reciente que se hizo público fue lo ocurrido en la final del Super Rugby Americas: Manuel Diana, una de las mayores figuras del equipo, pidió no jugar la final porque al día siguiente se casaba (la fecha estaba pactada desde un año atrás, pero en el medio cambió el calendario del torneo), y el tema se procesó sin problemas, a pesar de que afectaba la parte deportiva. O el apertura Felipe Berchesi, que en 2021 se fue a Franca el día antes del repechaje mundialista ante Estados Unidos para acompañar a su pareja que tenía problemas con el embarazo.

Ese problema de insomnio llevó a Lamanna a buscar productos que lo ayudaran a conciliar el sueño, pero lejos de solucionarlo, todo empeoró, incluso poniendo en riesgo su vida. Y como muchos deportistas de alto nivel, lo tapó poniéndose objetivos más grandes.

“La positividad del doping salta porque hace un par de años vengo con muchos hipnóticos y benzodiazepinas tratando de regularizar este problema. No es una solución, ha sido al contrario. En los últimos dos años tuve seis episodios de problemas de dormirme manejando, que venían por el cansancio acumulado en la rutina de entrenar de mañana y tarde, sin dormir. Fue un campeonato duro físicamente y dormía 4 horas por semana. Es un problema fuerte que siempre traté de tapar porque era una vulnerabilidad, quería competir y estar a nivel, pero se fue volviendo difícil”. Esos medicamentos fueron recetados por médicos del club, aunque en todo este tiempo el seguimiento a fondo del problema se le complicó al no tener un médico de cabecera por sus continuos viajes por el rugby.

La sustancia

Según Lamanna, el THC de su doping positivo vino de un cambio de rumbo que decidió para cortar con la medicación que le estaba generando efectos secundarios preocupantes. Apostó por un aceite de cannabis, un producto que también usó en estos años. Sin embargo, el que consumió esta vez era artesanal y superaba los niveles permitidos, algo que Lamanna asegura que no sabía, al punto que declaró su consumo en el informe del control antidoping.

“El doping salta porque fue un aceite artesanal que usé para parar con las benzodiazepinas, los hipnóticos, porque me estaba dejando secuelas. Había tenido menos lucidez jugando. Ya venia trabajando con los médicos del club, hice consultas con neurólogo, con psiquiatras. Es un tema que tengo que resolver, más que nada para la vida cotidiana. Ahora va a tener que hacerse más público y tengo que afrontarlo 100% y dedicarle el tiempo para la recuperación física y mental. Muchas veces dejé la salud mental de lado para estar pronto. Capaz equivocadamente me llevó a taparlo y solo pensar en objetivos deportivos sin pensar en mi salud. Tiré muchos años y en los últimos se complicó más y terminó explotando. Pero no tengo nada que esconder”, cuenta.

La acusación de manipulación

Y ahí salta al punto clave: la gravedad de la sanción se dio porque fue acusado de adulterar pruebas, un cargo mucho mayor al de la droga encontrada. El jugador lo explica de esta manera:

“Yo venía de dos días sin dormir antes del partido, una semana muy complicada, tomé mucho aceite para recuperar. Venía de un problema en el hombro y venía zombie. Voy a hacer el test de forma normal, como muchas veces. Estuvimos mil horas para ir al baño los cuatro que fuimos al control. Al final quedé yo”, aclara para hacer hincapié en otro punto que lo perjudicó: la falta de testigos. 

“El funcionario me dice, antes de la prueba: 'si querés enjuagate las manos'. Me iba a sacar la resina de las manos, que nos ponemos para agarrar la pelota. Y tenía en una de las manos, agarrado con un dedo, el vasito contenedor. Estaba en otro mundo. Me enjuago la mano y en la otra caen tres gotitas en el vasito para orinar. Me dice ‘¿qué estás haciendo? Cayó el agua”. Por más que estaba poco lúcido le digo ‘cambiamos el vaso’, y lo cambiamos enseguida”. 

“La prueba la hicimos toda bien”, aclara. “Incluso hago el test mirándolo a él, porque me di cuenta que podía ser un problema. Él estaba muy nervioso. Orino en otro frasco, todo bien. Y después firmás un documento donde ponés que el número del contendor que usaste es el correcto. Hay un cuadrante de observaciones, que no firmamos ninguno de los dos. Nos saludamos y me fui. Pero cuando di positivo él declaró eso como agravante y entró en un artículo de adulteración de pruebas, que es mucho más grave que la sustancia. Eso me complicó la vida, porque además te suma los dos artículos, te da una sanción única, no podes ir contra una de las sanciones individualmente. Eso llevó a que sea tanto tiempo”, explica.

Otra de las cosas de las que se arrepiente es de no haberse defendido más. Y reconoce que el tema se le fue de las manos. “Yo tendría que haber estado más atento, saber los niveles de contaminación. La pasé por arriba la situación. No le dí la importancia que debía y nunca pensé que el médico iba a poner esa intención de adulteración”. 

Pero además, Lamanna hace hincapié en desmentir la acusación de manipulación. “Me parece tan ilógico… por más q esté cansado no voy a ser tan estúpido de adulterar las pruebas con el médico pegado a mi espalda mirándome, y con 3 gotas de agua en 130 mililitros de orina. No se adultera nada. El procurador nos dijo que cuando es un jugador de tanta experiencia tienen la directiva de poner mano dura”.

Seguir con su vida

A esta altura, asegura Franco, su objetivo es poder dar vuelta la página para afrontar el problema de fondo: su salud mental. “Tenía chance de ir a juicio y seguirlo, arrancaron de una sentencia muy grande, de seis años, que era una locura. Más para un jugador que se demuestra que tiene un historial limpio, ya a mi edad que no había una sustancia que mejorara la performance. Es ilógica la sanción. Pero decidí aceptar el acuerdo porque si iba a un juicio era un montón económicamente hablando, más de siete meses. Vengo de un año y medio muy duro y necesito dedicarle toda esa energía a recuperarme mental y físicamente. Por eso lo acepté, aunque sea una locura. ”.

“Cuando recibimos la noticia después de la cautelar, con toda la explicación que dimos, nos esperábamos como muy grave seis meses. Yo ya había hablado con el staff de selección para decirle que necesitaba una pausa. Esperaba seis meses y me encontré con una petición de suspensión de seis años. Se me cayó el mundo y me tiembla la voz al decirlo, porque cada vez que lo hablo en voz alta no lo puedo creer, más que nada por como te irradian del deporte que es mi vida, siempre aporté en todos los clubes que tuve. Es duro y lo estoy tratando de asimilar. Sé que al aceptar el acuerdo no puedo decir nada más, pero tendré que seguir pidiendo instancias. Pero antes tengo que focalizarme en estar bien, porque si no no es vida”.

Lamanna le sigue dando vueltas a la historia, y eso es lo que más lo angustia a esta altura. No quiere que le quede estigma del doping en la recta final de su carrera, cuando siempre fue un deportista limpio. “Estoy en esta pesadilla hace dos meses sin parar un segundo en mi cabeza, y creo que me está incluso afectando más. Yo dije: ‘le meto punto final para poder pasar a mí, al sueño, a recuperarme’. Pero no puedo aceptarlo. Porque es demasiado desproporcionado, y porque ni siquiera me escucharon. Mis abogados me recomendaron que lo más prudente era no hablar en la primera instancia, pero ahora en el tribunal ni siquiera me escucha. Es duro porque lo más importante es poder demostrar para mí y dejar limpio mi nombre. Mi intención nunca fue una cosa de ese estilo. Si nunca en mi vida, habiendo tenido la chance de que somos muy chicos, que vos lo sabés bien, competimos internacionalmente contra jugadores que hacen cualquier cosa y que toman cualquier atajo, nunca en mi vida tomé un camino así, obviamente no lo voy a hacer ahora cuando estoy más en una culminación que en un arranque”. 

“Es muy difícil de procesar. Es desesperación e impotencia de no poder decir tu verdad, que me está matando por dentro. Pero así todo pasa. Se muere todo y chau, y todo sigue adelante, y ahora yo me pierdo en lo que podría ser mi tercer mundial, que era algo que esperé de toda la vida. Se me va en un abrir y cerrar de ojos”, cierra Lamanna, tratando de encontrar un poco de paz.

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Rugby doping positivo Franco Lamanna

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