Nacional > Celebración de victoria electoral

El hombre del "coraje silencioso" que se niega a cambiar la mitad del país por la otra

El presidente electo de Uruguay ante una multitud de seguidores reunidos en Kibón trazó las líneas de la coalición de gobierno y pidió trabajar por la unidad nacional

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01 de diciembre de 2019 a las 05:02

Un cartel rudimentario y una bandera tímida a medio desplegar del Frente Amplio, entre tantas y tantas azul y blanco batiéndose en la brisa cálida de la playa de Pocitos, remarcó el mensaje mesurado y enérgico, a la vez.

El presidente electo, Luis Lacalle Pou, se encaminaba al final de su discurso del triunfo electoral en el que encargaba a sus seguidores "la tarea de la unidad nacional", cuando, interrumpiéndose, pidió un aplauso para "el ciudadano frenteamplista que vino a acompañar". 

En unos segundos las cámaras de televisión que apuntaban a la tarima giraron hacia el público, los fotógrafos corrieron hacia la valla en la que se amontonaba la gente y en la segunda o tercera fila apareció el hombre de camisa a cuadros y lentes oscuros con sus brazos levantados sosteniendo en cartel en el que se leía "Felicitaciones, si les va bien a mi también, suerte", en trazos de deber escolar, y a su lado un joven con gorra deportiva que portaba la bandera roja, azul y blanca.

"Esa es la foto de la prensa internacional de mañana", seguía Lacalle, "y está bien que sea la foto". 

Fue una fugaz y notoria aparición del hombre de la camisa a cuadros, que dijo llamarse Milton Posse —"con doble ese", precisó—, habitante de La Teja, 64 años y "fanático del Frente", según dijo a El Observador, y que, quizás sorprendido de tanta atención, iniciaba una retirada hacia su derecha, mientras a su alrededor se entonaba "el pueblo unido jamás será vencido".

La fiesta en Kibón comenzó horas antes del arribo de los hombres y mujeres de la coalición multicolor. El festejo del triunfo del 24 de noviembre, pospuesto por el recuento de votos y luego por la lluvia, tuvo ahora la complicidad de una mañana espléndida de adelanto veraniego.

Parejas con sus niños en coche, jóvenes y no tanto enfundados en azul y blanco, alguno haciendo piruetas en bicicleta entre el gentío que se desplazaba por la rambla, los trotadores de siempre corriendo en sentido contrario, ajenos al bullicio, cornetazos respondidos por cornetazos y, a medida que la marea humana se aproximaba a Kibón, se multiplicaba la densidad de los puestos de comida y bebida.

Sobre las 11 de la mañana, hora y media antes de que hablara Lacalle Pou, los sitios de preferencia, a una decena de metros de la tarima, estaban tomados por un gentío apretujado, mayoritariamente femenino, que gritaba consignas y se movía al ritmo de la música.

De Lezica, en el norte montevideano, llegaron a las ocho de la mañana Lourdes Barbosa y Cristina Ferro para celebrar una victoria "hermosa y emocionante". Se ubicaron primeras en el centro de la valla. "Son 15 años de decepción", soltó Barbosa, enfermera, preocupada por la inseguridad y porque "le dan dinero a la gente que no trabaja". Ferro, a su lado, asentía.

Ambas esperaban que el nuevo presidente "arregle esto". A unos metros, Soledad Saravia, no abrigaba ningún tipo de duda, militante de siempre del Partido Nacional — "mi apellido me delata", entroncado, dijo, con el general Aparicio Saravia— confió: "Nací blanca y moriré blanca". Discreto y feliz escuchándola estaba Eduardo Quiñones, de 90 años, de boina blanca, que tocándose el pecho aseguraba que en su corazón la edad era otra. "Es otro militante", dijo, también cauta, Soledad.

La llegada de Julio María Sanguinetti, el líder colorado dos veces presidente, levantó un murmullo acompasado de recibimiento. De chaqueta azul, con su gorra protegiéndose de la canícula del mediodía, a pesar de la intensidad de la música se detuvo a declarar. Y dejó una frase modesta: no fue arquitecto de la coalición pero sí "ladrillo". 

Lo que hay que cuidar

A las 12:45 estaba prevista la intervención del presidente electo, que era lo que reunía a todos, que esperaban, cantaban y bailaban esa música que iba del merengue al reguetón, y se tomaban selfies y se hacían videos y repetían, unos más que otros, que llegó la alternancia. También llegó, adusto, con una sonrisa que es una raya que se estira, Guido Manini Ríos, el hombre de Cabildo Abierto, general retirado y ex candidato envuelto en una polémica en las horas previas a la segunda vuelta de la elección presidencial por su mensaje a las Fuerzas Armadas a través de un video.

Al rato, con la coalición completa, comenzó el acto. Edgardo Novick, del Partido de la Gente, fue el primero en subir a la tarima, lo siguió Pablo Mieres, del Partido Independiente, Manini Ríos, Ernesto Talvi, del Partido Colorado, y mientras la gente empezaba a corear "presidente, presidente", subió la vicepresidenta, Beatriz Argimón, la primera mujer electa en el cargo con el voto popular, y luego, al fin, hizo su aparición Luis Lacalle Pou de la mano de su esposa Lorena "Loli" Ponce de León.

Juntos, Lacalle con la mano derecha sobre el corazón y sin dejar de mover levemente su pierna izquierda, los otros con las manos entrecruzadas, Manini, los brazos rectos a los lados de las piernas, erguido, entonaron el himno nacional.

Argimón, en un muy breve mensaje, afirmó que lo que más agradece "de corazón, es hacer posible esta auténtica fiesta de la democracia". 

El micrófono pasó al presidente electo que antes de pronunciar media palabra se llenó los ojos de la multitud y luego, sin prisa, comenzó tres veces con "el 24 de noviembre...".

Lacalle habló primero de la coalición, después de él y remató con lo que será su gobierno a partir del primero de marzo del año 2020. Mantuvo un ánimo conciliador durante todo su mensaje, aunque envió algún dardo bien envuelto.

La coalición es el resultado, dijo, de primar la sabiduría, la humildad y de escuchar el clamor popular, que se hizo sin un manual y para construir un futuro en común. Y en referencia al resultado electoral del 24 de noviembre afirmó: "Todos sabíamos que no se le podía dar vuelta".

El presidente electo recordó algo que su esposa, contó, siempre le dice: "Por algo pasan las cosas". Y ese algo sería la prueba exitosa que superó, sin trauma, la democracia uruguaya. "Estuvimos cuatro días en esta democracia sólida, en paz, esperando los resultados", apuntó y agregó de inmediato: "Eso es lo que tenemos que cuidar" porque no pasa en otros lugares del mundo.

Cuestionó la política del odio y del miedo, del insulto y el agravio. "Y créanme que no siento que tenga menos coraje que aquellos que insultan y agreden, a mi me gusta el coraje silencioso", dijo. Y eso lo enlazó con el compromiso que había asumido hace 22 años cuando decidió que su vida no era más su vida. "Ustedes son la razón de mi vida", dijo, lo que lo obliga a ser "más responsable" y a domesticar la pasión para convertirla en "prudencia y paciencia", como la que tuvo el 24. "Cuando masticamos el freno", metaforizó.

No quiere Lacalle Pou que el cambio sea de la mitad del país por la otra mitad, tampoco quiere que se haga "gárgara con la pobreza" ni que se infunda incertidumbre en los más desfavorecidos, y mucho menos aceptar la idea de que en las sociedades modernas se convive con la violencia.

Hizo pausas, en particular para advertir que era necesario un médico en el medio del público, o hacia algún costado, porque alguien se desvanecía y el tenia el ojo avizor y la calma para asegurarse de que se estaba atendiendo el incidente. "Hemos tomado mate nomás desde anoche", le gritó un hombre desde el gentío. Y otros aprovechaban para proponer un cántico que en un momento se tornó masivo: "Se acabó el recreo".

Lacalle abordó también la política exterior que prometió por encima de partidos e ideologías aunque "a los dictadores se les llamará dictadores"; de la inseguridad: "Voy a estar al mando de la seguridad pública los próximos cinco años"; de educación, de trabajo y sintetizó en tres conceptos lo que asegura que será su gobierno: con ejercicio de autoridad, justicia y sensibilidad social.

Y los militantes de la coalición, junto a los mandatarios electos y los líderes, se permitieron, finalmente, festejar juntos durante horas lo que no habían podido el 24.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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