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El mismo conflicto, ¿el mismo camino?

Columna del politólogo sobre los niveles de conflictividad durante los gobiernos de Vázquez

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16 de septiembre de 2015 a las 05:00

Doctor en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República / adolfogarce@gmail.com

La segunda presidencia de Tabaré Vázquez está resultando sensiblemente más conflictiva que la primera. Como resultaba previsible desde el momento mismo en que el presidente anunció el nombre de sus ministros, existe una tensión estructural entre gabinete y bancada parlamentaria del FA. Probablemente para compensar el poder político de sus “rivales” en el Parlamento, Vázquez organizó un gabinete de “leales”.1 Pero, además de este conflicto entre poderes, ha asomado (más pronto de lo imaginado) una fuerte tensión dentro del Poder Ejecutivo: Raúl Sendic, vicepresidente de la República, y Danilo Astori, ministro de Economía y Finanzas, los dos principales “laderos” del presidente, han venido chocando cada vez más visiblemente durante los primeros seis meses de este gobierno. Como suele pasar, ideología y lucha por el poder se entremezclan estrechamente.

Gabinete presidencial y bancada frenteamplista comienzan a dar señales de hasta qué punto pueden llegar a discrepar. Hace un tiempo, a instancias del diputado comunista Óscar Andrade, la bancada del FA aprobó una declaración en la que le pedía al presidente el levantamiento del decreto que declaró “esencial” las actividades de enseñanza. En este mismo momento, los legisladores del FA discuten sobre la posibilidad de eliminar el artículo de la propuesta de ley de Presupuesto que pretende obligar a los sindicatos de la enseñanza a no solicitar mayores aumentos. Es obvio que gabinete y bancada tienen visiones diferentes. Es evidente que Vázquez, a diferencia de su primer gobierno, no buscó armar un gabinete “congruente”2 con el mapa de poder de la interna frenteamplista.

La pregunta que surge de inmediato, y que no se contesta fácilmente, es: ¿por qué? Como mínimo, pueden formularse dos hipótesis. La primera es, simplemente, que el presidente, luego de haber tenido un desempeño electoral extraordinario el año pasado (tanto en octubre, cuando el FA, contra todos los pronósticos, retuvo la mayoría parlamentaria, como en noviembre, cuando se impuso cómodamente a Luis Lacalle Pou), terminó confiando más de lo razonable en sí mismo. Según esta visión, Vázquez, a la hora de nombrar los ministros, habría sobrestimado su capacidad de liderazgo y subestimado las tendencias a la disidencia que laten en la interna del FA. La segunda hipótesis es que el presidente descartó la “congruencia” y optó por la competencia entre poderes, como forma de equilibrar desde el Ejecutivo el peso del “ala izquierda” del FA en el Legislativo. Si el gabinete hubiera sido “congruente”, el presidente no habría tenido ningún mecanismo para frenar el “giro a la izquierda” en políticas públicas cruciales. El gabinete “centrista”, según esta interpretación, habría sido estructurado como contrapeso de una potente bancada “izquierdista”.

El conflicto entre bancada y gabinete se veía venir. Lo que, al menos desde mi punto de vista, era menos esperable, es el fuerte incremento de la tensión, dentro del Poder Ejecutivo, entre Raúl Sendic y Danilo Astori. A nadie se le escapa que esta rivalidad viene de muy lejos. No hay que tener demasiada memoria para recordar que el choque entre ANCAP (presidida por Sendic) y Pluna (gestionada por Leadgate) encendió la mecha que terminó, dos años después, en el procesamiento de figuras de primer orden del equipo astorista. No hay que tener mucha imaginación para suponer que los senadores que perdió la fracción liderada por Astori los ganó la encabezada por Sendic. Ahora mismo, vicepresidente y ministro están confrontando públicamente en torno al polémico asunto de las razones del déficit de ANCAP. Pero también han discrepado (acaso de modo algo menos ruidoso) acerca de otro tema crucial. La lista 711, hace dos meses, hizo pública una declaración en la que consideraba inconveniente la presencia de Uruguay en las negociaciones sobre el TISA. Es evidente que esta declaración puso en marcha el proceso que, hace 10 días, culminó en el tan comentado pronunciamiento del Plenario del FA.

En última instancia, el conflicto dentro del Ejecutivo entre Astori y Sendic tiene el mismo origen que el choque entre gabinete y bancada. Ambos son manifestaciones de las profundas diferencias ideológicas existentes en el FA entre “neoinstiucionalistas” y “neodesarrollistas”. Ambos tienen aliados significativos. Los primeros cuentan, por ejemplo, con Rodolfo Nin Novoa, el ministro de Relaciones Exteriores, y gozan del respeto del mundo empresarial. Los segundos, además de algunos ministros como Carolina Cosse y de una gran bancada parlamentaria, tienen un apoyo formidable en la cúpula del movimiento sindical. Hace tiempo que pienso que, en este tercer gobierno, la pulseada entre ambos bandos en lo que respecta a la orientación de las políticas públicas terminará siendo ganada por los “neodesarrollistas”. Ahora quiero incorporar una idea adicional. Sospecho que, cada vez que Astori sube el tono de la confrontación con Sendic, sin querer lo ayuda a posicionarse mejor en la carrera por la sucesión de Vázquez. Confrontando con Astori (y reclamando otra política económica), Vázquez ganó la sucesión de Seregni. Confrontando con Astori (encarnando la demanda de un “giro a la izquierda”), Mujica logró ser candidato a la Presidencia. Confrontando con Astori (oponiéndose al TISA y defendiendo el papel de las empresas públicas en el “desarrollo nacional”), Raúl Sendic se va perfilando en la grilla de partida hacia el 2019.

1 Ver: http://www.elobservador.com.uy/leales-y-rivales-n299536

2 Ver: Entrevista en OTV a Daniel Chasquetti: http://www.elobservadortv.uy/video/5505348-gabinete-vazquez-tiene-la-menor-representacion-sectorial-30-anos


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