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20 de enero 2024 - 5:01hs

De quienes lucharon para hacerse con el control de África a finales del siglo XIX, se puede decir que el rey belga Leopoldo II dejó el mayor y más horrible legado de todos.

El monarca persuadió a las potencias europeas de hacerse con el control de un territorio 60 veces más grande que Bélgica mediante una organización que llamó Asociación Internacional Africana, y que en 1885 transformó en el Estado Libre del Congo a la actual República Democrática del Congo (RDC).

La historia del colonialismo belga en África, uno de los más atroces en la historia del continente, incluyó primero el saqueo del marfil, explotación y barbarie que el genial escritor polaco Joseph Conrad describió en su novela El corazón de las tinieblas.

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Agotado el marfil, el saqueo siguió con el caucho que se extraía de los abundantes bosques de la cuenca del río Congo, práctica que también incluyó abusos de todo tipo contra los pueblos locales y que otro escritor, el francés Ferdinand Céline, relataría en algunos pasajes de Viaje al fin de la noche.

Lo que nunca se detuvo, además de la barbarie, fue el saqueo de millares de objetos de arte que hoy se exhiben en los museos de Bélgica, colecciones muchas de ellas expoliadas durante la época colonial y que ahora aguardan ser parte de un proceso de restitución.

El proceso tuvo un capítulo destacado en junio de 2002, cuando el gobierno belga devolvió a RDC los restos de Patrice Lumumba, el héroe nacional de la independencia del país africano, asesinado por instigación de agentes de inteligencia belgas y estadounidenses.

La devolución, sin embargo, incluyó apenas un diente. Su cuerpo había sido disuelto en ácido luego de ser asesinado en 1961, meses después que Lumumba ganara las elecciones y se convirtiera en el primer presidente de RDC.

"Queremos conocer mejor el origen de los objetos, y ver si podemos establecer los que fueron obtenidos por robo, violencia o por manipulación", explica Bart Ouvry, director del enorme Museo Real de África Central, situado en Tervueren, en las afueras de Bruselas.

En febrero de 2022, Bruselas entregó a las autoridades de la RDC un inventario con más de 80.000 objetos culturales, un listado que incluye esculturas, máscaras, utensilios e instrumentos musicales, además de objetos litúrgicos.

Fue poco después de adoptar una ley para la restitución de los bienes saqueados entre 1885 y 1960, período durante el cual el territorio de la actual RDC fue propiedad personal del monarca belga y que luego Bélgica convirtió en colonia hasta su independencia.

Según Thomas Dermine, el secretario de Estado belga encargado del caso, hasta ahora la RDC no presentó ninguna solicitud de restitución, y sólo después de hacerlo se conformaría una comisión mixta de expertos de ambos países para decidir si es legítima o no la tenencia de los objetos.

La famosa estatua del jefe Ne Kuko, parte de una exposición titulada "Repensar las colecciones”, es uno de los símbolos del despojo colonial. "La diáspora congoleña la convirtió en un emblema de la necesidad de restitución", comenta Agnès Lacaille, una de las comisarias de la exposición.

La historia de la estatua no es muy diferente a la de otros objetos saqueados. El comerciante belga Alexandre Delcommune se hizo con ella durante un ataque lanzado en 1798 contra los jefes de Boma, en una zona del oeste congoleño, para castigarlos por haber introducido un aumento de impuestos en sus rutas comerciales.

Pese a las excusas de los funcionarios belgas por la lentitud del proceso de restitución, los pedidos de RDC se remontan a la década 1960, cuando el dictador Mobutu Sese Seko formuló reclamos por una exposición en Estados Unidos con objetos congoleños procedentes de colecciones belgas.

A fines de la década de 1970, Bélgica había devuelto 114 objetos, pero sobre todo piezas de menor importancia.

Según el historiador Didier Gondola, "en la época de Mobutu, por ejemplo, los europeos decían: 'Les estamos haciendo un favor, porque estamos preservando sus objetos'", una visión que, enfatiza, “debe quedar superada”.

"Las cosas cambiaron. En Kinshasa hay un museo muy bonito, tan moderno como los museos belgas, y donde todavía hay espacio para que estos objetos se reintegren al patrimonio nacional", afirma Góndola. “Esa excusa no debe servir como justificación para demorarnos en emprender una restitución rápida y efectiva", agrega el historiador.

En 2022, antes de la votación de la ley de restitución, una máscara gigante "kakuungu", utilizada para los ritos de iniciación del pueblo suku, fue prestada por un "período ilimitado" al Museo Nacional de la República Democrática del Congo. El propio rey Felipe llevó la máscara durante una visita a la capital congoleña, en la que expresó su "profundo pesar" por el período colonial.

Sarah Van Beurden, otra comisaria de la exposición, destaca que no pocos objetos están relacionados con un patrimonio cultural inmaterial, como ciertos instrumentos musicales. La curadora menciona, entre otros, un xilófono "manza", sacado entre 1911 y 1912 de la provincia congoleña de Bajo Uele.

"Cuando eliminamos un objeto como el xilófono manza, eliminamos la posibilidad de que una comunidad mantenga sus costumbres culturales", explica. "Podemos devolver un objeto, pero no podemos restaurar lo que esta comunidad perdió, el vacío que el expolio creó", reconoce Beurden.

 

(Con información de AFP)

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