La primera canción emitida por MTV fue Video Killed the Radio Star, de The Buggles
1 de agosto de 2021 5:05 hs
El 1º de agosto de 1981, un minuto pasada la medianoche, la cadena MTV irradió el primer video de una historia que cumple 40 años, con mucho menos entusiasmo, ideas y energía creativa que un artista que al cumplir esa edad sueña con tener a su lado una muchacha 20 años menor que lo ayude a sentirse eterno, al menos mientras el amor y el deseo estén presentes. El video inaugural fue Video Killed the Radio Star, del trío The Buggles, canción grabada en 1979 que llegó al número uno de ventas en 16 países. El que es considerado himno de una nueva era de la historia de la televisión, dice: “Fuimos demasiado lejos, no podemos rebobinar”. Los remanentes musicales de una década que ya no puede rebobinarse continúan llegando desde muy lejos, incluso algunos grupos fundamentales de esos años, caso U2, mantienen vigencia absoluta, como si todavía esa época no hubiera concluido por completo, aunque se va quedando sin algunos de sus emblemáticos habitantes. Algún día se irán todos, pero incluso para ese entonces los sonidos asociados a la década de 1980 continuarán trayendo vivencias asociadas a la felicidad y a la juventud, cuando tenían la vida por delante.
Al año y pico del inicio de MTV llegué a Estados Unidos a residir como estudiante pobre, a ver hasta cuándo podría aguantar comiendo fideos sin marca (generic se les llamaba) con kétchup (generic) todos los días, porque la plata no daba para más. Carecía de televisor, además de otras cosas sin las cuales se hace difícil vivir, aunque en aquellos días vivía como si nada, y hasta feliz la mayoría del tiempo. Un día fui a la casa de un vecino y al cambiar de canal (práctica común cuando uno no sabe si tiene ganas de ver televisión), me encontré con un video de Stray Cats, grupo que me gustaba, y que aún me gusta mucho. La canción era Stray Cat Strut, síntesis del esplendor que fue la música de los ochenta. Como esa, decenas de canciones también excelentes vinieron luego, cuyos videos representaban el origen de algo augural. Así como otros caen adictos al chocolate o a la metanfetamina, yo me hice adicto a MTV, como si fuera el televidente al que apelaba el eslogan de la televisora: “I want my MTV” (Quiero mi MTV), utilizado de manera enfática pues al comienzo las compañías de cable no querían emitir la señal. El eslogan fue luego parafraseado en la canción Money for nothing, de Dire Straits, cuyo video, por cierto, es uno de los más populares en la historia de MTV. Para tanto era mi adicción, que conocía el horario en que estaban los cinco “veejays” originales –Martha Quinn, Mark Goodman, Alan Hunter, Nina Blackwood, y JJ Jackson (muerto de un infarto en 2004)– y hasta la rotación de videos según la hora del día, porque en sus comienzos la cadena solo transmitía videos, las 24 horas, siete días a la semana. Una tarde, varias tardes después de haber ido al apartamento de mi amable vecino, y por esas cosas que tiene el destino, me di cuenta de que en el minúsculo apartamento en el que vivía estaba disponible la conexión por cable. Me enteré porque alguien vino a arreglar un problema eléctrico y me avisó: “¿Sabía que puede ver televisión paga gratis?”. El inquilino anterior había dejado el apartamento sin pedir a la compañía de cable que desconectara el servicio ya pago. Así pues, yo tenía cable gratis, pero no televisor. Fue ahí cuando me di cuenta de que en algunos países es fácil conseguir un televisor viejo, porque la gente después de usar por un tiempo el que tiene, lo deja tirado en la vereda, por si acaso a alguien le interesa recogerlo.
Una mañana (por entonces mis días tenían mañana, tarde y noche), camino a alguna parte, como pasa cuando uno tiene algo que hacer, me topé en la calle con un televisor abandonado, un Toshiba. A lo largo de las tres cuadras que caminé cargándolo no paré de preguntarme “¿funcionará?”. Lo prendí con la novelería de un niño que todavía cree en los Reyes Magos y funcionó de maravillas, tal como funcionan las cosas que además de ser buenas son gratis. No venía acompañado de control remoto, pero cuando uno come fideos generic con kétchup sin marca todos los días se acostumbra a pararse mil veces por día para cambiar de canal. En verdad, no tuve que andar parándome a cada rato, pues buscando un canal en el cual quedarme encontré MTV y ahí eché raíces, como quien se compra una casa sabiendo con certeza que podría quedarse en ella el resto de su vida. Yo no me quedé para siempre en MTV, sino por solo 10 años (los 2 primeros en forma adicta). Como dice el grandísimo poeta español Carlos Edmundo de Ory, “cuando fumo me fumo hasta el humo”. Me hice famoso entre mis allegados por mi consumo desmesurado de videos. Mis vecinos venían a sacarse fotos conmigo. Decían que no conocían a nadie en el planeta que pudiera ver tantos videos seguidos como yo. Una tarde inventé el binge watching. Era el sumo homo videns, el maratonista embobado ante el hechizo de imágenes musicalizadas. Entre admirada y sorprendida, la gente en la calle me señalaba con el dedo en son de incredulidad y decía: “Ahí va el uruguayo videonómano,”. Hubo quienes sintieron envidia: “Te envideo”, me gritaban. Alguien comentó como si hubiera descubierto el origen de la vida: “Ahora comprendo por qué el adicto a los videos nació en Montevideo”. Cosas así.
Temprano me iba a clase cada mañana y cuando regresaba en la tarde lo primero que hacía era prender el televisor, sabiendo que el próximo video que emitiría MTV había estado esperando por mí desde la noche anterior. Hacía todo lo que la gente hace en su casa con la música de MTV de fondo: cocinar, hablar por teléfono, dejar de hablar por teléfono, escribir, leer (el orden no altera el producto), cepillarme los dientes, mirar por la ventana, lavarme las manos, pensar qué voy a comer cuando tenga plata, y hasta estudiar sin sentir interferencias, pues las canciones que emitía la cadena musical en el primera época eran tan buenas que se hacían compañeras inseparables de mis estados de ánimos, cuando estaba bien y cuando no lo estaba, y que principalmente eran las veces en que no era buena la canción programada por el VJ. Es decir, excepciones que demostraban la regla de oro que decía que en MTV la música era excelente todo el día. Además, englobaba el sentir de una década que vino a revolucionar al mundo, y que en muchos aspectos lo consiguió. El mundo antes y después de la penicilina. El mundo antes y después de MTV. Entre 1983 y 1993 fueron años en que me hice adicto y experto de la programación del canal que canalizó las vivencias, imágenes y formas de actuar de una generación.
De esos años todos seguidos y sin excepción tengo algunos recuerdos imborrables, como la vez en octubre de 1983 que envié más de 1.000 cartas para participar en el sorteo de una casa color rosado en Indiana, que se realizó para celebrar la aparición de la canción Pink Houses, de John Cougar Mellencamp. No la gané. O cuando en 1985 encendí el televisor y estaba sonando a todo volumen You Spin Me Round (Like a Record), del quinteto Dead or Alive, que con solo dos canciones, esa y Brand New Lover, garantizó su posteridad en el parnaso de la música que puede transitar con natural candor de una época a otra sin perder la originalidad inicial. En los videos, el cantante del grupo, Pete Burns, proyectaba una imagen de raro intencional, especie de avatar visual neogótico. Tan bien lo hacía, que la impostura escenificada parecía auténtica, lo cual le sirvió, incluso más que a la música del grupo, para no perder vigencia y encontrar públicos nuevos aunque las épocas cambiaran. Pero la permanencia, aunque más no sea en la industria de la nostalgia, llegó con alto costo físico y económico. Burns murió de un infarto en 2016, a los 57 años. Había dicho: “Probablemente tenga unas 300 cirugías (estéticas). Espero que cuando tenga 80 y llegue al cielo Dios no me reconozca”. La vida útil, de plenitud, de MTV (suena a MVD, código aeroportuario de Montevideo) duró una década. A mediados de los noventa los videos fueron sustituidos por programas que infructuosamente buscaron ser provocadores. Por apelar a recursos de bajísima imaginación, el 98% era descartable. Ya no quise tener más mi MTV.
Fui, pues, uno de los primeros fundamentalistas de MTV, aunque, viendo la pésima calidad de la cadena en la actualidad, hay veces en que siento pudor al decirlo. También la pauperización del gusto y la carencia de ideas caracterizan a la que por mucho tiempo fue mi cadena favorita. Una lástima que se haya venido abajo habiendo tenido como tuvo un pasado tan ilustre. Ninguna otra cadena, ni siquiera CNN o ESPN, tuvo la influencia cultural de MTV. Impuso modas, ritmos, personajes, tendencias y una estética visual caracterizada por el uso de la elipsis y la fragmentación del relato, que tuvo enorme influencia en la forma posterior de hacer cine y series televisivas. YouTube y Netflix son derivados. MTV fue una revolución. Por varios años fue una presencia ineludible, esencial. Hoy está desvirtuada. De la original solo conserva el nombre. En noviembre de 1989, cuando cayó el muro de Berlín, y con él una de las ideologías dominantes (cayó pero volvió a pararse: en eso las ideologías tienen mayor poder de recuperación que los muros), unos cuantos creyeron que a partir de entonces el mundo sería global. En muchos aspectos, tal intuición generada por el entusiasmo del histórico momento se hizo casi plena realidad. Como corolario sintomático de la globalización, hoy los rusos pueden ver las noticias de CNN (para poder odiar más al imperio enemigo), los egipcios series coreanas, los uruguayos los teleteatros de Televisa, casi todos pésimos, y los chinos, maestros del control remoto, MTV Mandarin. Aunque por propia voluntad el mundo se hizo rehén de la misma imagen catódica (cambian los idiomas, el contenido es el mismo), en varios aspectos la diversidad cultural y religiosa persiste, negándose a ser absorbida por la tendencia “igualadora”. Para que esa diversidad pasara de la utopía a la realidad sin excluir a nadie, la contribución de la excadena de videos puede considerarse extraordinaria.