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MTV, series adolescentes y los dibujos de antes: así era la TV que nos llegaba en los 90

Un vistazo a los programas, realities y las series que marcaron la década en la televisión 

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23 de agosto de 2019 a las 11:27

La nostalgia es difícil de describir con objetividad. La experiencia, impertinente, es siempre indomable; se mete en todos lados, contamina todo y se cuela sin pedir permiso. Hace que las imágenes de una vida se entremezclen con los datos fríos que intentan explicar una época, y no deja que la historia general se independice del relato íntimo. Los años pasan y la relación se hace cada vez más simbiótica, unificada. Y por eso la década de 1990 seguramente tenga infinitos significados, interminables capas y huecos que cada uno rellenará a piacere con sus vivencias, con hechos mínimos que dan forma al entramado de la vida. Para quien escribe, que apareció en el mundo en la primera mitad de la década, esos años tienen olores, ruidos y escenas identificables, pero hay una que se impone sobre las demás: son las tardes después de la escuela, sentado junto a un tío algunos pocos años mayor, tomando cocoa en taza y metiéndome horas y horas de televisión en la cabeza. Dibujos animados, series estadounidenses, realities internacionales y muchísimos videos musicales que se convertían en una masa apelotonada de horas de control remoto y alfajores de chocolate. 

La imagen no tiene nada especial, pero en tiempos de streaming y ante el cambio de paradigma televisivo, encierra y expone un fenómeno que cortó la década al medio y que hoy está bastante diluido: la incidencia de la televisión en las casas uruguayas. Mientras que la región atendía con ojos entusiasmados a la explosión de las ficciones argentinas, los enlatados extranjeros y ciertos productos nacionales de consumo interno, en el resto del mundo había varios dominadores en el reino de los rayos catódicos. Y uno de ellos era MTV. 

La señal estadounidense nació en la década de 1980 y se posicionó enseguida como el rey de la música por tv, pero a Latinoamérica llegó recién en 1993. En general –y esto seguramente haya sido común denominador de la época– esas tardes mencionadas anteriormente estaban comandadas por este canal. Su fuerte estaba en sus videos y en el top diario, pero sus extraños programas tenían un espacio reservado. Beavis and Butt-Head, Daria, Celebrity deathmatch; la animación del canal era adulta y oscura, y también muy popular. Más tarde, cerca de los 2000, vendrían los realities: Enchúlame la máquina, Next, Los invadecuartos y más. 

Pero había más por fuera del canal de la música. La década también marcó la aparición de series que hoy son icónicas, y que terminaron de limpiar el terreno para la llegada de la tan manoseada “época dorada de las series”. Sobre el final del milenio, por ejemplo, HBO se arriesgó y lanzó Los Sopranos.

Pero antes estuvo Twin Peaks. Y fue un bombazo. David Lynch ya venía con la reputación de ser un tipo que si quería te podía partir la cabeza con sus ideas y con la manera en que las contaba, y con su emblemática serie estiró ese legado todavía más. Parodiada y referenciada al extremo, hoy la serie es historia de la televisión. Viendo su legado, es entendible el entusiasmo que generó cuando volvió en 2017.

Pero la lista sigue. Y los nombres son hoy tan inmensos que hasta parece mentira que alguna vez hayan tenido que pelear por un lugar en la programación. Friends, Senfield, Los archivos X, Buffy la cazavampiros, Clarissa, My so called life, El príncipe de Bel-Air, Sabrina la bruja adolescente, Beverly Hills 90210, Dawson’s Creek, That ‘70s show, Freaks and geeks, Sala de emergencias; todos nacieron o se consolidaron en esta década.  

Otros dibujos

Quizás por el éxito de Los Simpsons, que habían comenzado en 1989, o por el cansancio acumulado de los Looney Toons, los dibujos animados se volvieron decididamente adultos. Desde la irreverencia, la repulsión y hasta en su existencialismo, tomaron las pantallas de Cartoon Network y Nickelodeon y mostraron una cara diferente.

Por ejemplo, estaba Oye Arnold, que fluctuaba entre las idas y vueltas de personajes melancólicos, descastados y hasta deprimentes. O La vaca y el pollito, que parecía haber sido ideado por un par de cabezas abolladas por las drogas sintéticas. O hasta Coraje, el perro cobarde, que puso en pantalla algunas de las escenas más perturbadoras de la animación. Y a todo eso se le pueden sumar Los castores cascarrabias, Bob Esponja, Catdog, Jhonny Bravo, El laboratorio de Dexter, Las chicas superpoderosas, Ed, Edd y Eddy, Rocket Power, los Rugrats y varios más. 

Pero todo eso provenía de Estados Unidos. O al menos en su mayoría. Y sucede que para ubicar físicamente al nacimiento de algunos de los éxitos más grandes de la década hay que cruzar el océano hasta Japón. En estos años, el animé explotó a caballo del éxito de Dragon Ball y Los Caballeros del Zodíaco y marcó la infancia de varios. Los más populares continúan siendo marcas redituables hasta hoy: Pókemon –que comenzó en 1997– y Digimon, su copia barata –que arrancó en 1999–. 

Es probable que hoy la exposición a la pantalla –a la pantalla curva de la televisión– sea menor. Mucho menor. Y el streaming, al menos en el plano internacional, está segmentando cada vez más la visualización de las cosas. Hoy varios de estos programas y animaciones están disponibles en diversas plataformas, pero la experiencia no es lo misma. Las bobadas de Will Smith en El príncipe de Bel-Air  son igual de graciosas en la televisión que en la pantalla del celular pero, ¿todavía queda alguien que se junta a verlas? La gran nostalgia de los noventa es pensar en todos estos shows, sí, pero también recordar que hay una manera de ver televisión que, desde hace un tiempo, no existe más.

 

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