13 de septiembre 2021 - 11:23hs

La derrota electoral del peronismo puso al gobierno en estado de alarma, como dejó en claro Alberto Fernández con su frase: "Evidentemente, algo no habremos hecho bien para que el pueblo no nos haya acompañado". A su lado, Cristina Fernández de Kirchner se mantuvo callada pero su gestualidad fue acaso más elocuente que la del presidente: no pudo disimular la desazón y el enojo, con lo cual abonó los rumores sobre discusiones fuertes tras bambalinas, incluyendo acusaciones cruzadas sobre quién era principal responsable de la derrota.

La preocupación del gobierno está bien justificada. No solamente el resultado fue malo –algo que, a fin de cuentas, se preveía por la crisis económica y los problemas de la campaña de vacunación contra el covid-19– sino que ocurrieron hechos que pueden calificarse de históricos. Por ejemplo, que el peronismo haya perdido en provincias donde ha mantenido una hegemonía de décadas.

Traducido a la representación parlamentaria, si en las legislativas de noviembre se repitieran los resultados de las primarias, el gobierno perdería la holgada mayoría de la que hoy disfruta y pasaría a tener un Congreso de tono netamente opositor. De las ocho provincias que renuevan sus bancadas del Senado, solamente en dos se impuso el peronismo, mientras la oposición ganó en terrenos donde siempre ha "jugado de visitante", como La Pampa y Chubut.

Los primeros cálculos apuntan a que el gobierno perdería siete bancas en el Senado, con lo cual ni siquiera tendría quórum propio para sesionar y promover proyectos de ley. Es la situación que más preocupa a Cristina, que apostaba en la segunda mitad del período gubernamental a impulsar la reforma judicial, entre otros proyectos que la involucran personalmente.

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Medidas urgentes con la mira en noviembre

Esta derrota ha puesto al gobierno en modo de emergencia. Como insinuó Alberto Fernández, habrá una saga de medidas económicas destinadas a mejorar el consumo, sobre todo en los sectores más pobres, que no han sentido en sus bolsillos el rebote económico que muestran las estadísticas.

El diagnóstico del gobierno es claro: en la provincia de Buenos Aires, donde vota casi el 40% del padrón y que ha sido un bastión histórico del peronismo, perdieron por una diferencia de cinco puntos. Es en ese terreno donde más peso tiene el asistencialismo con la ayuda monetaria directa del Estado, cogestionada por los intendentes del conurbano y los movimientos piqueteros.

AFP El presidente de Argentina, Alberto Fernández, este domingo al votar en las PASO

Las manifestaciones de estas organizaciones sociales, en reclamo por mayores niveles de asistencia, habían sido una alerta temprana sobre algo que no funcionaba bien en el aparato político del peronismo.

Y ahora la duda está puesta en si, aun con un plan de ayuda de emergencia, habrá espacio para revertir el resultado. Los antecedentes históricos indican que no, porque lo que ha ocurrido la mayoría de las veces en la legislativa fue una réplica, incluso acentuada, de las PASO (elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias). Sin embargo, hubo algunas excepciones en las que se revirtieron resultados, por ejemplo cuando el macrismo había perdido por poca diferencia contra la propia Cristina en 2017 y luego le ganó.

Un factor clave a considerar será si en la elección de noviembre aumenta la afluencia de votantes. Si bien no ocurrió el ausentismo masivo que pronosticaban algunos politólogos, el 68% de asistencia es una cifra baja en comparación con el promedio histórico, de manera que hay un margen de hasta diez puntos porcentuales para que esa participación crezca.

Lo que no es tan claro es si el gobierno podría beneficiarse electoralmente de esa situación, porque quienes tradicionalmente no votan en las primarias y luego sí lo hacen en la legislativa "de verdad" son los ancianos, que apoyan al macrismo en una proporción de dos a uno frente al peronismo.

En la otra punta de la pirámide demográfica, se confirmó lo que los analistas venían anunciando: que el voto más joven, hasta ahora fiel al kirchnerismo, ha mutado y está encontrando atractivo en propuestas nuevas, como la del economista "libertario" Javier Milei, que hizo una sorprendente elección de 14% en la ciudad de Buenos Aires y se entusiasma con desplazar al peronismo al tercer lugar.

Irónicamente, el mayor apoyo al gobierno puede venir de uno de sus principales adversarios: el mercado financiero. Ocurre que una derrota en las urnas hace suponer a los inversores que acelerará reformas para acordar con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Es por eso que en los últimos días se produjo una suba de bonos soberanos y acciones de empresas argentinas.

La disyuntiva entre moderar o radicalizar

Si por un lado es evidente que el gobierno pondrá "toda la carne en el asador" en términos de anuncios para mejorar el poder adquisitivo, lo que no está tan claro es cómo se dirimirá la interna.

Una posibilidad es que se llegue a la conclusión de que se perdió al votante centrista, que en 2019 había apoyado al peronismo y ahora se pasó a la oposición para castigar la radicalización del gobierno. Es algo muy evidente en las provincias agropecuarias –como Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos–, enojadas por el intervencionismo estatal y la presión impositiva.

Si ese fuera el diagnóstico, entonces la respuesta debería ser una moderación en el discurso y en las propuestas, con una revisión de las medidas más resistidas.

Sin embargo, la mayoría de los analistas cree que lo que ocurrirá será la opción opuesta: que, ante el revés electoral, Cristina Fernández decida "intervenir" el gobierno y radicalice aún más la agenda. Es la forma en que siempre ella ha reaccionado en momentos de derrota, cuando ocupó la Presidencia.

AFP La vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, votó en Santa Cruz

Si bien una reacción de ese tipo renovaría la mística militante del kirchnerismo, quedan dudas sobre si sería una manera efectiva de recuperar la adhesión del electorado.

Esa disyuntiva entre la moderación o la radicalización es la gran batalla que se está librando en estas horas de derrota en el gobierno argentino. Se ha especulado con cambios de nombres en el gabinete y señales contundentes de cambio de rumbo.

En el kirchnerismo están convencidos de que el celo fiscalista mostrado por el ministro de Economía, Martín Guzmán –reflejado, por ejemplo, en un recorte del gasto en pago de jubilaciones– ha sido responsable directo del mal resultado en las urnas.

Pero la sustitución de Guzmán no es tan fácil de instrumentar, porque es el interlocutor con el FMI. Y el calendario de vencimiento de deuda hace imprescindible un acuerdo de refinanciación, dado que el Banco Central no tiene reservas suficientes como para seguir afrontando los pagos.

Las internas en el bando vencedor

AFP María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta festejaron en el búnker de Juntos por el Cambio
Del otro lado del mostrador, los festejos por la impactante victoria no significan que el espacio opositor esté libre de internas. Para empezar, porque se discute si la estrategia adecuada es la de oposición blanda y dialoguista, o si hay que hacer prevalecer la línea dura.
En el armado de las listas se impuso la voluntad de Horacio Rodríguez Larreta, que dejó a un costado a los candidatos más identificados con el expresidente Mauricio Macri, para enojo del sector más antikirchnerista, que acusó al intendente porteño de promover una "oposición light" y ser algo así como un peronista camuflado.
Por un lado, quedó demostrado que la oferta electoral dio buen resultado. Pero, por otra parte, también es cierto que sectores duros de la oposición tuvieron una adhesión mayor a la prevista en la interna, lo cual induce a pensar que el electorado espera un estilo de oposición más firme.
De hecho, el discurso opositor fue mutando a lo largo de la campaña: pasó de una especie de autocrítica por los errores de la gestión macrista a una acusación dura contra los abusos de poder del kirchnerismo.
Hoy están en la agenda opositora temas que antes no se mencionaban, como una rebaja de impuestos y una reforma laboral que haga menos pesadas las indemnizaciones por despido. Y María Eugenia Vidal, en su discurso de festejo por el triunfo, enfatizó en la crisis de los jóvenes que quieren emigrar por falta de trabajo. A su lado, Macri sonreía. También él, como Cristina, aprovechó para mandar mensajes políticos sin hacer discursos: dejó en claro que no renunciará fácilmente a su intención de liderar el espacio opositor.
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