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11 de junio 2023 - 5:00hs

Ania Peri es educadora social y Fiorella Bresesti bióloga marina. Ambas son de Montevideo y antes de armar las valijas y decidirse a viajar por el mundo trabajaban en un centro juvenil y en un empleo público, respectivamente.

Fiorella viene de una familia de bodegueros que trabaja en Montevideo rural y eso era lo más cerca del agro que ambas estaban, hasta que luego de recorrer varios países de Europa llegaron a Australia y se metieron de lleno en el backstage de la producción de alimentos, trabajando con vinos, almendras y naranjas.

La pareja quería recorrer el mundo y su primer objetivo era conocer Nueva Zelanda, pero por las restricciones fronterizas a causa del covid-19 no pudo empezar el viaje por allí. Tras embarcarse en el Aeropuerto de Carrasco en noviembre de 2021, comenzaron sus aventuras en Madrid y realizando voluntariados, trabajos de limpieza en hostels y como cuidadoras de mascotas y casas recorrieron Irlanda y Francia.

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Fiorella y Ania son pareja y desde 2021 recorren el mundo.

Cuando volaron a Australia, con la idea de trabajar, ahorrar y conocer nuevos lugares –en plena apertura de fronteras y un gran movimiento migratorio– descubrieron que no era tan fácil conseguir trabajo, por eso de la capital se fueron moviendo hacia el interior del país y así acercándose cada vez más al campo.

“Fuimos entrando de zafra en zafra y entrando en el agro”, comentó Fiorella a El Observador.

Las jóvenes uruguayas trabajaron en la segunda bodega más grande de Australia.

Vinos, de Peñarol a Oceanía

El primero de los trabajos que hicieron en el agro australiano (rubro que ellas llaman "farm work") tuvo un fuerte vínculo con la historia de Fiorella. La joven conoce de toda la vida la industria del vino, porque su familia tiene una bodega en Peñarol, y en Australia trabajaron durante la vendimia en el departamento de exportación de la segunda bodega más grande del país.

Allí, en jornadas de ocho horas y durante cuatro meses, en una bodega a la que definieron como “inmensa”, trabajaron en las plantaciones, se encargaron de filtrar tanques de vino, cargar contenedores y realizar la documentación necesaria para la exportación de las bebidas.

Ania y Fiorella durante la vendimia australiana.

“Fue una experiencia muy buena, aprendimos un montón de cosas”, sostuvo Fiorella.

Una de las cosas que más les llamó la atención allí fue el gran tamaño de los tanques y el sistema de traslado del vino dentro de la bodega, por caños que conectaban los tanques y que ellas en una especie de “laberinto” de cañerías, tenían que conectar; lo que a Ania le pareció “alucinante”.

Con máquinas las jóvenes fijaban las plantas de vid a tutores.

En la bodega, además, se enfrentaron a grandes desafíos. Fiorella, por ejemplo, que le teme a las alturas, debió enfrentarse a ese miedo, ya que debía hacer tareas sobre los tanques de vino a 15 metros de altura. Y Ania, que no es muy fanática de los insectos, tuvo que vivir con su miedo a las arañas, ya que en la bodega –y en casi todos lados en Australia, según contaron– hay muchas y los australianos no las matan, sino que las ahuyentan.

El tamaño de los tanques de vino y sus conexiones por caños fue de las cosas que más las sorprendieron.

Animales protegidos

La protección de los australianos a la fauna fue algo que destacaron. Si bien en ese país hay varios de los insectos “más venenosos”, según comentaron las viajeras, para los nativos es importante mantenerlos a salvo, así como a otros animales, por ejemplo las aves.

En el pueblo en el que viven actualmente, Mildura, los ciclistas que recorren las rutas usan cascos con precintos arriba (a modo de puntas) para evitar que unos pájaros negros y con grandes picos, famosos por atacar birrodados, los molesten, ya que si intentan defenderse lastimando a esas aves pueden ser multados por el gobierno, contaron las uruguayas sin poder creerlo. En Uruguay nunca vieron algo así, recordaron a las risas.

A lo largo de su viaje "Fio y Ania", como se presentan en sus redes sociales, se han cruzado con varios animales, como los perros que cuidan o alimentan, un trabajo que disfrutan y que las ha sorprendido, por lo que pueden llegar a ganar, por ejemplo 420 dólares australianos ($ 11.024).

Annie, Lucy y Scraffy son algunos de los perros que han estado bajo su cuidado en Australia, compartieron en su cuenta de Instagram @dosuruguayasporelmundo que tiene 16.500 mil seguidores, y en donde cuentan su vida de viajeras y trabajadoras nómade.

Almendras y naranjas

Después de trabajar en la bodega integraron el staff de una fábrica de almendras, donde conocieron cómo se plantaban y cómo se procesaban esos frutos secos.

Trabajaron en una planta en la que debían procesar almendras para su exportación.

Sobre la producción de almendras comentaron: "Quedamos flasheando". Lo dijeron en coro y a las risas a través del teléfono, en una entrevista que se hizo con 12 horas de diferencia entre Montevideo y Mildura, y destacaron que lo que más atrajo su atención fue conocer que las almendras llegaban a la planta de procesamiento con una doble cáscara, algo que hasta el momento desconocían.

Sus tareas eran dejar ingresar a los camiones (que llegaban desde las granjas) a la fábrica, pesar las cargas recién cosechadas, triturar las almendras y medirles la humedad. Luego de que eso estaba hecho, las almendras se dividían en grandes pilas en un campo, contaron, donde se seleccionaban las almendras para secar y luego enviar al mercado de exportación.

Algo que las impactó fue cómo para los países de mayor poder adquisitivo se seleccionaban los mejores productos. China es el mercado que más caro paga las almendras australianas, detallaron.

Ania en la planta de procesamiento de almendras.

Cuando la zafra de almendras terminó en Mildura, las jóvenes uruguayas cambiaron de rumbo y comenzaron a trabajar con citrus.

Ahora realizan tareas en una planta de packing de naranjas. Tras la cosecha las frutas llegan a la planta donde una máquina las lava, centrifuga y cepilla para eliminar toda la suciedad que puedan haber traído de la cosecha, luego un escáner las pesa y pasan a unas cintas donde mujeres seleccionan las que están en perfecto estado, y las que no cumplen con esa condición por manchas o roturas son descartadas para hacer jugo; luego, las seleccionadas se envían a un área de envasado.

El trabajo en la fábrica es muy ruidoso, las máquinas son enormes y hablar se dificulta un poco, por eso a veces deben hacerse señas para entenderse, y trabajan con protectores de oídos. Pero si hay algo que resaltan es el gran desarrollo tecnológico del lugar, en el que "todo está automatizado".

En este trabajo, la selección de productos por mercados de exportación también es un factor que influye, comentaron, y destacaron que Japón es el principal mercado de destino de esa producción.

Entendiendo la producción

Una de las dificultades que se encontraron en las tareas de farm fue el idioma y el vocabulario. Si bien ambas hablan ingles, idioma que se habla mayoritariamente en Australia, en sus trabajos colegas y encargados utilizan vocabulario técnico y relacionado a la producción agropecuaria, que al principio les fue difícil entender.

Una de las enseñanzas que les ha dejado su paso por Australia es de dónde llega la comida que todos los días se consigue fácilmente en las góndolas, y cómo es el camino que los productos hacen antes de llegar allí.

Actualmente las producciones del agro en aquel país sufren por el efecto de varias inundaciones que afectaron las cosechas, comentaron, y las pérdidas se han notado en la calidad de los productos, además en los problemas que han tenido los productores y también los trabajadores como ellas, que sin cosechas no pueden ir a trabajar y no cobran los jornales.

El camino en el agro les ha gustado, aunque no descartan cambiar de tareas a medida que sigan viajando.

https://www.elobservador.com.uy/nota/yerba-y-alfajores-en-dolares-y-euros-el-precio-de-acercar-la-patria-a-los-que-emigran-202369113754

Temas:

uruguayos emigrantes Bodega Bresesti Producción de vinos Exportación de cítricos almendras Australia

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