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Gestión emocional: consejos para dominar el arte de la escucha asertiva

Es un paso superior a la escucha activa; implica prestar atención a lo que se dice, a los gestos y matices  

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27 de enero de 2020 a las 11:26

Por Daniel Colombo
(El Cronista - RIPE)

A veces, en un diálogo, aunque estemos abiertos a escuchar, es posible que no entendamos lo que nos quieren decir o hagamos una interpretación errónea que no coincide con lo que nos quisieron transmitir.

Eso es lo que viene a reparar la escucha asertiva: la habilidad que pueden desarrollar todas las personas para mejorar notablemente la comunicación, como una de las herramientas esenciales de vínculos interpersonales. La escucha asertiva es la capacidad de establecer una conexión profunda con el otro, e incluso en grupos, libre de preconceptos, juicios o condicionamientos, para alcanzar un acercamiento que permita no sólo interpretar la información que se intercambia, sino poder entender desde dónde está representándose ese mundo interior que transmite. Al incorporar el componente de la gestión emocional, de una y otra parte surge un proceso virtuoso, respetuoso y que acerca a un mayor entendimiento.

Los niveles de escucha asertiva

La escucha es una de las habilidades menos habituales en las relaciones humanas. Muchos suponen que lo hacen cotidianamente; sin embargo, lo que en realidad sucede es que se "oye" el ruido del otro, lo que dice; o se interpreta subjetivamente el contexto (lenguaje corporal, tono de voz, palabras que enfatiza).

La escucha es más profunda: parte del silencio y de la capacidad de meterse en el mundo del otro, con el objetivo de interpretar y poder ser responsable (habilidad de responder) ante las cosas que se plantean. Para mejorar la habilidad de escucha, conviene saber que existen tres niveles:

Primer nivel, mundo interno

En este nivel se escucha solo la voz: se reconoce un sonido medianamente constante. Es la definición de "oír", sin prestar atención a otros aspectos. Lo que hacés es estar tanto en tu mundo interno, que no salís de él para colocarte, con empatía, en la posición de ida y vuelta tan necesaria para la buena comunicación. Por ejemplo, es lo que sucede cuando estamos concentrados en algo y nos habla otra persona y respondemos en automático, sin prestar mayor atención a lo que está diciendo. Definitivamente, el primer nivel representa un vínculo sumamente superficial del que no podrás extraer nada demasiado interesante ni profundo.

En este caso, creás un nivel de conexión más profundo, ya que en el intercambio de la escucha activa se percibe la voz con todos sus matices y todo lo que hay por debajo: el ritmo, las pausas, los silencios, la corporalidad, los gestos o la ausencia de estos, factores que influyen decisivamente en la calidad de este tipo de escucha.

En este tipo de escucha activa es importante prestar atención al tono de la voz: si suena monótona posiblemente esté reflejando ideas del pasado o preconcebidas; en cambio si suena alegre, dinámica y entusiasta, nos deja saber de apertura y expectativa por enriquecer la comunicación que tenemos.

Segundo nivel, interés intencional enfocado

En este caso, creás un nivel de conexión más profundo, ya que en el intercambio de la escucha activa se percibe la voz con todos sus matices y todo lo que hay por debajo: el ritmo, las pausas, los silencios, la corporalidad, los gestos o la ausencia de estos, factores que influyen decisivamente en la calidad de este tipo de escucha.

En este tipo de escucha activa es importante prestar atención al tono de la voz: si suena monótona posiblemente esté reflejando ideas del pasado o preconcebidas; en cambio si suena alegre, dinámica y entusiasta, nos deja saber de apertura y expectativa por enriquecer la comunicación que tenemos.

Tercer nivel, rango global de escucha 

Para ir más profundo y más allá, este paso es significativo. Además de todo lo que incluye el segundo nivel, aquí se trata de escuchar en HD: así, percibís las emociones, las sutilezas sensoriales, los pequeños movimientos de los ojos, la profundidad de la mirada, la tonalidad de la piel mientras el otro se expresa.

Definitivamente, es un estadío más completo que te permitirá llegar a captar más profundamente el mundo del otro, dejarás los juicios y las interpretaciones superficiales de lado y te sumergirás con mayor precisión en lo que el otro dice, lo que narra, lo que siente, lo que manifiesta gestualmente, y así, podrás tener un panorama completo y más asertivo del proceso de interacción.

Consejos para que la escucha activa sea un hábito

1 - Evitá interrumpir. Escuchá el 80% del tiempo. No hay necesidad de llenar los espacios vacíos ni de agregar conceptos que pretendan manipular al otro llevándolo hacia tu forma de ver las cosas: aceptá todo tal cual se presenta.

2- Hacé preguntas trascendentes. La intención es que las formules de manera que logres conectar con el sentido de lo que el otro quiere transmitir, y así abrir puentes de entendimiento para ir más profundo.

A veces, en un diálogo, aunque estemos abiertos a escuchar, es posible que no entendamos lo que nos quieren decir o hagamos una interpretación errónea que no coincide con lo que nos quisieron transmitir.

3 - Observá los gestos, matices, pausas, tono de voz, movimientos de los ojos, manos, posición física del otro respecto a ti. Obtendrás valiosa información para poder acompasar, quizás replicando en parte algunos de estos recursos para generar empatía y mayor disposición.

4 - Evitá hacer juicios automáticos. De esta forma permitirás que el otro transmita su mensaje, ideas, consideraciones y detalles y luego tomarás esa información para transformarla en una herramienta de gestión de la escucha asertiva que sea útil para ambas partes.

5 - Focalizate en el otro mientras habla. Tu único pensamiento y energía necesitará estar en la otra persona, para que alcances un mayor estado de conexión profunda de modo que, desde allí, construyan los resultados que (ambos) estén buscando.

 

Fuente: El Cronista - RIPE

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