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27 de marzo 2023 - 5:00hs

En Estados Unidos y Europa hay grupos de presión aún con poco desarrollo, pero en crecimiento, que abogan por la disolución y fragmentación de la Federación Rusa.

Su principal argumento es que la negación de Putin del derecho a existir de Ucrania demostraría que el Estado ruso es imperialista e irredimible y que ninguno de sus vecinos puede sentirse seguro viviendo junto a un Estado tan expansionista.

Según escribió en Responsible Statecraft el profesor Peter Rutland, de la Universidad Wesleyan y profesor asociado del Centro Davis para Estudios Rusos y Euroasiáticos en la Universidad de Harvard., los defensores de esta posición dibujan una analogía con el colapso de la Unión Soviética.

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La Unión Soviética parecía ser una característica permanente del panorama internacional, pero se derrumbó abruptamente como un castillo de naipes en 1991. Argumentan que lo mismo podría pasarle a la Federación Rusa, que ocupa el 60 por ciento del territorio de la antigua Unión Soviética y gobierna sobre 190 grupos étnicos dentro de 21 repúblicas en la federación.

Tales argumentos fueron presentados en una reunión en Bruselas convocada por el grupo Conservadores y Reformistas Europeos, el bloque conservador en el Parlamento Europeo, el 31 de enero. Pidieron la creación de 34 nuevos estados en el territorio de la Federación Rusa. En Washington, DC, el Instituto Hudson y la Fundación Jamestown se reunieron para discutir “Preparación para la disolución de la Federación Rusa” el 14 de febrero; mientras que un “Foro de los Pueblos Libres de Rusia” se reunió en Suecia en diciembre de 2022. El caso fue presentado por Janusz Bugajski en su libro “Estado fallido: una guía para la ruptura de Rusia”.

Tienen también seguidores en Ucrania. El 18 de octubre de 2022, el Parlamento de Ucrania declaró a la República Chechena de Ichkeria “temporalmente ocupada por la Federación Rusa”. En febrero, la novelista Oksana Zabuzko publicó un artículo de opinión en el New York Times llamando a la desintegración de Rusia.

Para el profesor Rutland, este enfoque del problema de Rusia es poco realista e inútil. Hay una posibilidad mínima de que la Federación Rusa se separe en un futuro previsible. Si bien los rusos representaban solo el 51 por ciento de la población soviética, representan más del 80 por ciento de los habitantes de la Federación Rusa.

La soberanía no aparece como una opción creíble para ninguno de los pueblos no rusos que viven en el vasto territorio de Rusia. Las guerras de Chechenia mostraron hasta dónde estaba dispuesto a llegar Moscú para resistir el secesionismo. Nadie, incluidos los propios chechenos, quiere repetir esa experiencia.

En solo seis de las 21 repúblicas étnicamente designadas, la nacionalidad titular constituye la mayoría de la población local. Según el censo de 2021, solo cinco naciones tienen más de 1 millón de adherentes (tártaros, chechenos, baskires, chuvasios y ávaros). Las repúblicas tártara, bashkir y chuvashia se encuentran en la región media del Volga y están completamente rodeadas por territorio ruso.

Si la Federación Rusa se fragmentara, desencadenaría una ola de guerras civiles locales y limpieza étnica, una sombría perspectiva que se vuelve aún más alarmante por la presencia de miles de armas nucleares en territorio ruso. Por estas razones, la desintegración de la Federación Rusa no serviría a los intereses nacionales de Estados Unidos.

Otro problema con el enfoque de “Rusia debe irse” es que antagonizará a las élites políticas rusas y hará aún menos probable que surja un gobernante posterior a Putin que pueda alcanzar un modus vivendi razonable con los vecinos de Rusia. Los nacionalistas no rusos critican a los líderes de la oposición rusa como Alexei Navalny o Mijail Jodorkovsky por no enfrentarse a la naturaleza imperial de Rusia y por creer que la región del Cáucaso del Norte pertenece a la Federación Rusa.

De hecho, Mijail Jodorkovsky insiste en que es “irresponsable desear el colapso de la Federación Rusa” e insiste en que “el régimen de Putin está conduciendo a la destrucción de Rusia”. Para el líder opositor, “una Rusia dividida podría causar más problemas que la versión actual”.En una nota para Político, argumentó que si ocurriera la desintegración, “surgiría una nueva necesidad de unificación forzada del territorio principal de Rusia, y esto lo logrará el próximo dictador ruso. Pondrá en marcha un nuevo ciclo totalitario en Rusia”.

En el simposio del Instituto Hudson en febrero hubo algunas voces disidentes.  Por ejemplo, Natalia Arno, presidenta de Free Russia Foundation (y ella misma de etnia buryatia) dijo: “Queremos arreglar Rusia, no disolverla”, y agregó que “No hay demanda de disolución en el terreno, aparte de los emigrantes.”

Explica Rutland que estos problemas surgieron en la década de los cincuenta, durante la Guerra Fría. En 1959, el Congreso de Estados Unidos estableció el Comité Nacional de Naciones Cautivas -inspirado por el diplomático estadounidense de origen ucraniano Lev Dobrianski- para promover la liberación de las naciones que vivían bajo el dominio soviético.

Al año siguiente, 16 historiadores publicaron una carta en Russian Review quejándose del trato que la ley daba a la Unión Soviética como sinónimo de Rusia, argumentando que la liberación de la nación rusa también debería ser una prioridad. Y, efectivamente, lo que provocó el colapso de la Unión Soviética en 1991 fue la deserción de la Federación Rusa bajo el liderazgo de Boris Yeltsin.

Otro inconveniente del enfoque de "Rusia debe irse" es que amplifica una de las principales afirmaciones de propaganda de Putin: que Occidente quiere destruir a Rusia y que, por lo tanto, la guerra en Ucrania es en defensa propia.

Putin dijo en septiembre de 2022 que los líderes occidentales “dicen abiertamente ahora que en 1991 lograron dividir la Unión Soviética y ahora es el momento de hacer lo mismo con Rusia, que debe dividirse en numerosas regiones que estarían en una disputa mortal entre sí”.  El 26 de febrero, dijo que Occidente quiere hacer pedazos a Rusia. Nail Mujitov, asesor del Consejo de Seguridad y ex general del Servicio Federal de Seguridad (FSB), dijo: “El objetivo principal de Occidente es la destrucción de Rusia”, y en su apoyo citó el libro de 1997 de Zbigniew Brzezinski “Gran tablero de ajedrez”.

El tema de las intenciones de Occidente contra Rusia es de conocimiento común en el público ruso, Denis Volkov, del Centro de investigación Levada, argumenta que "la idea de que la OTAN quiere arruinar a Rusia o al menos debilitarla ha sido un lugar común para las tres cuartas partes de los participantes en encuestas durante varios años”.

Según Rutland, otros protagonistas son los líderes de movimientos etno-nacionalistas comp Erzya o Idel-Ural, que relativamente marginados en el exilio tratan de aprovechar las tendencias pro-disgregación de Rusia y se pliegan al carro de la causa ucraniana. Para ellos es una oportunidad para obtener atención y posiblemente apoyo y financiación de las potencias occidentales.

(Político, Responsible Statecraft, agencias)

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