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Ha muerto el penúltimo genio pop

Durante un tiempo que fueron varios años seguidos, fue el más inspirado compositor de canciones pop rock, imitado y admirado por los nuevos artistas

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20 de septiembre de 2019 a las 11:44

Ric Ocasek falleció el domingo pasado en su apartamento neoyorquino. Tenía 75 años. La noticia estuvo en la portada del New York Times, nicho y luminaria que pocos difuntos alcanzan. El informe del jefe del departamento forense de la ciudad,dado a conocer al día siguiente, informó que la causa de la muerte fue: “Enfermedad cardiovascular hipertensiva y aterosclerótica, o aterosclerosis, una acumulación de placa en las arterias que puede causar endurecimiento y/o estrechamiento en el músculo cardíaco. El enfisema pulmonar también fue un factor contribuyente”.

La  modelo y actriz Paulina Porizkova, esposa de Ocasek desde 1989, escribió en su cuenta de Instagram: “Ric estaba en casa recuperándose muy bien después de la cirugía. Nuestros dos hijos, Jonathan y Oliver, y yo nos aseguramos de que se sintiera cómodo, pidiendo comida y mirando televisión juntos. Lo encontré aún dormido cuando le traje su café del domingo por la mañana. Toqué su mejilla para despertarlo. Fue entonces cuando me di cuenta de que durante la noche había fallecido pacíficamente. Apreciamos la gran efusión de amor. Nosotros, su familia y amigos, estamos completamente devastados por su muerte prematura e inesperada y agradeceríamos la privacidad para llorar en privado”. Lo último que hizo Ocasek antes de irse a dormir el sábado de noche, fue un dibujo a lápiz dedicado a sus hijos, el cual tenía escritodebajo: “Sigue riéndote”.

Rick Ocasek, compositor, cantante, dibujante, figura rectora de las últimas décadas de la música, fue un genio original de los que aparece muy cada muerte de obispo. Al frente del grupo The Cars, uno de los de mayor influenciade todos los tiempos, inventó un sonido que trascendióépocas y transformó para siempre la forma en que el pop rock debía ser concebido, producido y realizado.

Si en la década de 1980 se diolo que la revista Newsweek en nota de tapa llamó, “la segunda invasión musical inglesa”, The Cars fueron pioneros de un sonido inconfundible que el año pasado, finalmente, les valió su ingreso al Salón de la Fama del Rock and Roll. Todavía más, sentaron las bases para que la músicade la última parte del siglo XX tuviera un giro trascendental,tanto en la parte compositiva como técnica. Los Cars, lo mismo que Flock of Seagull, Yazoo, Soft Cell y Bronski Beat, dieron lecciones sutiles sobre la forma correcta de usar el sintetizador.

Cada canciónde los Cars es una maquinaria de relojería caracterizada por su precisión rítmica, en la cual nada falta ni nada sobra. Fue tanta la perfección lograda a la hora de componer y grabar, que el propio Ocasek dijo en reiteradas ocasiones que el grupo teníadificultades para replicar en sus presentaciones en vivo la casi imposible nitidez sonora obtenida en estudios, producto en gran parte del uso adecuado de toda la parafernalia tecnológica a disposición, que a fines de la década de 1970 y principio de la siguiente era novedad absoluta.

Con sus canciones, Ocasek abrió la puerta –las, porque fueron varias– para que la músicarepresentante de la época contemporánea entrara en una dimensión inédita caracterizada por la imprevisibilidad. No en vano, al conocerse la noticia de su muerte, decenas de solistas y grupos de ambas márgenes del Atlántico expresaron de diferentes maneras su gratitud con alguien que además de haber tenido la mente abierta para darle cabida a lo que la imaginación y la inteligencia en complicidad crearan, tuvo la generosidad de apoyar y auspiciar a infinidad de nuevos artistas que establecieron su estilo en las décadas de 1970, 1980, 1990, y todo lo que vino luego en el siglo actual.

La mano maestra de Ocasek a la hora de componer se constata en un aspecto difícil de replicar, y aúnmás, de imitar: la misteriosa simplicidad con que acuñaba sus canciones.Parecían salidas de un acto de magia que no había costado nada realizar; como si la inspiración hubiese alcanzado su objetivo sin aliarse a artificios baratos fácilmente reconocibles, de esos que el paso del tiempo hace trizas, dejando al desnudo la pobreza de unacanción fallida desde su origen mismo.

La grandeza de un artista se mide en la influencia que logra tener en generaciones posteriores, incluso en quienes fueron sus contemporáneos. En la mejor música pop del presente, que no es mucha en comparación con la que se grababa en la década de 1980, pináculo insuperablede todos los géneros luciéndose al unísono, puede constatarse la influencia de los Cars y del sonido pergeñado por Ocasek.  The Killers y Weezer, entre otros, la han reconocido públicamente.

Las canciones de Ocasek en las cuales la innovación viene acompañada de excelencia de realización son infinidad, y tienen además otro elemento difícil de encontrar en un solo artista, sea ya solista o grupo: variedad. Ocasekera capaz de incursionar en la balada con la misma efectividad con que conseguía cosas notables en el génerocanción poprápida, en el cual se necesita inspiración para no quedar reducido a un mero hit wonder (artista asociado con una sola canción exitosa en toda su carrera).

Con su flacura inconfundible y sus lentes oscuros de funebrero, Ocasek fue, salvada la contradicción, prolífico y acotado al mismo tiempo. Como todo gran artista original, no tuvo tiempo para andar repitiéndose. Ejerciósin displicencia la cuota de creatividad que le tocó en esta vida: grabó solo lo que tenía que grabar, y después se dedicó a estar en su casa, a recibir a músicos jóvenes que iban a visitarlo en busca de consejos y sugerencias. De ahí que cada nuevo disco que los Cars grababan era un acontecimiento.

En su historia, iniciada en 1976, la banda grabó siete álbumes. El último de ellos, Move Like This, de 2011, no contó con la presencia del bajista original, Benjamin Orr, quien murió de cáncer de páncreas, en 2004, a los 53 años de edad, y que fue la voz principal en tres clásicos intemporales: Just What I Needed, Let’s Go, y Drive. Los álbumes previos fueron The Cars (1978), Candy-O (1979), Panorama (1980), Shake It Up (1981), Heartbeat City (1984), y Door to Door (1987), obras maestras de principio a fin por haber establecido un sonido único.

En un corto periodo temporal, nueve años, que fue de 1978 a 1987, Rick Ocasek inventó un corpus musical de incomparable originalidad, con sonidos puros y directos, y con una simpleza lírica que dotaba a cada canción de intemporalidad, blindándola contra los cambios de tendencias y modas. Su obra alcanza ribetes de genialidad en la línea de los grandes compositores individuales de música pop, como Paul Simon, Billy Joel,  y Elton John (aunque este comparte créditos con Bernie Taupin).

 
Y finalmente, una historia. La única vez que salí en la noche uruguaya de la nostalgia, viendo, más bien oyendo, que la música que estaba pasando el profesional de la bandeja era muy buena, me atreví a solicitarledos canciones como si estuviera en Aquí está su disco de Radio Montecarlo: Magic y You Might Think, himnos del optimismo, escritos para la vida cuando imagina que la felicidad puede caber en tres o cuatro minutos de música sin fecha de expiración. Tipo que sabíalo que estaba haciendo, el DJ me dijo, entre sorprendido y entusiasmado. “Pero los Cars no son nostalgia, nunca han dejado de ser nuevos”. Eso. Ha muerto un adelantado,en cuyas canciones el futuro llegó varios años antes.

 

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