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Historias de luthiers: artesanos de la música

Cuatro trabajadores explican su oficio y las razones por las que eligieron dedicarse a una tarea exigente y que debe competir con la industria extranjera

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24 de junio de 2017 a las 05:00

Son herreros, carpinteros, soldadores, mecánicos, músicos y alquimistas. Son luthiers, palabra que procede del francés y designa a los fabricantes y reparadores de instrumentos musicales.

Viven y trabajan en Uruguay, donde los fabricantes tienen que competir con los productos traídos desde el extranjero, mucho más baratos y accesibles, aunque en los casos de los de menor calidad significan más trabajo para ellos, tanto para los que crean sus propias piezas como para los que solamente se dedican a repararlos y, cuando pueden, mejorarlos.

Cuatro luthiers uruguayos, cada uno dedicado a instrumentos diferentes, abrieron las puertas de sus talleres para contar sus historias y cómo es el trabajo de estos obreros que combinan en su día a día diferentes oficios al servicio de la música.

Fernando "Lobo" Núñez es una referencia del candombe, y desde hace cuatro décadas se dedica a la fabricación de tambores, un mercado que en los últimos años se ha desarrollado y expandido tanto a nivel local como en el extranjero.

Su taller El Power se convirtió en un emprendimiento familiar y en una de las firmas más reputadas de un instrumento que cada vez viaja más al extranjero.
"Como producto cultural y como producto en sí, el tambor tiene una importancia porque cuando es uruguayo es bueno, no como pasa con otros instrumentos" Fernando Núñez Luthier de tambores
Luis Miranda se dedica a la fabricación de guitarras, con las que ha equipado a varios nombres destacados de la música nacional, entre ellos Eduardo Larbanois, Washington Carrasco, Numa Moraes y Julio Cobelli. Es uno de los que más sufre la competencia extranjera, pero los encargos siguen llegando e incluso varias de sus guitarras se han llevado al exterior.

Anaclara Sunhary y Guillermo Rodríguez trabajan para la Orquesta Juvenil del Sodre, gracias a la cual recibieron su formación como técnicos especializados en instrumentos de viento, en el caso de Sunhary, y de cuerda, en el de Rodríguez. Por el momento no se dedican a la fabricación de instrumentos, aunque el volumen de trabajo que les da su servicio al grupo del Sodre los mantiene ocupados.

Ambos se dedican a mantener en óptimo funcionamiento los instrumentos de la orquesta (si bien también reciben trabajos particulares), y están dando sus pasos en una tarea en la que los especialistas en Uruguay no abundan.
"Ser luthier ayuda al momento de tocar, y tocar también te ayuda a ser mejor técnico. Parte del estudio del luthier pasa por saber hacer sonar los instrumentos" Anaclara Sunhary Luthier de vientos
Si bien cada uno está en distintos momentos de su carrera, comparten el hecho de que sus inicios como artesanos se vinculan a la curiosidad por conocer el funcionamiento de los instrumentos que ejecutan o con los que tienen un vínculo personal; también los acerca el hecho de que sus trabajos involucran una combinación de labores manuales para convertir materiales como el metal, la madera o el cuero de su estado básico a objetos sonoros.

Otro gran dilema para la profesión son las opciones de estudio. El único curso formal disponible en Uruguay es el de violería de la UTU, que tiene una duración de dos años y está enfocado en la construcción de guitarras.

Para producir otros instrumentos la formación es autodidacta, además de aprender de alguien que ya se dedique a la tarea o estudiar en el exterior, lo que dificulta la difusión de este oficio, que ha recaído en los pocos trabajadores especializados que hoy lo realizan.

Luis Miranda - Herencia de familia

Luis Miranda Luthier

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El padre de Luis Miranda se dedicaba a la fabricación de guitarras. De él aprendió el oficio, que comenzó a practicar en 1987, y en el que decidió embarcarse luego de mucho tiempo interactuando con los músicos que venían a buscar las creaciones de su padre y hablando con ellos sobre los instrumentos.

Desde 2003 cuenta con su propio local en el Centro de Montevideo, un lugar en el que las guitarras ocupan todas las paredes esperando ser arregladas o retiradas por sus dueños. Al fondo una escalera desciende entre maderas y un viejo cuadro de los Beatles y desemboca en el taller donde Miranda y un colaborador producen las guitarras, que llevan entre tres y cuatro meses de fabricación, y que solo se producen por encargo.

"Tenemos la competencia desleal de las guitarras extranjeras", se lamenta Miranda. "No se puede hacer una guitarra barata en Uruguay, no se puede producir en masa", aunque aclara que hay una iniciativa liderada por Eduardo Larbanois para disminuir los costos de las maderas y ayudar a los luthiers locales.
Entre las maderas más utilizadas en su taller se cuentan el ciprés, la caoba y el jacarandá, que también se utiliza para el diapasón, así como el ébano.

Para Miranda, una buena guitarra tiene que tener "buen sustain (es decir, permitir que el sonido permanezca durante mucho tiempo hasta detenerse), volumen y ser pareja en los graves y agudos".

Guitarras Miranda

Ubicada en: Julio Herrera y Obes 1294
Instrumentos: Guitarras (clásicas, electroacústicas y guitarrones)
Precios: Una guitarra lleva entre 3 y 4 meses de fabricación, y los precios van de los US$ 1200 a los US$ 2500.

Guillermo Rodríguez - El potencial del instrumento

Guillermo Rodríguez Luthier

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Cuando era niño, Rodríguez quería ser carpintero. Terminó como mecánico y como integrante de la Orquesta Juvenil del Sodre. Allí descubrió un interés por arreglar los instrumentos que se rompían con frecuencia; los encargados de la orquesta lo dejaban "meter mano". Conociendo su interés, lo dejaron participar de un curso intensivo proporcionado por un luthier argentino, que le sirvió como base para desarrollar su rol actual como encargado del cuidado y la reparación de todos los violines, violas, violoncellos y contrabajos de la Orquesta y del sistema de orquestas juveniles uruguayo.

Desde enero, cuando comenzó, ya lleva (junto a un compañero de taller, aunque el que más tiempo dedica es él) 70 instrumentos reparados . La mayoría son arreglos concretos, pero también reciben proyectos más importantes.

En su taller dos contrabajos reposan sobre meses largas como si fueran pacientes en un hospital. Uno es checoslovaco, tiene más de 100 años y se está reconstruyendo. El otro es chino, nuevo y se está reforzando para que suene mejor porque tiene problemas de fabricación. Los instrumentos caros y más antiguos son desafíos para Rodríguez, que los elige para "hacerse un nombre". Su proyecto "mascota" es un violín antiguo que será destinado a un integrante de la orquesta.

"Buscamos esos instrumentos que tengan potencial para mejorarlos y darles mejores piezas a los músicos más avanzados, algo que los incentiva y potencia", dice.

Recuperaciones

Rodríguez cuenta que una de las mejores posibilidades que tienen los que trabajan con estos instrumentos es adquirir piezas buenas pero deterioradas, con precios en torno a los US$ 50, para luego recuperarlas y venderlas por unos US$ 1100.


Anaclara Sunhary - El reinado del detalle

Anaclara Sunhary Luthier

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Sunhary es flautista, fue integrante del sistema de orquestas juveniles, y siempre se preocupó por el funcionamiento de su instrumento. A los 20 años viajó a Venezuela para participar en un concierto y le consultó a Ariel Britos, director de la Orquesta y director de las orquestas juveniles, si podía asistir como invitada a los talleres que se brindan en el país caribeño en el marco del sistema de orquestas de ese país. "Llegué y me enamoré", recuerda.

La primera experiencia fue de un mes, donde recibió la instrucción básica. Los primeros pasos involucran la elaboración de las herramientas especiales que requiere el oficio, actividad que ejerce como prueba de paciencia y precisión.

Luego de ese primer período, a través del sistema continuó viajando hasta que completó el primer año de formación y decidió dejar la flauta. Ahora trabaja reparando los instrumentos de viento de la orquesta, tanto los de madera (flautas, oboes y clarinetes) como los de metal.

La atención al detalle es clave, porque cualquier imperfección o alteración es notoria, si bien la mayoría de los instrumentos que repara son para niños que no se dan cuenta de esas cuestiones.

"Ser luthier ayuda al momento de tocar, y como técnico también te ayuda tocar. Parte del estudio del luthier pasa por saber hacer sonar los instrumentos con los que trabaja, porque ayuda a darse cuenta de cuando algo no funciona". Tiene el plan de instalar una escuela para transmitir su oficio, aunque el costo de materiales y herramientas es su gran limitante.

Los únicos

Anaclara Sunhary explica que en Uruguay solo hay dos personas dedicadas totalmente a la luthería de vientos: ella y Nelson de Oliveira, quien trabaja para particulares, y al que ella refiere clientes cuando el trabajo la sobrepasa.

De todas maneras, hay otros luthiers de vientos en Uruguay. Por un lado se cuentan Benjamin Browne y Sebastián López, quienes trabajan desde hace seis meses y ya han trabajado 30 instrumentos, así como Saúl Descoins, quien desde hace años ejerce también esta profesión.

Fernando "Lobo" Núñez - Tambores de exportación

Lobo Nuñez Luthier

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Las cosas han cambiado. Hace algunas décadas, los fabricantes de tambores trabajaban cuando encontraban los materiales adecuados, cuando tenían ganas o necesitaban dinero, y solo para amigos.
Ahora la demanda de estos instrumentos es mayor, por lo cual elaborarlos y repararlos es un medio viable de vida; es el caso de Fernando "Lobo" Nuñez, quien desde hace 41 años se dedica a esto en su taller, El Power, que inauguró hace tres décadas y que ha ido creciendo a medida que su oficio le fue dejando ahorros para comprar máquinas y expandir su espacio de trabajo.

El tambor estuvo en su vida desde siempre, ya que –explica– por tradición, quienes tocan tienen que saber mantenerlo: ajustarlo y cambiarle la lonja periódicamente. Ahora eso no pasa: "es como que toques la guitarra y no sepas cambiarle las cuerdas", compara Núñez, quien de todas formas destaca que es más volumen de trabajo para él.

La tradición se sumó a su curiosidad por saber cómo se hace el instrumento. Así comenzó y hoy sus obras suenan en diversos puntos del planeta, gracias a un "auge del candombe" que él detecta, por ejemplo en Argentina, pero también, gracias a los uruguayos que allí viven, en otros lugares, como Estados Unidos, Suecia y España.

"Como producto cultural y como producto en sí el tambor tiene una importancia porque cuando es uruguayo es bueno. La guitarra si es española tiene más valor que si es uruguaya, el teclado tiene que ser Casio o Roland. La gente se jacta de tener un Power original", explica Núñez.

Receta para un tambor

Lobo Nuñez Luthier

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Núñez utiliza como madera predilecta el pino brasil, que es fuerte y liviano, elementos claves si se considera que el tambor se toca caminando. Para curvarla utiliza agua. La lonja es de cuero de vaca. El tiempo de producción es variable y los precios rondan los US$ 250.

Cuidados

Sunhary explica que parte de su trabajo es crear conciencia sobre el cuidado de los instrumentos. Recomienda no forzar las piezas de las piezas de vientos cuando se trancan, y evitar meterlas bajo el agua.

Zapato

Cuando Miranda decidió iniciarse como luthier se lo contó al mítico guitarrista Abel Carlevaro, quien le explicó que el instrumento es como un zapato, que debe adaptarse en tamaño a cada mano.

Cuidados de la guitarra

Luis Miranda (y sus colegas concuerdan) considera que un instrumento bien cuidado puede durar toda la vida. En el caso de su área de conocimiento, las guitarras, el primer consejo es: "Una guitarra tiene que estar colgada", y dice que almacenarlas en armarios o estuches es lo peor que se puede hacer. Al momento de apoyarla sobre una superficie, las cuerdas tienen que ir hacia abajo. Por último, recomienda hacer un mantenimiento periódico de las clavijas y, por supuesto, evitar golpes.


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